Ty Segall deslumbra Barcelona

Por María José Bernáldez 0

No estábamos acreditadas anoche para el concierto que Ty Segall daba en la sala Paral·lel 62 en Barcelona, su primer concierto en sala en España en 12 (¡doce!) años. Pero las circunstancias nos han obligado a dejar por escrito lo que pasó.

Las circunstancias: el batería de la banda de postpunk de Nottingham No Peeling, teloneros de su gira por Europa, nos preguntó: ¿no vais a hablar de este bolo?

Nos contó que era, con diferencia, el mejor que Ty Segall y su banda habían dado en todo el tour. Quise explicarle que la sala en la que estábamos no falla nunca en público, sonido y todo lo que hace que un concierto sea especial. Que quizá la especial complicidad que notaba esa noche (ojalá alguien nos mire alguna vez como se miran Mikal Cronin y Ty Segall, la verdad) se debiera a que era el cumpleaños de Emmet Kelly, el otro guitarrista. Pero se perdía toda la conversación en el potente muro de sonido que nos cogió por sorpresa a todos (bueno, en realidad, sabíamos a lo que íbamos, pero los chicos decidieron poner el volumen al 11). 

No estábamos especialmente cerca del escenario, cambiamos cercanía por libertad para bailar y hacer pogos más de vis a vis y aun así, el acúfeno sigue con nosotros más de doce horas después. Hacía tiempo que no salíamos despeinadas del empuje de los riffs, imitando a un Mikal Cronin que probablemente durmió abrazado a su bafle y que lució pelo y bajo como sólo él sabe hacerlo. A la derecha del todo, el protagonista, con zapatos blancos de punta imitaba los pasos de Michael Jackson deslizándose por el suelo del escenario de manera hipnótica, moonwalk-pedalera-saltito-moonwalk-pedalera.

El fuzz y la psicodelia eran esto. 

El fuzz y la psicodelia también son (un saludo!) presentarte con el yeso en la pierna y las muletas a bailar como buenamente puedas un concierto así. Admirable. 

No hubo tregua, descanso ni cambios en los instrumentos. Como un reloj, autoafinándose sobre la marcha, recibiendo la violencia contenida del público con media sonrisa. Crowdsurfing, pogos, incluso una semiprocesión cuando cerraron con My Lady’s on Fire, porque claro, “la balada” bien merecía un cambio de ritmo también por parte del público. 

Con las cientos de canciones que Ty Segall tiene a su nombre, el setlist de las 20 seleccionadas se hace siempre corto e insuficiente. No es culpa tuya, Ty, el tiempo es el que es, pero siempre vamos a querer más de lo que nos das. 

Su excusa para venir ha sido presentar el disco que editó hace un par de semanas, un fabuloso Chrome que se escucha de un golpe y que guarda, entre sus 9 canciones, uno de los hits de 2026, Black Paint, que fue coreada como si hubiera estado en nuestras playlists al menos una década. 

Regaladísimos sobre el escenario, salpicaron canciones de Manipulator, de su disco homónimo, de Melted… teniendo tantos (pero tantos) donde elegir, meten también una versión de The Doors al empezar el bis…porque pueden. 

Podría pensarse que en big 2026 los solos de guitarra no pintan nada pero no le ponemos ningún pero al movimiento, queremos que vuelva las guitarras, queremos señores que se dediquen a inventarse canciones nuevas sin parar sin generar ningún tipo de polémica que nos haga tener que mirar dos veces lo que escuchamos. 

 

Queremos, sobre todo, que no tenga que volver a pasar tanto tiempo para volver a ver un concierto de Ty Segall en sala. Que vuelva por aquí tantas veces como quiera, que monte el setlist que le venga en gana, que haga tanto ruido como necesite, que nos arregle un lunes (o un martes si tienes la suerte de poder verle hoy en la Sala Wagon de Madrid o ya la suertísima de verle el miércoles en el LAV de Lisboa) y nos deje la cabeza dando vueltas entre riffs y movimientos imposibles.