Muyaio combina música, inteligencia artificial y ahora también comedia. En su nuevo EP, Scroll Infinito, tira de pop alternativo e ironía para hablar, sin dramas, de cómo nos llevamos con la tecnología y los algoritmos.
Acabas de sacar Scroll Infinito. ¿Cómo lo describirías? ¿Qué crees que lo hace diferente?
Dos años de trabajo, de reconstrucción personal y de darle muchas vueltas a las letras. Es una pequeña ventana a lo cotidiano que nos pasa a todos, sobre todo con un móvil en la mano. ¿Qué lo hace diferente de mi música anterior? Que tiene un marcado carácter cómico. Antes hacía canciones más irónicas, otras más reflexivas y otras más bailables, y aquí decidí centrarme en una de esas facetas y llevarla hasta el final. Tan al final, que no solo son canciones, sino también parte de un monólogo de stand-up. ¿Y qué lo hace diferente del resto? Creo que es esa unión entre lo alternativo y lo cómico. No soy el único que lo hace, pero es una línea muy fina y difícil de transitar.
Al final, ¿qué dirías que aporta este proyecto: es más para entretener, para hacer pensar… o ese punto de ansiedad digital que compartimos todos?
Todo el mundo sabe —y ha sentido en sus carnes— lo que es el ghosting, el FOMO o el stalking. Es como un cuadro costumbrista: entretiene, pero también busca la reflexión desde la risa y no desde el sermón. Aquí las conclusiones las saca el oyente; yo solo me retrato a mí mismo.
En el EP hablas bastante de cómo nos relacionamos con la tecnología. ¿En qué momento dejamos de usar el móvil y empezó él a llevarnos a nosotros?
Como digo en el monólogo, si por mí fuera cogería un DeLorean, un condensador de fluzo y me plantaría en 1997 para evitar el acontecimiento que lo cambió todo: Clippy. No, en serio, creo que el momento determinante fue el iPhone 3G, cuando empezamos a tener datos en el móvil, a comunicarnos por WhatsApp en lugar de llamarnos y a hacer fotos con filtros raros.
Si un algoritmo de recomendación te analizara como artista, ¿crees que te incluiría en su lista o te mandaría a “algo similar, pero mejor”?
Depende de cómo esté hecho ese algoritmo: si se basa solo en la gente que me ha escuchado, como la mayoría, o si realmente analiza el contenido de la música. En el primer caso, solo me incluiría en sus listas si tuviera suficientes oyentes; si no, pasaría de mí, hiciera la música que hiciera. En el segundo, seguramente me colocaría en la lista ideal de ciertos oyentes que existen, pero vivimos en un entorno tan saturado de música nueva y de “slop” musical, que al final soy un grano de arena más.
Siendo doctor en IA, ¿te da cosa que algún día plataformas como Spotify se saquen de la manga un “Muyaio 2.0” que publique más que tú?
aja, pues ya están en ello. Spotify está apostando fuerte por desarrollar su propio sistema de música generativa y ha contratado a muchísimos científicos para eso, así que en breve habrá un Muyaio 2.0. Ahora mismo, lo que estoy pensando es sacar un Supertrópica 2.0 antes de que Spotify lo haga por mí: coger los temas de Supertrópica —mi antigua banda— y pasarlos por IA, a ver qué pasa.
Ahora también te has lanzado a la comedia en directo. ¿Qué impone más: el silencio en un concierto o un chiste que no termina de cuajar?
Un chiste, sin duda. En la comedia estás mucho más desnudo: tú solo con el micrófono y, además, con la obligación de hacer reír constantemente. La comedia es mucho más exigente que la música y tengo muchas menos tablas ahí, así que me impone bastante más. Aun así, me he lanzado a la piscina para hacer un show completo de stand-up con canciones, que se llama igual que el EP: Scroll Infinito.
Sacar música desde Canarias siempre tiene su historia. ¿Cómo ves la escena ahora mismo en Tenerife? ¿Hay sitio para algo como lo tuyo?
En Canarias hay músicos buenísimos y mucha música que lo está petando a nivel mundial dentro del género urbano. Pero, a nivel de infraestructura cultural, seguimos en un punto muy básico: no hay circuito para bandas locales si no haces folclore, no hay apoyo real a la música propia y los ayuntamientos se gastan millones en megaestrellas y grupos de versiones, mientras que a los grupos de las islas con temas propios apenas les llegan las migajas. Creo que para lo que yo hago sí hay sitio, pero es difícil ser profeta en tu tierra, y más viviendo fuera. Muchas veces la validación tiene que venir de fuera para que luego te valoren aquí. Si Quevedo hubiera sacado Baifo al principio de su carrera, probablemente ese disco no habría triunfado en Canarias; ahora, con el respaldo de ser una estrella internacional, todo el mundo le compra el discurso.
Y por acabar: si pudieras hackear el algoritmo global durante un día, ¿harías que todo el mundo escuchara tu EP o que apagaran el móvil y salieran a dar una vuelta?
Que apagaran el móvil. Si hiciera que todo el mundo escuchara mi EP, me llovería hate. Mi música es de nicho, no de masas, y un buen algoritmo debería mostrar tu música a quien realmente le vaya a gustar, no lanzarla a diestro y siniestro. Así que mejor apagar todos los móviles y, como digo en mi canción “Amigo de Tom”, parte del show Scroll Infinito: “quiero volver y oír a Kurt Cobain y pasear ya libre de algoritmos, tocarte el timbre y besarnos en el portal”.
Foto de portada por Laura Pons.

