Crónica del Primavera Sound 2017

Por Alberto Castro 4

banner WIR

Primavera Sound 2017 será recordado como la edición del #UnexpectedPrimavera, además de cómo una de las más exitosas celebradas hasta la fecha (200.000 espectadores en total y abonos agotados en tiempo récord).

Si bien las cancelaciones de Frank Ocean y Grandaddy dolieron en su momento, la inclusión por sorpresa de Mogwai presentando su nuevo disco en primicia de cabo a rabo o HAIM dándose un baño de masas a las 3 de la mañana del sábado fueron motivo más que de celebración. Pero un paso más allá fue el estreno mundial del nuevo single de Arcade Fire, Everything Now, puesto a la venta por sorpresa en los puestos de merchandising del Parc del Fòrum el miércoles, como anticipo del verdadero bombazo que llegaría a las 20.30h del jueves: un concierto de los canadienses en un escenario minúsculo con forma de cuadrilátero en una de las laderas de césped al fondo del escenario Primavera, que solo se conoció por el boca a boca y que coincidió en hora a pocos metros con la actuación programada de Broken Social Scene.

Por lo demás, todo funcionó de manera más que notable, sin apenas incidencias: barras rápidas, servicios suficientes y precios en barras parecidos a los de la edición anterior (3,50 euros el tercio de cerveza y 5 euros el medio litro).

Como novedades, unas celebradísimas gradas de acceso para todo el público en un lateral de la zona de los escenarios Heineken y Mango (Mordor, para los veteranos) y un segundo escenario (Bacardi Live) en la zona Primavera Bits, centrada en la electrónica. Y además, también debutaron las Backstages Parties, consistentes en una pequeña carpa junto a la zona Pro a la que se accedía solo mediante invitación (por medio de unas exclusivas y limitadas fichas que se repartían de forma aleatoria a lo largo del recinto) y en la que actuaron bandas como Pond, The Wedding Present, Local Natives, Algiers o Hot Chip en formato DJ, también como parte del Unexpected Primavera y cuyo cartel se anunciaba el mismo día a través de la app del festival.

Sin más preámbulos, vamos con todo lo que dio de sí Primavera Sound 2017, que fue mucho y variado.

JUEVES

Empezamos la jornada con Kokoshca a las 17h, quienes volvían al festival a presentar su último disco, Algo Real, en el Escenario Adidas. Gran comienzo del festival con un repertorio suficientemente sólido y en el que, pese a que a Iñaki no se le oía muy bien y el sonido fue mejorable, brillaron con especial intensidad “Mi Consentido”, “La Fuerza” y “No Volveré”, pero fue “No Queda Nada” la que más efusividad despertó en el público (así como la proclama de Amaia pidiendo que la cerveza de las barras fuese más asequible). Para alguien que lleva acudiendo sin excepción al Fòrum desde 2005, aquellas líneas de “estoy pensando en dejarlo/es que ya son muchos años” mientras miraba a la lona en la que ponía Primavera Sound 2017 solo sirvieron para recordar los innumerables momentos de felicidad vividos (y por vivir) en este festival.

Alexandra Savior por Alba Ruperez

A continuación, y tras haber conseguido la pulsera para acceder al Heineken Hidden Stage (previa cola a las 16h bajo un sol de justicia), llegó el momento de Jens Lekman. Resultó un poco frustrante que el sueco actuase en un escenario cerrado y de capacidad limitada en lugar de en uno de los principales, máxime si tenemos en cuenta que la anterior visita de Lekman al Primavera Sound tuvo lugar en 2006, pero es lo que hay. Nuevamente, los allí reunidos asistimos a una clase maestra de lo que debe ser el pop, en esta ocasión con más matices dance que en giras anteriores y en la que se echó en falta “Your Arms Around Me”, pero en la que por fortuna no faltó la enorme “The Opposite Of Hallelujah” (con Jens simulando tocar campanas en el aire al finalizar) y en la que temas nuevos como “What’s That Perfume That You Wear” o “How We Met, The Long Version” brillaron con luz propia. Se hizo corto, muy muy corto, así que confiemos en que vuelva pronto de gira.

Justo al salir, todavía estaban sobre el Escenario Adidas las norteamericanas Nots dando los últimos coletazos a su actuación, una de las nuevas esperanzas del movimiento “riot girrrrls”, pero tanto grito recién venido de Jens Lekman no ayudó mucho a meterse en faena. Estuvo bien la actitud, pero ganarían enteros si contuviesen algo más el histrionismo.

A escasos metros nos esperaba Alexandra Savior, quien sí logró cumplir con las expectativas creadas con su excelente debut Belladonna of Sadness, producido por Alex Turner (Arctic Monkeys, The Last Shadow Puppets) y James Ford (Simian Mobile Disco). Apostamos firme a que cuando vuelva al festival lo hará en un escenario principal, e interpretaciones tan acertadas como las que hizo con “Mirage” en los primeros compases de actuación así lo dejan ver.

Arcade Fire por Eric Pamies

Pero a esas horas -rumor mediante- ya teníamos la cabeza en otra parte, y es que quedaba poco para que de desvelase la gran sorpresa de la actuación secreta de Arcade Fire. Nos acercamos para situarnos bien cerca y lo conseguimos, casi sin creernos que fuésemos a ver a los canadienses cómodamente a escasos metros, sin pantallas ni decorado y sabiendo que asistiríamos a algo único e irrepetible. Cuando los de Win Butler y Régine Chassagne entraron exultantes al cuadrilátero, con los micrófonos e instrumentos en disposición de 360 grados, y abrieron fuego con la inmensa “Everything Now”, las caras de los allí asistentes pasaron de la felicidad a la del júbilo más absoluto. Si el nuevo single suena bien en estudio, en directo ya entra por derecho propio a lo más alto del repertorio de Arcade Fire, siendo incluso coreada masivamente pese a no hacer apenas ni 24 horas de su estreno mundial. Gana enteros, palabra.

Doce temas cayeron en total, haciendo añicos cualquier itinerario previo de los allí presentes (adiós, Broken Social Scene…). Y es que ver “No Cars Go” sin fuegos de artificio detrás y oyendo el sonido que salía directamente desde el escenario no es algo que se pueda hacer todos los días, máxime cuando Arcade Fire han sido masivos desde sus comienzos. Con “No Cars Go” muchos nos acordamos (Win Butler incluido) de su primera actuación en Primavera Sound 2005, y con “Ready To Start”, “Sprawl II”, “Reflektor” y “Afterlife” encadenadas, el gozo alcanzó cuotas infinitas. Tiempo hubo también para avanzar otro tema nuevo, una potentísima “Creature Comfort” que dejó un excelente sabor de boca y que acabó fundida con “Neighborhood 3 (Power Out)” y “Rebelion (Lies)”, en un apoteósico tramo final. Algo para recordar toda la vida, sin duda. Y un apunte: pocas horas después, al pasar por la “escena del crimen”, no quedaba ni rastro del escenario secreto, que ya había sido desmontado por completo. ¿Nada de esto sucedió?

Tras este inesperado regalazo, tocaba retomar la hoja de ruta inicial (o lo que quedaba de ella): excursión al Escenario Mango para llegar a la mitad de la actuación de Solange en la que, pese al contraste entre lo cercano del escenario anterior y la siempre descorazonadora lejanía de la “zona Mordor”, la hermanísima de Beyoncé fue más que capaz de llegar de elegancia el recinto. Una puesta en escena cuidadísima, a la par que sobria, sirvió para dar especial brillo al final con “Losing You” y la coreadísima “Don’t Touch My Hair”.

Al finalizar, tras una breve incursión al Escenario Pitchfork para comprobar que lo de BADBADNOTGOOD no era lo que más apetecía a esas horas (demasiada calma, demasiado jazzístico) decidimos enmendar el rumbo y desandar parte de lo andado para acabar frente a Greg Dully y sus infalibles Afghan Whigs. Y vaya si fue acertada la rectificación: un recital de rock en estado puro, mucho más contundente y engrasado que su anterior paso por Primavera Sound en 2012 (que el propio Dully se encargó de recordar) y en la que el sonido fue de matrícula de honor: más alto, más claro, más fuerte. La interpretación de “Gentlemen” fue de las que causan daños a los cimientos, totalmente impresionante.

Slayer por Sergio Albert

Con el cuerpo ya hecho a las guitarras, qué mejor que volver al Escenario Mango para ver a nada más y nada menos que Slayer. El mensaje de un amigo que vive por la zona de Sants preguntándome que qué era eso que sonaba desde su casa permite hacerse una idea de la brutalidad acontecida. Tal vez demasiada para los no iniciados, pero suficiente como para merecer ser vista.

Claro está que si uno no es seguidor de Slayer con media hora su curiosidad queda más que saciada, y precisamente por la inherente curiosidad que caracteriza al Primavera Sound es por lo que nos decidimos a cruzar nuevamente el Fòrum de punta a punta para ver parte del concierto de S U R V I V E, los artífices de la cabecera de la serie Stranger Things de Netflix. En el escenario Pitchfork nos encontramos con una más que oportuna oscuridad que le iba que ni pintado a lo que disparaban desde sus sintetizadores. Algo así como si Hot Chip se quedasen a vivir en el mundo paralelo de Stranger Things, cambiando la fiesta por lúgubre oscuridad y desenfreno por solemne intensidad.

Al terminar, y tras pocos minutos, empezaron The Damned en el Adidas, con público suficiente aunque no tan numeroso como uno podía esperar para tratarse de uno de los pioneros del punk británico. Aunque poca duda cabe de que los años pesan (en esta gira conmemoran su 40 aniversario), se mostraron lo suficientemente engrasados como para satisfacer a su fiel parroquia, bien notoria en las primeras filas. Como highlight, la intacta energía de “I Just Can’t Be Happy Today”, y como curiosidad que pilló a los neófitos desprevenidos, la versión que hacen del “Eloise” de Barry Ryan que en España popularizase Tino Casal.

Y así llegó el momento de uno de los conciertos del festival: el increíble e hipnótico cierre protagonizado por los australianos King Gizzard & The Lizard Wizard, a la altura de lo perpetrado en el mismo escenario el año anterior por Ty Segall, o incluso mejor. Todo un máster en psicodelia, con cambios de ritmo que rompían la cintura cual Messi desbordando a un defensa antes de marcar un gol. Con los primeros acordes de “Rattlesnake” comenzó un desbarre realmente imparable y con grados de intensidad más que contagiosa, con doble batería, afinaciones imposibles y sin apenas parar de tocar más que unos segundos en todo el set. Prometían y cumplieron con creces, vaya si lo hicieron.

VIERNES
Arrancamos la jornada del viernes con la noticia, vía Twitter, de que Mogwai acababan de aterrizar en Barcelona, y todo hacía presagiar que los escoceses serían parte del #UnexpectedPrimavera. Así fue, solo que esta vez el anuncio sí que se hizo a través de las pantallas del festival y otras vías de comunicación oficiales, anunciando que presentarían íntegramente su nuevo (y todavía inédito) disco a las 20h en el Escenario Bacardi Live, en primicia mundial. De nuevo, los planes previos quedaban trastocados.

Mogwai por Sergio Albert

Así, empezamos la jornada en el Escenario Ray Ban viendo a los israelíes Vaadat Chariquim, que apuntaron maneras con una contundente propuesta de corte shoegaze y que a veces nos traía a la mente los paisajes más nebulosos de Los Planetas como nos recordaban a Deerhunter. Aunque el escenario no estuvo apenas a media capacidad, a buen seguro que los que nos acercamos a verles les seguiremos la pista y arrastraremos a nuevos fans potenciales si hay próxima vez.

Acto seguido, pasamos a ver a unos pocos temas de Sinkane, de los que esperábamos menos etnicismo y más electrónica, y como había que cruzar la pasarela hacia la zona más nueva del festival para coger sitio para Mogwai, no pudimos comprobar si aquello finalmente remontó.

Llegadas las 20h, puntuales salieron Mogwai a escena ante un escenario a rebosar. En este caso, no se trataba de un sitio de quita y pon como con Arcade Fire el día anterior, sino de un majestuoso escenario que además sonó impoluto. Lo nuevo de Mogwai va en la línea de su anterior trabajo, con lo que las guitarras ceden protagonismo (más del deseado) a los sintetizadores y a los desarrollos densos. Tras tres cuartos de hora, decidimos que había sido suficiente, justo cuando según nos cuentan los que allí se quedaron empezó el verdadero ruido marca de la casa, pero no hubo rescates de épocas pasadas.

No obstante, nada hay que lamentar, pues pudimos llegar a ver la majestuosa actuación de Sampha, en el que probablemente fuese el concierto más concurrido del escenario Ray Ban de todo el festival (imposible bajar por las gradas). Tal expectación era merecida y fue correspondida por el londinense y su banda, tanto que hubo quien dijo no sin sorna que “Frank Ocean canceló para no tener que ver cómo Sampha le pasaba varias cabezas por delante”. Especialmente memorable fue la interpretación de la no menos inmensa “Blood On Me”, a la que le siguió un cierre que en otros artistas quedaría raro (¿acabar con una lenta?) y que en este caso fue más que justificado: y es que el intimismo de ”(No One Knows Me) Like My Piano” fue capaz de paralizar el tiempo con casi los recursos opuestos a los del tema anterior.

Acto seguido, en el escenario Primavera llegaron los veteranos Descendents, a los que solo les faltó repartir tablas de skate para llevar de vuelta a muchos a su juventud en los 90. Demasiado académicos, todo sea dicho, con lo que decidimos darles una oportunidad a los islandeses Fufanu, sustitutos de Lady Wray tras cancelarse su actuación semanas antes. Vistos sobre el escenario, se entiende perfectamente que Damon Albarn los haya apadrinado, con su frontman compartiendo muchos de los tics del líder de Blur/Gorillaz. Constantemente arengando al público, mezclaron con acierto su pasada vertiente electrónica (que abandonaron tras que les saqueasen su estudio) con su propuesta actual más volcada en sintetizadores y guitarras de corte oscuro y bailable, en ocasiones cercana al krautrock. Se ganaron un bien alto, que a poco que se esfuercen llegará al notable.

Una vez terminada su actuación, tocaba hacer piernas para llegar a The XX en la otra punta del recinto, no sin antes parar a ver un par de temas de Arab Strap y comprobar cómo venían de fuertes: si alguien esperaba intimismo, que se olvide. Aquello sonaba como una apisonadora.

The XX por Eric Pamies

Ya enfilando el Escenario Heineken, llegamos a escuchar los últimos acordes del primer tema del setlist, “Say Something Loving”, con la idea de que a medida que uno se adentrase se oiría más alto. Por desgracia no fue así, y el volumen se quedó más corto de lo admisible. Así, durante media hora uno se preguntaba qué sentido tenía ver en directo a The XX si es imposible disfrutarlos mejor que en disco… hasta que llegaron “VCR” y “Dangerous” y la cosa remontó hasta la cima. Claramente fueron de menos a más, consiguiendo que su “intimismo de masas” fuese calando como gotas de lluvia hasta llegar al clímax con “On Hold” y la celebradísima “Intro”, ya al fin con un volumen apropiado para grandes recintos. Tras “Angels”, hasta los agnósticos acabamos convencidos.

Hora de volver al Fòrum clásico, y nuevamente hora de traicionar la hoja de ruta, gracias a un token que conseguimos para acceder al Escenario Backstage. Allí nos esperaban Pond, que pusieron todo patas arriba. El público que cabe en la exclusiva carpa (unas 100-200 personas a lo sumo) estaba entregadísimo, algo que fue recíproco con la banda. Difícil saber quién contagió más a quién. Si en su reciente y pegadizo hit “Paint Me Silver” su frontman Nick Allbrook se decidió a emular los mejores pasos de Mick Jagger sobre el escenario, casi retorciéndose hasta lo imposible, fue con “Don’t Look At The Sun Or You’ll Go Blind” con la que llegó el delirio. Tanto que el propio Allbrook acabó haciendo crowdsurfing y golpeándose en la nariz en su incursión, continuando la actuación con papel tapándole la pequeña hemorragia como si nada.

Tras esta parada con Pond tan inesperada como disfrutada, nos acercamos al Escenario Ray Ban donde Sleaford Mods no estaban teniendo suerte: tres veces trataron de arrancar con “Army Nights” y no fue posible, al quedarse el escenario sin sonido (paradoja para un dúo que basa en las bases grabadas el 90% de su directo). Nada que Jason Williamson con su imparable verborrea no fuese capaz de volver a su favor, improvisando continuamente estrofas dedicadas al técnico de sonido. Al final, una fiesta mayúscula que certifica su imparable crecimiento, como ya se intuía en su anterior visita hace dos años cuando tocaron en el Escenario Adidas.

Con las fuerzas ya justas tras una jornada de paseos kilométricos, cerramos el día con Front 242 en el Escenario Primavera, que pareció volver al epicentro del tecno industrial de los años 80 con pasmosa facilidad. Otro gran cierre de escenario, más allá de la nostalgia y del revival.

SÁBADO

Casi sin darnos cuenta, llegó la última jornada de Primavera Sound 2017 en Parc del Fòrum, lo que siempre es buena señal (que se pase rápido, no que se acabe, claro está). Recién llegados al recinto, decidimos empezar por Weyes Blood, que tras una actuación correcta para primeras horas de la tarde y de corte intimista, remató la faena con una excelente versión del ‘Vitamin C’ de CAN.

Pond por Sergio Albert

A continuación, y a raíz de lo vivido la noche anterior en las Backstages Parties, decidimos reencontrarnos con Pond, esta vez en el Escenario Mango. A pleno luz del día y ante uno de los escenarios más grandes del festival su propuesta perdió bastantes enteros (lo que no quiere decir que estuviesen mal, en absoluto), pero quedó claro que se mueven mucho mejor en las distancias cortas. No obstante, para este set se decantaron más por la vertiente más psicodélica y menos festiva de su repertorio, y al finalizar anunciaron que pronto volverían de gira. Crucemos dedos para verlos en sala.

De nuevo de vuelta al Escenario Primavera, Royal Trux protagonizaron una de las decepciones del festival. No acabaron de encontrar un rumbo que mantener, y tan pronto se perdían en la experimentación ruidista como trataban de arrancar canciones que nunca lo lograrían. Así, no es de extrañar que poco a poco se fuesen quedando con menos de la mitad del público con el que empezaron. Y es que no todas las reuniones pueden brillar siempre.

Por fortuna, el presente le tomaría el relevo acto seguido a las resurrecciones gracias a una maravillosa Angel Olsen, que parecía estar interpretando el papel de diva de los años 50, casi a medio camino entre Grace Kelly y Roy Orbison. Fue en los primeros compases cuando lanzó su magistral “Shut Up Kiss Me”, pero eso no hizo que su set perdiese interés. Tan pronto se decidía a ponernos melosos a todos como nos arrollaba a base de guitarrazos, maravillándose al estar ante la audiencia más grande que jamás ha tenido enfrente. Incluso hubo quien le pidió matrimonio desde el público, a lo que ella contestó que “esa noche era su noche de bodas, pero que solo se iba a casar con el escenario”.

A continuación, llegaría uno de los momentos cumbre del festival, gracias a un fabuloso concierto de Teenage Fanclub, quienes sorprendentemente nunca habían tocado en el Primavera Sound desde que se celebra en el Parc del Fòrum (pero sí en el Poble Espanyol en 2003 y en varios Primavera Club). Sin haberse separado nunca, aquello tenía casi tintes de reunión, y los de Norman Blake salieron a arrasar: “Start Again” la primera y “Don’t Look Back” la segunda se encargaron de ponernos a todos una sonrisa de oreja a oreja mientras siguieron desgranando su siempre celebrable repertorio (coincidiendo en hora con la victoria del Real Madrid en la final de la Champions, como se encargaron de recordarnos varios gritos de “gol” entre los asistentes). Pero para goles y para campeones, el trío final del setlist: “The Concept”, “Sparky’s Dream” y “Everything Flows”. Por todo lo alto.

Tras el subidón de Teenage Fanclub, llegó el mayor bajón de los bajones: imperdonable situar a Seu Jorge a solas con guitarra acústica cantando versiones en portugués de David Bowie, mientras el sonido de Hamilton Leithauser desde el escenario Pitchfork se encargaba de ahogar todo por la izquierda y los berridos de los parlanchines hacían lo propio por la derecha y el fondo. También es normal y casi entendible, dado que las diez de la noche en un escenario grande no parece lo más apropiado para ese formato (¿había algo más claro para Auditori?), pero lo que se suponía que sería una celebración de David Bowie se acabó convirtiendo casi en una burla amarga. Más fuera de lugar que comerse un kebab chorreante de salsas en medio de una entrevista de trabajo.

Grace Jones por Eric Pamies

El cabreo lo fue aún más al llegar al Escenario Heineken tras desistir de Seu Jorge y ver que nos estábamos perdiendo lo que estaba montando la icónica Grace Jones: eso sí que era una celebración con mayúsculas. Máscaras imposibles, incursiones “a caballo” entre el público (a lomos de alguien de su equipo, vamos) y bailes que dejaban boquiabierto para recordar que quien tuvo, retuvo. Y es que ver como Jones, a sus 69 años, terminaba la actuación con “Slave To The Rhythm” mientras movía sin despeinarse un hula hoop con su cintura y precisión milimétrica fue acojonante.

Así, ya estaba todo listo para el concierto “normal” de Arcade Fire. Con la gente en la explanada grande del festival aplastando cualquier alfiler que se atreviese a entrar, el viento se encargó de darnos el primer susto, al obligar a descolgar las pantallas (al menos se quedaron abajo encendidas, pero muchos no pudieron verlas bien). El concierto empezó igual que el del jueves, con la intro instrumental ralentizada de “Everything Now”, pero entonces llegó la sorpresa: y es que la apertura corrió a cargo, ni más ni menos, que de la siempre catártica “Wake Up”, seguida por (ahora sí) “Everything Now”, mientras los luminosos mostraban el título en inglés y en catalán (“¡ara tot!”).

En resumidas cuentas, podríamos decir que fue una versión extendida del concierto del jueves, añadiendo siete temas más entre medias: desde la ya mencionada “Wake Up” hasta la recuperación de “Neon Bible” por primera vez en nueve años o unas emotivísimas “In The Backseat”, “Intervention” o ese inesperado cierre con “Windowsill”. Sí, faltaron “Tunnels” o “Laika”, pero probablemente estemos ante la mejor gira hasta la fecha de Arcade Fire, y eso son palabras mayores. Además, la inédita “Creature Comfort” volvió a hacer las delicias del respetable, siendo junto a “Everything Now” lo único que nos desvelaron de su nuevo disco.

Haim por Garbine Irizar

Casi con las últimas fuerzas pusimos el turbo hacia el Escenario Primavera para ver la celebración colectiva que protagonizaron Japandroids, que abrieron fuego con “Near To The Wild Heart Of Life” para ponerlo todo patas arriba, pero no nos quedamos hasta el final. El motivo, el último Unexpected que nos esperaba este año, a cargo de HAIM en un Escenario Ray-Ban hasta la bandera.

Las hermanas volvían al festival tres años después de su debut y se mostraron efusivas, entusiasmadas y, ante todo, contundentes, con un despliegue que les sitúa ya por derecho propio entre lo alto del cartel. Empezaron con su nuevo single, “Want You Back”, y celebraron estar tocando en ese escenario, en el que cuando estuvieron en su anterior visita vieron a Darkside y pensaron “¡queremos tocar aquí”, como confesaron a mitad de la actuación. 40 minutos que funcionaron como broche de oro para una edición inolvidable, durante los que por supuesto brillaron “The Wire”, o “Forever” y que fueron tan certeros como para que optásemos por retirarnos hasta el año que viene, a falta de !!! y DJ Coco. A ver ahora cómo se supera la organización en 2018 a nivel de sorpresas…

banner WIR