Noches del Botánico, este heterogéneo ciclo que un día nos hipnotiza con OMD, al día siguiente con ZZ Top o Rick Astley, nos regaló uno de esos conciertos que quedan para el recuerdo.
Llegaban Biffy Clyro, tras sus paradas en el FIB y en Barcelona en los días anteriores, inmersos en una gira veraniega en la que, tras la correspondiente gira por salas de invierno donde presentaron Futique, están haciendo vibrar a sus seguidores con una versión rejuvenecida, exprimiendo algunos de sus clásicos más celebrando y dando algo de lado a sus nuevos temas. En esta dicotomía salimos ganando. Para casa nos llevamos un show de hora y media donde los escoceses se lo dejaron todo, aprovechándose del casi siempre tan fiable sonido del recinto estival.
Por Simon Neil parece que no pasan los años. Con su inconfundible outfit sin camiseta y en calzonas, supo llevar el peso del espectáculo ahora que el bajista James Johnston se ha echado a un lado durante las giras para tratarse problemas de salud mental. Su hueco lo cubrió estupendamente, como viene haciendo desde hace meses, Naomi Macleod, escoltada por el guitarrista Mike Vennart y el teclista Richard “Gambler” Ingram, amén de dos violinistas que insuflaron más épicas a ese rock de puño en alto que la banda lleva destilando desde hace más de dos décadas.
La celebrada “The Captain” sirvió como cañonazo para arrancar el bolo. Neil sobre la parte trasera del escenario, en alto, hizo que todo el recinto (apenas quedaron unos asientos por ocupar) corease el estribillo de uno de los temas capitales de Only Revolutions, su aplaudido álbum de 2009, del que también se sacaron a continuación la contundente “That Golden Rule” seguida de “Who’s Got a Match?”. Con tres canciones el público ya estaba metidísimo. Parecía que la banda querían ganar por KO cuando casi sin tiempo para reponernos Simon comenzó a introducirnos en la mágica “Biblical”. Una mezcla casi perfecta entre la furia y la épica en la que tan bien se mueven Biffy Clyro, y que les he hecho ganarse una buena legión de seguidores.
A estas tempranas alturas del concierto ya sabíamos que con mal sabor de boca no nos íbamos a ir, eso a pesar de entrar en el terreno de sus temas más actuales donde por momentos las guitarras pierden fuerzan y las ganan los teclados. Aún así no voy a negar que “A Little Love” o “Instant History” funcionaron a la perfección, no tanto la melancólica “Goodbye”. “Living Is a Problem Because Everything Dies” fue un viaje al pasado bien guapo, mostrando que cuando quieren pueden dar cera de la buena. En este impás entre los nuevo y lo viejo “Cop Syrup” se abrió camino con su espectacular desarrollo donde las citadas violinistas tuvieron uno de sus grandes momentos. Qué pedazo de composición.
Mientras más sudor se le acumulaba al bueno de Simon, más íbamos teniendo nosotros. Una noche cálida, con casi ningún parón, donde el cantante se dirigió en pocos momentos para agradecer el cariño y felicitar a España por el Mundial conseguido hace pocos días. Un show coreografiado al milímetro, con momentos para dar mayor presencia al resto de integrantes de la banda, con Neil en la parte superior trasera, y otros donde el fibrado cantante fue el foco principal de todas las miradas.
Con “A Hunger in Your Haunt”, única parada en The Myth of the Happily Ever After, nos hicieron vibrar con ese toque de rock progresivo que a veces sacan de sus entrañas. Una deliciosa manera de encauzar la que sería la traca final. Qué buenos son los momentos duros de “Black Chandelier” y qué fácil es gritar con “Mountains”.
Como suele pasar en muchos bises un inicio calmado, “Machines”, dio paso a la grandiosa “Wolves of Winter”; su gran hit “Bubbles”, mientras algunos asistentes llenaban de burbujas el cielo del recinto con sus pistolas; y el broche emotivo de “Many of Horror”. Una montaña rusa de emociones que quedará impresa en la memoria. Un concierto de sobresaliente de, como Simon remarcó al final, Biffy Fucking Clyro.
Galería del concierto de Biffy Clyro en Madrid






