«Sonic Life» de Thurston Moore
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Pues parece ser que Contra editorial no pone el freno a la hora de publicar algunos de los libros más imprescindibles que van a copar las listas de los mejores ensayos musicales del año. Si con “Este grupo se llama R.E.M.” nos entregaron el documento más imprescindible escrito jamás sobre los de Athens y poco después se marcaron la publicación de la Biblia de 4AD con “A Contracorriente”, ahora le toca el turno a “Sonic Life”, o lo que es lo mismo, las memorias de Thurston Moore acerca de Sonic Youth, junto a Hüsker Dü, el icono más relevante del punk neopsicodélico del underground norteamericano facturado en los años ochenta.
Palabras mayores de una historia imperecedera que ahora cobra forma por medio de un profundo examen de conciencia que no sólo abarca su vida personal, sino que emerge como historia viva de la edad dorada del rock underground norteamericano. Epopeya ya fabulosamente documentada en “Nuestro grupo podría ser tu vida”, libro faro indispensable para todo el que quiera entender la relevancia de tan influyente zeitgeist cultural de una generación que cambió las reglas del punk para siempre, llevándolo a un nuevo estadio etimológico.
Moore tuvo mucho que ver en este hecho, tal como queda plasmado en este libro indispensable. El mismo con el que poder completar el mural de una escena musical de la que aquí se recoge un ramillete memorable de historias y reflexiones que abren el tarro de la curiosidad hasta niveles insospechados y que, de paso, reflejan el estigma que tuvo que pasar Sonic Youth cuando pasaron de abanderar una revolución contra la misma forma de percibir el rock a convertirse en uno de los grupos que redefinieron la cultura underground para las masas.
Dicho dilema moral aflora a lo largo de una lectura con la que resulta muy fácil empatizar gracias a la tremenda honestidad que sobresale, en todo momento, por parte de un Moore que, a pesar de sus tropiezos personales y musicales, siempre ha sido insobornable a una idea: no perder jamás la curiosidad por la experimentación, el autodescubrimiento y, en último término, lo que significa ser un outsider, eso sí, perfectamente, consciente de haber cambiado la historia del rock en la segunda mitad de los años ochenta.
