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Dean Wareham, clasicismo indie

Por Raúl Burrueco 0

Parece que el hecho de editar en 2012 la aclamada autobiografia ‘Postales Negras’ resultó una especie de alivio para Dean Wareham, como quitarse un peso de encima que en cierta manera te arrastra y no sabes porqué. El hecho es que tras este libro y más de 20 años sacando canciones ha decidido mostrarse bajo su propio nombre, cargando todo el peso sobre sus espaldas y dejando atrás esa democracia participativa, que como contaba en dicha biografía, era el proceso, a veces tedioso pero necesario, para llevar adelante tanto Galaxie 500 como Luna. De esta manera, a final de 2013 aparecía el EP Emancipated Hearts y cuatro meses más tarde su homónimo primer álbum como Dean Wareham, ambos con Sonic Cathedral records.

por Paqui Timoneda
por Paqui Timoneda

La cita, en la [2] de Apolo de Barcelona, según sus palabras, una de sus ciudades preferidas para tocar. A pesar de ello, algo más de media entrada de incondicionales y ambiente intimo. Tampoco importaba, e incluso se agradecía, ya que fue un concierto para incondicionales, donde Wareham incluyó gran parte del mejor repertorio que ha creado desde el ya lejano Today de Galaxie 500.

Tras comenzar con “Emancipated Hearts” de su EP, el concierto fue una sucesión de canciones ya clásicas como “Tugboat”, “Strange” o “Blue Thunder”, de esta primera etapa, y otras como “Moon Palace”, “Tiger Lily” o “Lost in Space” del grupo Luna, intercalando varias de este disco que presentaba, “The Dancer Disappears”, “Holding Pattern” y “Happy & Free”. Presentación a cargo del propio Dean con su inseparable Les Paul, acompañado de su atractiva mujer Britta al bajo, teclados y coros y un batería y guitarristas nuevos que desconocemos.

Con un sonido nítido donde las guitarras tuvieron todo el protagonismo, pudimos disfrutar de un concierto más que aceptable, con un Dean Wareham muy cómodo y feliz, bromeando con el público y despojándose de esa supuesta pose de rock-star sobre la que ya ironizaba brillantemente en ‘Postales Negras’. Para finalizar, un largo bis con petición incluída, “4th of July”, y con dos de sus ya también clásicas versiones, “Indian Summer”, de Beat Happenig y “Ceremony” de Joy Division para cerrar la noche.

Quizás se podría criticar ese abuso de un repertorio que viene ofreciendo durante años y el crear un concierto demasiado cómodo, orientado a contentar a seguidores fieles. El dar justo lo que uno espera y vivir del pasado más que de un presente, este nuevo disco, que le ha proporcionado buenas críticas y le mantienen en un estado de creatividad que ya quisieran muchos con la mitad de sus años. El mirar hacia delante y ser capaz de dejar atrás grupos y personas es lo que ha caracterizado su carrera. Lo mismo puede aplicarse a su propio repertorio.

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