Crónica del concierto de La Plata en Madrid (sala El Sol)

Por Ana Rguez. Borrego 0

Ver a La Plata crecer es una gozada

Hace algo más de un año escuché por primera vez “Un atasco” y recuerdo que le pedía a todo aquel apasionado de la música que conocía que la escuchara, por favor. Siguieron el EP, diferentes conciertos… y cada vez más convencían. Por un detalle muy simple: un gusto arrollador a la hora de tocar en directo. Se nota que les gusta, que tienen muy claro cómo quieren sonar.

Aunque ya habíamos tenido la oportunidad de escuchar los temas de Desorden (Sonido Muchacho, 2018) en directo, era necesario ver a La Plata como protagonistas de la noche. Bien se merecían un concierto de presentación. Acompañados de Vulk, la noche prometía una apisonadora sonora y emocional, más que satisfactoria.

Cualquier tiempo pasado no fue mejor

De forma discreta, el cuarteto de Bilbao se subía al escenario para abrir la velada. Pero fue algo momentáneo. Con los primeros acordes, Vulk deja claro que lo suyo es la intensidad a diferentes niveles. Concepto, interpretación, identidad musical… Puede que al principio haya reminiscencias de otras épocas pero merece la pena obviarlas: hay personalidad y criterio de sobra. Son un puro mazazo post-punk capaz de mantener la intensidad durante todo el setlist.

Si ya con el primer tema te dejan con ganas de más, cuando el cantante abandona la guitarra te enganchan y no te sueltan. Es de esos intérpretes fascinantes que parecen entrar en éxtasis místico cuando cantan, que se golpean, contorsionan, se agarran al pie de micro con ferocidad para descarnarse. Pero Vulk no se queda ahí: el resto de músicos no son una mera comparsa. Las partes instrumentales brillan, les observas cómo se comunican con la mirada y escuchas cómo su progresión sonora parece no tener límite. Parece expandirse hasta el infinito: deben acabar con agujetas interpretativas. Batería y bajo son inasequibles al desaliento, aunque te parezca que la intensidad del ritmo va a acabar con ellos, mientras que el guitarra se mantiene incólume, soportando el peso sonoro de la banda.

No merece la pena pensar en influencias. Son ellos y su circunstancia los que merecen ser reconocidos.

Cuando La Plata es el primer puesto

Con las primeras notas de “Fracaso”, los protagonistas de la noche se metieron al público en el bolsillo. Porque en cierto modo fue impactante. Pareció que daban un golpe sobre la tarima para decir “aquí estamos“, atrayendo toda la atención sobre ellos. Cada tema de Desorden contiene  un chute de verdad, con el que reaccionar como si fuera uno de adrenalina en el pecho. No se podría decir que haya alguno que baje en intensidad, de concepto o de ritmo.

Lo que fue interesante comprobar es cómo evolucionan las canciones en directo. Desde que los vimos con Futuro Terror en la misma sala hasta ahora, pasando por las Demoscópicas, las canciones han ganado un peso eléctrico que profundiza en su personalidad. Ese recuerdo ochentero que siempre se mencionaba en un inicio se diluye resaltando su aspecto más punk. Entre todas las canciones, fue magistral el cambio de ritmo entre “Me Voy”, su tema más emocional, y “Tu Cama”, al que dieron más caña que en el disco. De esta manera, el contraste de sentimientos que reflejan estas canciones fue aún más intenso.

La experiencia no es sólo escucharles sino también observarles cómo se ensamblan cada uno de ellos, para conseguir un todo coherente. Sería difícil imaginar el grupo sin alguno de ellos. Los punteos de María Gea, que dan la primera pincelada de identidad a los temas, la arrolladora batería de Carmona, los teclados de Patricia Ferragud, que son parte de la identidad primigenia de La Plata, el volumen que consiguen las guitarras de Diego Escriche y Salvador Frasquet… Verles disfrutar fue algo genial. De hecho, en varias ocasiones Diego superó su timidez y sonrió emocionado.

Cerraron el concierto con una genial y acelerada versión de “Nuclear, sí” de Aviador Dro.

Pueden hacer lo que quieran. Si en tan poco tiempo ya hay esto, no queremos perdernos su evolución.

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