El Real Jardín Botánico de Alfonso XIII abrió sus puertas para una noche histórica con el cartel de “Entradas Agotadas” colgado desde hacía meses. Y no era para menos ya que la noche del martes 28 se presentaba en Madrid Rubén Blades en la que es de momento, su gira de despedida de los escenarios. El ambiente en Madrid era denso y místico; una luna teñida de un rojo profundo debido al humo acumulado de los recientes incendios forestales y la calima enmarcaba el escenario. La pista era un hervidero humano con una inmensa presencia de público latinoamericano, listo para reencontrarse con el “Poeta de la Salsa”.
La noche arrancó con fuerza instrumental. Rubén Blades cedió los primeros minutos a la Roberto Delgado Big Band, cuya sección de vientos ejecutó Mambo Gil con una precisión matemática y un sonido robusto. Esta apertura demostró de inmediato por qué la orquesta panameña es el motor perfecto para los arreglos contemporáneos de Blades. Ya para el segundo tema y con una introducción a ritmo de musica disco salió al escenario nuestro hombre de negro produciendo una locura colectiva con Plástico, himno extraído del legendario disco Siembra de 1978 (junto a Willie Colón). Es una durísima crítica social contra el materialismo, la superficialidad y la falta de identidad en América Latina. La Big Band transitó con maestría desde el inicio de música disco hacia la salsa pesada. El momento cumbre llegó cuando Rubén hizo el repaso por los países latinoamericanos: el recinto rugió al unísono con banderas ondeando y gritos de orgullo de las diásporas de Venezuela, Colombia, Perú y toda la región.
Con una base rítmica impecable sostenida por la percusión de la banda de Roberto Delgado, Blades desplegó su ironía urbana con Decisiones, una de sus crónicas urbanas más famosas y ácidas, donde retrata con ironía situaciones cotidianas del barrio como un embarazo no deseado, la ebriedad al volante o la infidelidad, que en su momento llegó a ser censurada en varios países por su crudeza.
Bajando las revoluciones a un plano más íntimo, Rubén interpretó esta feroz metáfora sobre la política del subdesarrollo. La instrumentación se volvió más acústica, permitiendo que la crudeza de la letra resonara con fuerza en el Botánico. País Portátil es una feroz metáfora sobre la corrupción institucionalizada, los gobiernos populistas y la pérdida de memoria histórica en los pueblos latinoamericanos. Y en un momento de alta sensibilidad humana. Blades dedicó su tema Emigrantes a todas las personas que han tenido (como él mismo) que salir de su país por necesidad, un mensaje que caló profundamente en un público compuesto en gran parte por personas que dejaron su tierra natal para construir un futuro en España. A las mismas les dedicó también Prohibido Olvidar, que es una dura crítica social y una advertencia contra la desmemoria histórica y las dictaduras que ensangrentaron el continente americano y que hoy parecen estar volviendo.
Llegó el tiempo de rescatar un tema de su disco de salsa conceptual Agua de Luna, un álbum de salsa literaria que se inspiró en los cuentos de su amigo Gabriel García Marquez y que es de los menos conocidos del músico panameño. Ojos de Perro Azul envolvió el jardín en una atmósfera onírica y sofisticada, demostrando la versatilidad de la Big Band para texturas más complejas y misteriosas. Blades, siempre de buen humor, destacó que del álbum de 1987 “sólo compramos el disco Gabo y yo”.
El misticismo del sincretismo venezolano se apoderó del escenario con María Lionza. Rubén aprovechó el misticismo de esta canción y la complicidad de la audiencia para enviar una emotiva dedicatoria a los afectados por el reciente terremoto en Venezuela, provocando un aplauso solidario masivo. Acto seguido, extendió sus palabras de apoyo a los damnificados por los devastadores incendios forestales en España.
La nostalgia por la patria se hizo canción. Con un swing impecable que transformó el vals peruano original en una salsa cadenciosa, la orquesta hizo bailar y llorar a los miles de inmigrantes presentes con su versión de Todos Vuelven acompañada de la proyección de grandes músicos de la salsa que ya no están entre nosotros pero que con su musica no solo vuelven sino que nunca se irán. Empalmó este tema con Fotografías del año 2002 que es una hermosa reflexión sobre el paso del tiempo y los recuerdos fijos. La madurez vocal de Rubén se complementó a la perfección con los sutiles arreglos de viento de Roberto Delgado.
Para la recta final Rubén Blades y la Roberto Delgado Big Band se propusieron que nadie se mantuviera quieto y encadenaron La Belleza del son, Arayué y Paula C, uno de los temas más románticos de Blades. Y después de un breve respiro, necesario tanto para la banda como para el público sonaron los primeros acordes de un clásico de la salsa brava y en el que están inscritos los nombres de sus tres máximos representantes; composición de Rubén Blades, producción de Willie Colón y cantada originalmente por Héctor Lavoe. El Cantante fue sin duda la canción más celebrada, coreada y bailada por el publico de Las Noches del Botánico. Y acto seguido y sin dar respiro comenzó a sonar Pedro Navaja, obra cumbre de la salsa narrativa mundial. Inspirada en la ópera The Threepenny Opera de Bertolt Brecht (y su personaje Mackie Messer), es una película de tres actos concentrada en una canción de más de siete minutos sobre la vida y muerte en las calles de Nueva York.
En lugar de un cierre festivo predecible, Blades apostó por un final íntimo, acústico y sobrecogedor. El guitarrista flamenco almeriense Niño Josele subió al escenario para acompañar a Rubén en este tema (original de La Rosa de los Vientos, 1996), fundiendo la poesía de la salsa con el sentimiento y los bordones del flamenco, rememorando su histórica conexión artística nacida en el documental Bajañí de Fernando Trueba.
Galería del concierto de Rubén Blades en Madrid






