banner WIR

Low Cost 2012 en la encrucijada

Por Julián Echazarreta 0

SECOND por Julián Echazarreta

El Low Cost de Benidorm se va consolidando año a año como una de las propuestas más interesantes del panorama nacional. Se celebra en una de las ciudades más turísticas de nuestra península en plena temporada alta, pero el objetivo de los organizadores es atraer a la ciudad a un público más joven que el turista prototípico que se acerca a esta capital del turismo levantina.

En cuanto a la organización hay unas cuantas cosas que se deben mencionar: el primer día se organizó un caos considerable a la entrada del recinto (hubo gente que tuvo que esperar varias horas antes de recoger la pulsera), cosa que originó que el concierto de Suede comenzará con media hora de retraso, hecho poco habitual en un festival. La organización proponía un “kit” indispensable (que había que comprar) compuesto de vaso de plástico reutilizable, un plástico o cinta para atarlo a la ropa y una curiosa moneda llamada “token” que es la que se utilizaba para pagar las bebidas. En cuanto a tema barras no podemos obviar que eran a todas luces insuficientes para los momentos de más afluencia de público: sólo había una en cada uno de los escenarios y en hora punta la espera podía convertirse en interminable. Como novedad este año se sustituyó el tercer escenario que había el año pasado por un recinto más pequeño en el cual se hacían conciertos acústicos (Escenario Sol Música) o bien se hacía una extraña sesión de karaoke a la que tuvimos que recurrir el sábado noche como luego comentaremos.

Viernes

The Right Ons actuaron justo después de Varry Brava en el escenario Lower, con muy poco público a una hora en que la gente estaba todavía llegando y en el mejor de los casos preguntando el mecanismo de vasito, tokens y demás. Con todo, dieron una buena sensación al público allí reunido con guitarras bastante potentes y una decidida apuesta por el rock.

Iván Ferreiro por Julián Echazarreta

Iván Ferreiroactuó a continuación en el escenario Budweiser con una cantidad de público que permitía a uno moverse libremente para buscar la mejor ubicación. El ex Piratas combinó éxitos propios con los de su ex banda como “Promesas” o “Años 80”, dos de los momentos álgidos del concierto que los más fans agradecieron. Era el momento de reponer fuerzas y descubrir la zona VIP que quedaba justo detrás de este escenario, y la primera sorpresa desagradable de la noche es que no se podía sacar la bebida de la zona VIP (una especie de chill out alejado de los estadios) para tomarla en las gradas VIP de este escenario. Es decir o bebías o veías el concierto pero las dos cosas juntas no, lo cual no tiene mucho sentido en un festival así…

Con retraso de más de media hora, pasada la media noche empezó uno de los platos fuertes del festival: Suede, en lo que representaba su único concierto en España este año (el pasado dieron varios). Empezaron sonando un poco confusos pero tras escuchar temazos como “Trash” o “Animal Nitrate” se fueron asentando y provocando que se nos pasara el enfado inicial. Brett Anderson parece haber hecho un pacto con el diablo y a sus 44 años sigue cantando y brincando como cuando empezaba allá en los albores de los 90. Con la necesaria distancia uno podría pensar hasta que está igual… claro que habrá que ver hasta qué edad puede seguir cantando el “So Young” sin entrar en el terreno de lo grotesco. El concierto acabó con otro de sus temas clásicos “The Beautiful Ones” y se dejaron para el escueto bis el “Saturday Night”. Tal racanería a la hora de los bises dejó un regusto un tanto amargo en el fan de esta banda que se quedó con ganas de más.

Suede por Julián Echazarreta

El retraso de Suede permitió ver poco del concierto de We Are Standard pero lo suficiente para comprobar que el grupo sonaba bastante bien a pesar del evidente estado etílico del cantante y que habrá que seguirle los pasos en próximos conciertos. Supersubmarina consiguió llenar el escenario Budweiser (el principal), posiblemente porque el problema del colapso de la entrada se había solucionado. No es un grupo con el que conecte demasiado, la verdad, aunque no se puede negar que tiene su público (y mucho a tenor de lo visto allí) y que los músicos cumplen.

Cerró el escenario grande The Sounds, grupo sueco que también reunió una enorme cantidad de gente que pudo disfrutar con la energía y la sobreactuación de la cantante Maja Ivarsson que en cierto momento del concierto se mostró hasta demasiado efusiva con el público. El “Living in America” sonó con fuerza a unas horas que el común de los allí presentes aceptaba con gran predisposición la propuesta rockera de la banda sueca.

Sábado

El sábado se presentaba como el día grande y sin lugar a dudas fue el más concurrido de los tres. Por suerte no se repitió el colapso en la entrada del día anterior. A primera hora ya nos encontramos con un conciertazo. Second convencieron a un público considerable a pesar de la hora. El sonido era excelente y temas como “Rincón Exquisito” o “El eterno aspirante” fueron coreados por el público. Sean Frutos exhibe un dominio del escenario a la altura de muy pocos cantantes nacionales. Para mí uno de los grandes momentos del festival fue ver al vocalista subido a una de las torres de iluminación cantando el “Rodamos” acompañado por el público.

Justo a continuación la gran revelación del festival, el grupo inglés Fanfarlo, banda con claras influencias de Arcade Fire, Belle & Sebastian o Surfjan Stevens. Sonaron exquisitos demostrando una gran habilidad para tocar los más variados instrumentos (algunos tan agradecidos como trompetas, saxo o violines). Aunque sus temas no eran demasiado conocidos por el público a excepción quizás de “The Walls are coming down” la impresión que dejaron fue excelente. El típico grupo por el cual te empiezas a interesar después de verlos en directo.

Placebo por Julián Echazarreta

Con puntualidad británica, a diferencia de lo ocurrido el día anterior, apareció Placebo en el escenario, plato fuerte del día y del festival a tenor de la cantidad de público que logró reunir sobre el césped, más que ningún otro. Cumplieron su papel de cabeza de cartel con creces y lograron convencer a un público ya entregado de antemano. La calidad del grupo es innegable así como la entrega durante la actuación, en especial de su vocalista Brian Molko quien se dedicó a animar al público con su esforzado castellano, todo un detalle del cantante que ya conocía el festival de anteriores ediciones y que era perfectamente consciente de la procedencia de la enorme mayoría del público. Sonaron varios temas clásicos de la banda como “Every me and every you” o “The Bitter End” y como primicia mundial (según anunciaron) sonó un tema llamado “Be Free” anticipo de lo que será su nuevo álbum. Yo, personalmente, me quedé con las ganas de escuchar el “Ashtray Heart” que no sonó ni siquiera en los numerosos bises con los que obsequiaron al público. Tras el concierto de Placebo se evidenció más que nunca la escasez de barras, incluso la zona VIP estaba colapsada, el rato que estuve esperando me impidió ver lo que quedaba de concierto de El Columpio Asesino, aunque la música que escuché en la distancia me llamó la atención lo suficiente como para desistir de pedir algo y acercarme a ver lo poco que quedaba de actuación de la hipnótica banda.

La Casa Azul se presentaba poco después como uno los alicientes del Low y no decepcionaron. Milkyway hizo su particular show lleno de máscaras, luces y color en un concierto basado en gran parte en su último disco La polinesia meridional con temazos como “Los chicos hoy saltarán a la pista” que provocaron los bailes y brincos de los numerosos asistentes. Me llamó la atención una versión acústica de uno de sus mejores temas “Yo también” que aunque meritoria, no estaba a la altura de la original. El colofón inmejorable vino con su impagable y eurovisiva “La revolución sexual”. Todo el estadio arrancó a saltar coreando el estribillo. El concierto del sr Milkyway fue uno de lo más largos del festival mientras que el de Citizens!(que actuaba en el otro escenario) fue excesivamente corto (apenas me dio tiempo a escuchar su curiosa “True Romance”) con lo que nos encontramos a las dos de la madrugada sin ningún concierto hasta 50 minutos después, fallo de organización poco justificable. Decidí pasarme por el curioso karaoke del tercer escenario y tras tres o cuatro temas sintiendo vergüenza ajena decidí retirarme. Una lástima este fin de fiesta, dado que el día musicalmente había sido muy completo.

Domingo

The New Raemon por Julián Echazarreta

El domingo se empezó a notar la resaca de los días anteriores y que parte del público se debió marchar por motivos laborales y no se llegó a ver la masificación del sábado a excepción del concierto de Kasabian. The New Raemon fue uno de los primeros en romper el hielo, en un concierto todavía a la luz del día en un escenario muy grande con una cantidad de público muy reducida. Sonó muy bien aunque el aspecto un tanto desangelado del estadio le quitó brillantez. Bigottes un personaje inclasificable dentro del panorama musical español e hizo gala de ello poco después en el escenario contiguo con su aspecto de componente de ZZ Top y sus bailes a lo Iggy Pop. Su “Cannibal Dinner” fue uno de los momentos a recordar de todo el Low.

La Habitación Roja tocaban ante uno de los públicos más numerosos con los que nunca se habían enfrentado y salieron airosos del envite. Como dato curioso fueron los únicos de todo el festival que hicieron una velada alusión a la situación económico social que está viviendo el país. El grupo ya empieza a ser un veterano dentro de la escena indie española y han madurado verdaderamente bien: han dejado atrás las canciones un poco sensibleras de sus inicios y han sabido encontrar su lugar en el notable panorama musical español especialmente con sus dos últimos discos, buena parte de cuyos temas no faltaron como “Febrero” o “Ayer”, fin de concierto apoteósico para la banda de L’Eliana.

A Jero Romerole tocó el difícil papel de competir prácticamente en horario con otro de los platos fuertes del festival, Kasabian. Hubo gente que directamente ni se movió del escenario grande. Con todo, fue un excelente concierto tocado en petit comité que a medida que iba avanzando se iba despoblando de público que no se quería perder el inicio de Kasabian, cosa que sí hice yo pues me pareció musicalmente una de las propuestas más atractivas del festival. Un grupo de excelente músicos que además tocaban como muy juntos, como haciendo piña, unidos acaso contra el gigante Goliat que les acechaba en el otro escenario. Quizá exagere pero tuvo algo hasta de mágico.

Kasabian por Julián Echazarreta

Kasabian era uno de los grandes reclamos y no defraudaron al respetable. Cuando entré al estadio con el concierto ya empezado entendí donde estaba toda la gente que faltaba en el concierto de Jero. Todo Benidorm estaba allí vibrando con el potente sonido del grupo británico. Además de su repertorio habitual se marcaron una excelente versión del tema multiversionado de The Korgis “Everybody’s Got to Learn Sometime“. Honestamente me pareció mucho mejor que ninguna de sus composiciones, aunque está fuera de discusión la fuerza de alguna de ellas como “Club Foot” o “LSF” con la que acabaron el concierto antes de los bises. Por cierto Tom Meighan despidió el concierto con una versión a capella del “She loves you” de The Beatles que dejó descolocado a más de uno después de la descarga de adrenalina que había supuesto todo el concierto. Por lo visto es la manera en que la banda británica acaba sus conciertos últimamente.

Jero Romero por Julián Echazarreta

Triángulo de Amor Bizarro es un grupo que no me dice absolutamente nada a pesar de que tome el nombre de unos mis temas preferidos de la música pop. Lo poco que vi de ellos mientras hacía tiempo hasta el siguiente concierto me confirmó mis (pocas) expectativas. Vetusta Morlaaparecía por segundo año consecutivo en el escenario principal (es el único grupo de los importantes que repetían respecto al año pasado) y nuevamente cosechó un éxito considerable. Contra todo pronóstico me gustaron más esta vez: el año pasado me decepcionaron un tanto, probablemente porque estaban en pleno boom y porque todo el mundo parecía arrastrado por la ola morlera de una manera un tanto excesiva. En esta ocasión pude apreciar con más sosiego la calidad de temas como “Maldita dulzura” o “Los días raros” y no se puede negar que la banda madrileña se merece el éxito tan arrollador que ha tenido en los dos últimos años.

Los casi impronunciables Kakkmaddafakka pusieron el colofón al festival de una manera verdaderamente apoteósica. Son un grupo sueco similar a los FM Belfast que también recuerdo que la liaron a altas horas el año pasado en este mismo festival. Actuaban nada menos que a las 3 ’30 de un domingo pero aún así el escenario estaba llenísimo y consiguieron conectar con el público de una forma casi instantánea. Hay grupos que tienen un don especial para dar al público lo que quiere en cada momento y este sin duda es uno de ellos. En principio parece poco serio que unos personajillos que no dudan en exhibir su ropa interior a las primeras del cambio puedan hacer buena música, pero así es y además con una capacidad de mover al respetable como pocos, con temazos como “Touching”. Acierto absoluto de la organización, todo hay que decirlo. La gente se fue con un sabor de boca inmejorable, incluso con ganas de continuar la fiesta con el DJ del escenario Lower.

Como rápida conclusión, a nivel musical lo visto se merecería un notable incluso alto, sobre todo teniendo en cuenta que es uno de los festivales con una entrada más barata de los existentes, si bien la bebida no está tan barata lo cual provoca frecuentes escenas de botellón a sus puertas. Sin embargo la organización ha evidenciado cosas a mejorar en próximas ediciones. Festivales como el Low o el Arenal pueden morir de éxito en el momento que su bajo precio signifique una masificación para la que no están preparados y de la que nos resentimos todos los asistentes. En manos de la organización está que esto no acabe degenerando como otros festivales que están en mente de todos.

banner WIR