Crónica del concierto de Israel Fernández en Noches del Botánico

Por El Último de la Fila 0

Con una programación que intenta contentar al mayor número de personas, ofreciendo propuestas de lo más heterogéneas, Noches del Botánico consiguió colgar este pasado miércoles 19 de junio el cartel de no hay entradas gracias a la presencia de Israel Fernández.

Asentado ya como uno de los innovadores del género, digan si no quién se atreve a trabajar junto a El Guincho, Pional o Ralphie Choo entre otros, el cantaor toledano hizo las delicias del variado público que llenó todos los asientos dispuestos a pesar de las inclemencias meteorológicas adversas: un viento frío algo desagradable y una fina lluvia que molestó entre el concierto de Ángeles Toledano, encargada de abrir la velada, y el del propio Israel.

La artista jienense tuvo la doble dificultad de llamar la atención de los presentes mientras se acomodaban y contar con la meteorología en contra. Un doble esfuerzo que dio como resultado una actuación más que notable, con ese aire inconformista que los jóvenes poseen. No dudó la cantaora de ofrecer un lado más clásico junto al guitarrista Benito Bernal combinado con otro experimental con Harto Rodríguez en el sinte. Muestra de su talento es “Araora”, composición que formará parte del que será su primer largo. Tendremos que seguirla de cerca.

Arrancó Fernández con la intención de “dejarse el corazón”, como asentó, arropado sobre el escenario con el jerezano Ané Carrasco al cajón y con una caja de ritmos que nos podría hacer pensar que tiraría por un repertorio rupturista. Pronto el soberbio Diego del Morao, fiel escudero del cantaor y sus dos palmeras salieron a las tablas. Durante hora y media el artista pisó distintos palos flamencos, destacando soleás, tientos y seguiriyas. Un espectáculo sobrio, clásico en la ejecución, con la voz rota de un Fernández, lejos de la sobresaliente puesta en escena que pudimos disfrutar el pasado verano en su cita del Teatro Real.

Durante algunos pasajes el concierto fue hipnótico y demostró la influencia que tiene Israel Fernández tanto en el público clásico como en las nuevas generaciones. Silencio sepulcral con la luna llena observando la maestría en la ejecución del cante y sobre todo con un Diego del Morao en estado de gracia. “Caminos y Vereas”, “A la orilla de un río”, “Platero” o “La bella murciana” fueron algunas de las piezas desarrolladas durante una noche donde el cantaor tuvo a bien ponerse a tocar el piano y cantar por granaínas, pidiendo antes disculpas por no ser un experto en su técnica y haber aprendido de manera autodidacta.

Un noche serena, como dijo que se quedó, dedicada sus padres, allí presentes, que cerró por bulerías y un baile que les sirvió para irse a la formación bajo la multitud de aplausos.

Galería del concierto de Israel Fernández en Noches del Botánico