«Elektra Asesina» de Frank Miller y Bill Sienkiewicz

Por Marcos Gendre 0

Elektra Asesina de Frank Miller y Bill Sienkiewicz

Ahora que la serie de “Daredevil: born again” ya se puede ver en las plataformas, no está de más seguir ahondando en el universo que Frank Miller construyó en los años ochenta en torno al demonio de la cocina del infierno. Así, mientras títulos canónicos como el que da título a la serie de televisión cambiaron para siempre las reglas del juego en torno a la posibilidad de un tipo de cómic más adulto dentro del terreno superheroico, “Elektra asesina” ya fue un salto mortal. Y lo fue por la memorable inmersión que Bill Sienkiewicz hizo hasta los límites del dibujo experimental. En su caso, una memorable conjunción de estilos amalgamados entre el uso del tono pastel, el cubismo y una abstracción pictórica de corte onírico de gran influencia en estas cuatro últimas décadas, con ejemplos actuales como “Somna”, cuyo dibujo bebe directamente de la estética tan particular desarrollada por Sienkiewicz en esta serie rompedora, se mire por donde se mire.

Al hablar en estos términos dentro de una liturgia de cómic tan, habitualmente, directa en su narrativa, sorprende como la densidad plasmada por Miller no fue un problema para poder asentar un renovado canon de interacción con el lector de cómics en Marvel o DC. En este caso, ya desarrollada previamente en otro título imprescindible de su trayectoria como “Ronin” y rubricada como patente de estilo en “El regreso del caballero oscuro”, seguramente, el título más importante que nos ha dado DC cómics en toda su historia.

Más allá de estos títulos emblemáticos, “Elektra asesina” atrae por el magnetismo que irradia su personaje central, que ya surgiera en las páginas de “Daredevil” a principios de los ochenta de la mano del propio Miller. Sin embargo, es aquí cuando la dimensión de Elektra se convierte en mito. Todo un caudal de sensaciones diseñado a través de un vendaval gráfico de escenas articuladas a través del espejo de los sueños. Cada viñeta brota en una suerte de neo-noir que reivindica la destrucción de los arquetipos genéricos para construir algo nuevo, refrescante. Algo que, en este caso, justifica todas las diferentes ediciones que haya podido tener un título de tal envergadura. Una flor extraña dentro del mundo del cómic que, en su momento, rompió moldes y que tanto tiempo después sigue sin ser superada en atracción y originalidad.

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