Crónica del concierto de Mujeres en Madrid (Joy Eslava)

Por Ana Rguez. Borrego 0

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Hace un año, vivíamos un concierto parecido, con los turnos cambiados. En aquella ocasión, eran Kokoshca los que presentaban su nuevo trabajo, Algo Real (Sonido Muchacho, 2016), y eran Mujeres los encargados de abrir la noche. El pasado viernes era el momento de hacer lo mismo con Un Sentimiento Importante (Sonido Muchacho, 2017), un disco que además servía para celebrar el décimo cumpleaños del grupo.

Una cita importante, que esperábamos con ganas, pues además pasábamos a un recinto mayor: de la Sol a la Joy Eslava. Tan especial que algunos decidimos que había que preparársela con ahínco, repasando las letras de cada uno de ellos. Esa misma mañana, en la oficina, mientras probaba una fitball, acabé botando delante del ordenador, al ritmo de “Dije fácil”. Y me planteé que era un entrenamiento postural perfecto para la noche. Pero no. Quizás tenía que haberle hecho un pogo a mi compañero de mesa 😉

Cómo disfrutar tocando según Kokoshca

Aquella noche que citábamos no fue la mejor de Kokoshca. El sonido les troleó de lleno y no les dio ni un respiro, ni un mínimo rato de satisfacción. Había que dejar aquello atrás, había que demostrar lo que valen, con un factor clave que creo que se notó. Ellos ya no presentaban su trabajo, ya habían cerrado la gira de 2017, y estaban allí para disfrutar y pasarlo bien. Y vaya si lo hicieron.

El sonido se puso de su parte y la fastuosidad de la Joy Eslava pareció acompañarles para que desarrollaran un concierto impecable. La característica voz de Amaia brilló entre los desarrollos más rockeros, además de sintonizar con la de Iñaki. Pero lo más importante era observar cómo notaban que estaba sonando genial y cómo lo estaban disfrutando: era contagioso. Ellos se venían arriba y el público les seguía: las energías de unos y otros se retroalimentaban, haciendo aquello aún más grande.

Durante su tiempo de concierto fueron intercalando temas de Algo Real y Hay Una luz (2013), entre los que destacaron “Yo Nací” y “RBU”: el poderío de su mensaje es contagioso y siempre dan ganas de cantarlo como una reivindicación. De hecho, este último así lo presentó Iñaki: hay que buscar la autenticidad.

Quedaba solo un tema y era evidente cuál tocaba. Y era el momento de llamar a los compañeros de tablas de aquella noche. Sin dudarlo, Yago, Pol y Arnau se unieron a cantar “No volveré”, momento en el cual se montó un ‘amable y feliz’ pogo, que podía confundirse con una especie de baile frenético. Así nos quedábamos, con un buen nivel de euforia. ¿Era un calentamiento suficiente para lo que venía?

Mujeres: pogos que rozan el deporte de riesgo

Los primeros acordes de “Vete con él” nos plantaron el rock en la cara, como ellos mismos nos dijeron en la entrevista que les hicimos. Y el pogo a nuestra espalda. Los efectos no tardaron en hacerse notar porque desde el primer momento el público se convirtió en una turba pogueante que no perdía fuerza en ningún momento. Ni siquiera en los temas más lentos como “Un sentimiento importante” o “Aquellos ojos”: había que tomar posiciones para cantar los estribillos.

Pero no es algo tan sorprendente. Es una respuesta lógica al espectáculo que despliegan sobre el escenario Mujeres. Son diez años en los que su propuesta ha cogido músculo y están muy lejos de perder fuelle. Saben a la perfección cuál es el ritmo que funciona, rápido y divertido, contagioso, que busca la reacción inmediata del público.

Hace un año, bromeaban con que se veía una mayor respuesta con los temas que eran en español. Sería aquella noche. Esta vez daba igual que fueran canciones del último, de Marathon (Canada, 2015) o de Soft Gems (Sones, 2012): los que allí estaban habían ido dispuestos a darlo todo. Sin tregua ni descanso. Aunque eso supusiera que la cerveza acabara volando por encima del público en modo “lluvia dorada” y que a la mañana siguiente tuvieras que recurrir al Enantium y el Thrombocid.

La cuestión es que la fiesta no está solo en sus canciones y sus efectos: es también verlos a ellos mismos. Cantando, tocando en solitario, mientras hacen que sus instrumentos dialoguen… Es carisma y personalidad en estado puro, con un impecable sentido del humor. Un rasgo distintivo, especialmente en el caso de Pol Rodellar. Lo mismo hace un molinete en el suelo que coge el micrófono para jugar con la voluntad cantora del público. O decide hacer crowdsurfing con su bajo, aunque el cable no le permita llegar muy lejos.

Acabaron el concierto fundidos en un abrazo en el que dejaron claro lo que son: tres amigos pasándoselo muy bien.

Da igual que acabes machacada y cogiéndole cariño a la esquina del monitor que te estás clavando en lo mas íntimo. Son un espectáculo tan brutal que merece la pena disfrutar una y otra vez. Será masoquismo, pero mola tanto…

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