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Los Hermanos Cubero: Folk sin prejuicios

Por Jose A. Rueda 0

Debutaron en 2010 con el singular Cordaineros de la Alcarria. Un disco de folk típico y atípico al mismo tiempo, cuya portada guiñaba a las cintas que se vendían en las gasolineras. O mejor sería aludir a los castellanos restaurantes de carretera, esas ventas frecuentadas por los conductores que parten de Madrid con rumbo a Barcelona.

Este camino lo conocen bien Enrique y Roberto, afincados en la ciudad condal, pero oriundos de la Alcarria guadalajareña. Los Hermanos Cubero tocan folk del suyo, del castellano profundo. Las referencias al bluegrass de Bill Monroe son claras, pero por momentos se antojan forzadas y con el fin de justificarse ante el mundo del rock. Prejuicios fuera. Los Hermanos Cubero están mucho más cerca de suceder al gran Agapito Marazuela. Y a los hipsters, que les jodan… O no, porque como ellos mismos cantaban en “Hagamos algo de ruido”, los Cubero gustarán hasta a los modernos de Madrid.

Una vez asimilado el aterrizaje de aquel ovni llamado Cordaineros de la Alcarria, Los Hermanos Cubero presentan Flor de Canciones. La portada, más digerible, invita a la merecida escucha atenta. No en vano, las canciones festivas y costumbristas del disco anterior escasean en este nuevo trabajo en favor de la melancolía, como la de “Romance del caballo bayo”, “En la Alcarria para siempre” y, la que lleva el título del álbum, “Flor de canciones”. Los cortes instrumentales “Mazurca de los cordaineros”, “Pequeña Campanera” y “Despoblados” nos sumergen de lleno en la meseta castellana y, quizá, también en otra época. Una de siglos atrás.

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Los Hermanos Cubero, por Albert Badía

Y de la Guadalajara medieval al Kentucky de los años 40. A eso huelen los punteos de guitarra en “Levántate morenita” y el acompañamiento country de “Sin dejarnos despeinar” (con la colaboración de Víctor Coyote, para más señas). El manejo de la mandolina por parte de Roberto es sencillamente brutal. El resto de la instrumentación obedece a la utilería básica de cualquier banda de bluegrass. Acústica, banjo y violín constituyen una amalgama folklórica con las vistas puestas tanto aquí como allí. En directo, Roberto y Enrique demuestran buena pegada como dúo, pero quizá se eche de menos algún refuerzo (un contrabajista les daría el punto).

Flor de Canciones es un regalo para la escena folklórica ibérica, en la que Los Hermanos Cubero llevan más de tres años moviéndose con soltura, de festival en festival (Folk Segovia, Poborina Folk, Demanda Folk) y de premio en premio (levantaron el “Agapito Marazuela” en el apartado “Nueva Creación del Folklore”). Pero Flor de Canciones también ha hecho ruido en la escena indie barcelonesa -siempre libre de prejuicios y guía incuestionable de toda la vanguardia estatal- y Los Hermanos Cubero dejaron boquiabiertos a los asistentes del último BAM.

El trasvase de los sonidos tradicionales a la música independiente lo han venido reivindicando muchos grupos: Los Planetas acercándose al flamenco, Sr. Chinarro dándole al costumbrismo sureño, Pony Bravo buscando equivalencias entre EE.UU. y Andalucía, Nacho Vegas inmerso en el cancionero asturiano… Pero lo de los Cubero toma otra vía: la que va de lo tradicional a lo moderno, y no al revés. La que ya había tomado otro nombre propio del nuevo folk cañí, como es Lorena Álvarez.

El folklore ibérico, tan prejuzgado y maltratado por una juventud que sigue relacionándolo con lo más casposo y conservador de la “marca España”, tiene en Roberto y Enrique dos nuevos acicates dispuestos a evolucionar y revolucionar el género. Sin duda, ya se erigen como nuevos patriarcas del folklore castellano. Están haciendo historia y lo estamos viviendo para contarlo.

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