«La pandilla» de Jean Roba
Por 18 julio, 2024 23:100

Más conocido por ser el autor de “Bill y Bolita”, Jean Roba también fue el autor de “La pandilla”, una colección de historias recogidas en la inmortal revista de Spirou, la cual durante los años sesenta vivió sus años de mayor esplendor creativo.
Precisamente, las aventuras de Phil, Archibald Dizzy y compañía tuvieron mucho que ver en el nivel superlativo de una publicación comandada por el gran Franquin, firmante de los momentos más excelsos de “Spirou y Fantasio”, además de ser el creador de “Gastón Elgafe”.
Precisamente, el dibujo de Jean Roba pertenece a la escuela franco-belga liderada por Franquin, repleta de trazos ágiles, de enorme influencia en Ibáñez, nuestro más conocido autor de cómics, gracias a “Mortadelo y Filemón”.
La capacidad por el detallismo crónico y su habilidad para plasmar el slapstick en las viñetas hace de este cómic una delicia, del cual ya podemos disfrutar de este primer tomo, que engloba la producción de la serie entre 1962 y 1964.
Encuadrado en Escocia, las particularidades de las expresiones british son respetadas, con gran acierto, dentro de una traducción que respeta al máximo la idiosincrasia de un lenguaje muy característico según el personaje que nos toque: ya sea el repipi Archibald, el más callejero Dizzy o el tono asiático de los gemelos Atchí y Atchá.
El resultado de contrastes tan pronunciados entre los miembros de la pandilla subraya el gen humorístico que reluce en todo momento dentro de un crisol despampanante de personajes secundarios adultos. Entre todos ellos, no hay más que acercarse al mayordomo de Archibald; sin duda, uno de los secundarios más entrañables que nos ha proporcionado la edad dorada de la BD.
Como resultado final de estas características, “La pandilla” emerge con rebuscada empatía infantil y siempre entretenida dentro de un uso mayestático de la aventura de barrio y que también nos retrotrae a series de televisión inmortales del mismo nombre, en los años treinta, emitida en “La Bola de Cristal”, con niños prodigio de la comedia como Carl Switzer y George MacFarland.
Con todo esto, sobra decir que estamos ante una oportunidad única de seguir sumando joyas de la generación franco-belga de los años sesenta, al lado de otras maravillas como “Gil Pupila” y “Tif y Tondu”, también reeditados recientemente por Dolmen editorial, cuya labor en este sentido está siendo encomiable.
