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Mutek: Visions 2

Por Ross Gallagher 0

Fue en el tercer día del festival MUTEK, en el teatro Tivoli el pasado 7 de marzo de 2014, y presentaba posiblemente, lo más atractivo de ésta edición: la posibilidad de ver al pianista Nils Frahm en un marco inmejorable.

A diferencia de la noche anterior con 1024 Architecture, aquí fue la música la que tomó el control absoluto de la velada. Un piano de cola, una pianola y dos teclados, uno de ellos con una caja de ritmos, fue todo lo necesario para una velada en la que Nils Frahm consiguió hacerse con todos los que estábamos allí, y ya no sólo por la música, protagonista estelar e indiscutible, si no también por su personalidad y carisma.

Y es que Nils decidió mostrar esa faceta desde el minuto uno, explicando de manera graciosa que lo primero era ver si su caja de ritmos funcionaba, antes de darles unos cuantos golpes, un poco a lo astronauta ruso de Armaggedon. A partir de que empezó a sonar las primeras notas, empezando con su lado más electrónico, que pudimos escuchar en Spaces, caímos todos en su influjo, nos sumergimos en la música para emerger tan sólo en los momentos en que ejercía de showman, de los que dejó varios para el recuerdo.

Por ejemplo, cuando decidió mostrarnos sus calcetines y explicarnos la historia que había detrás de ellos, se los había dejado una periodista el día anterior, y lo retrató en una frase: “Wow. Son increibles. Es mi cosa favorita que puedes llevar entre el pie y el zapato“. O cuando se marcó todo un monólogo cuando una fotógrafa de la organización se situó detrás suyo, sobre el escenario y parapetada detrás del piano, para echarle una foto. “Generalmente no me importa cuando me echan fotos, desde el público. ¡Pero esto es ya demasiado! Venga, sal de ahí y saluda“. Aunque la fotógrafa no salió, pero sí que provocó un buen número de carcajadas.

En lo musical, decir que fueron casi dos horas y un bis excepcionales, largos pasajes inmersivos en los que además de una melodía definida, clara, se distinguían las emociones en la personal forma de tocar de Nils, las expresiones transmitidas por el ritmo e intensidad que el artista imprimía a cada una de las notas. aportando ese plus deseable en un concierto en directo. Interpretó tanto melodías acompañadas de beats electrónicos de sus últimos trabajos como melodías de piano de anteriores, resultando emocionante en ambas versiones, destacando también el “truco” de tocar el piano de cola con la tapa levantada, percutiendo manualmente en las cuerdas de dentro.

Público entusiasta y entregado que se levantó del asiento al término del concierto, para conseguir el bis primero y como agradecimiento por último, para un artista que volverá a visitarnos en unos meses en el festival Sónar, concierto el cual, si resulta ser la mitad de conmovedor que este, estará sin duda entre los referentes del festival. En esta ocasión desde luego, fue un concierto de diez, en un gran marco, para un gran festival.

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