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Polifonik Sound 2018: en familia

Por Eduardo López Royo 0

Crónica del festival Polifonik Sound 2018

Así es como yo me siento cuando voy al Polifonik Sound, festival cuya edición 2018 se celebró los días 22 y 23 de Junio en Barbastro. Después de tantos años yendo al festival me siento como en familia, con sus cosas buenas (trato agradable, cercanía, gente que sólo ves ahí de año en año, etcétera) y sus cosas no tan destacables para mi gusto (como el cartel continuista o encontrarte con algun que otro “cuñao”).

Resulta encomiable que se organice un festival de estas características en una localidad como Barbastro y que con los años se haya convertido en un punto de referencia provincial. Como festival familiar que está llegando a ser (cada año se ven mas niños) estaría bien que aparte de la buena idea del vermú pudieran añadir algún extra para los niños; esto es una idea que ahí dejo, nada mas. Tras esto, pasemos a desarrollar la crónica de esta edición.

Viernes 22

El festival comenzó caluroso, a pleno sol en el Escenario Ámbar se estrenó el grupo oscense Lucca, en su enésima formación (en serio, desde que los conozco han cambiado de miembros muchas veces) salvaron la papeleta de manera solvente. Lo que hace años era un pop-rock desenfadado ahora tiran más por el rock con tintes ochenteros, donde aparte de su repertorio cayeron versiones de Los Planetas y Led Zeppelin, allí es nada. Como apunte decir que suenan mejor cuando usan el inglés que el castellano.

Les siguieron el grupo vasco Rural Zombies, quienes con su buen pop electrónico y un directo muy bien llevado consiguieron que ya cierto publico se acercara a verlos (también porque ya hacía menos calor). Aunque en algún momento hay canciones que se parecen un poco entre sí, su repertorio en directo suena muy bien y lo llevan de manera sobrada.

Ángel Stanich / Foto: Eduardo López

Después me dirigí al escenario Huesca La Magia y allí pude ver el que fue el mejor concierto de la jornada: el gran Ángel Stanich. Con su voz muy peculiar pero bonita al mismo tiempo y con una banda que es muy buena, tocó parte de sus dos discos con una querencia por el rock setentero americano. Tiene un directo de los que se disfruta mucho y que si no has visto nunca, te sorprende bastante. La difícil tarea de tocar despues de Angel Stanich fue a recaer en Mi Capitan, quienes a pesar de tener en sus filas a parte de lo mejor del indie patrio (hay componentes de Standstill y de Love of Lesbian) me resultaron un poco planos, a excepción de cuando tocaron una gran versión de “Alta Suciedad” de Calamaro y su hit “Es suave la voz”.

Después vino Carlos Sadnessa ver cómo lo digo, ¿aparte del buen hacer de sus músicos puedo decir algo bueno del concierto de Carlos Sadness?

Delorentos vinieron después y ya es la tercera vez que actúan en el Polifonik y para mi gusto fue la mas floja de todas. Tienen un directo muy bueno porque son unos musicazos, pero han perdido fuelle; ya no tienen la energía que tenían al principio (no sé si lo de ser padres les habrá afectado), a veces parecían un grupo cristiano irlandes musical.

Venga, ahora sí, Carlos, voy con tu crónica. Carlos Sadness, que empezó hace años artísticamente llamándose Shinoflow, se podría decir que ha encontrado su estilo y sobre todo su público, ya que fue el concierto en el que más gente había y en el que más conexión se apreció entre el cantante y el público durante la jornada del viernes. Su pop-rock mezcla a Crystal Fighters con un poco de Two Door Cinema Club y da lo que ofrece: fiesta, indie “pachangueo”, y “bailoteo”. Uno de los momentos reseñables fue cuando Pecker subio a cantar una cancion con el, y fue Pecker fue quién cerró los conciertos del viernes. Así como otros años le había tocado un mal horario, el cierre de este año le iba como anillo al dedo con su pop desenfedado de estribillos pegadizos y bailables. Decir que en la primera mitad, su vertiende rockera me gustó menos que la segunda mitad, mucho más pop y bailable. Uno de los mometazos del concierto fue cuando su pareja -María Tresaco- subió a cantar “Nuestro gran incendio” con él.

Cerró la jornada del viernes Virginia Diaz en su version Dj, y aunque el público a esas horas ya te baila todo, su sesión pecó de poco original, en la cual quitando 4 ó 5 canciones el resto de setlist se regodeó en el indie más tópico; es como oí por allí: “de 1º de indie“.

Sábado 23

La mañana del sábado empezó fuerte con el concierto de Anni B Sweet en la Bodega el Grillo y la Luna, tras el cual hubo la sesion de Djs de “vermuteo” con Oddysseyy Dj, Julio Rodenas Dj y Alex Curreya, a la cual, desgraciadamente no pude asistir.

Ya por la tarde le tocó la dura tarea de tocar en esas primeras horas, con toda la solana, al grupo Dr. Leen (creo que a los grupos que les toca la ardua tarea de tocar con todo el sol les deberían hacer socios honoríficos del festival o algo). Su gusto por el rock ochentero español se nota, a mí me recordaron a La Frontera o La Guardia, y aunque hicieron muy buen concierto la hora que les había tocado pesaba ciertamente. El momentazo fue cuando hicieron una version de Dinamita Pa Los Pollos. Tras ellos fue el momento de los vascos Pet Fennec quienes al poco de empezar dijeron que Barbastro les recordaba a Donosti (¿?). Tienen muy buen directo y su gusto por el pop-rock noventero se nota en los ecos a Dinosaur Jr aunque lo suyo en algunos momentos resultaba quizá un poco repetitivo.

Floridablanca tenían la relativa suerte de tocar en el escenario Huesca La Magia, relativa ya que a esas horas aún se notaba el calor pero ellos lo dieron todo para que lo pasáramos bien con su buen pop de toques electrónicos ochenteros y su cantante dándolo todo. Como nota un poco negativa, diré que me recordaron demasiado a Varry Brava. Tras ellos, vuelta al Escenario Ámbar para ver a Gloriosa Rotonda quienes, básicamente, son la misma formacion que de los desaparecidos The Bärds, es mas hasta hicieron un tema de la anterior formación. Un buen concierto de rock garajero aunque no congregaron a mucha gente, una lastima.

Y llegó el que fue el concierto del día: Rufus T. Firefly. Una gozada verlos y escucharlos, recluídos en el escenario en una especie de círculo místico ahora que parecen una especie de Tame Impala patrios. Te envuelven con su potente y psicodélico directo, y cuando se dejan de psicodelia retornando a sus canciones mas viejas, recuerdas porqué son tan buenos. Carmen Boza vino después y aunque al principio empezó un poco floja, poco a poco se hizo con el público con su rock minimalista con toques un “funkies“, donde destacó su canción “Gran Hermano”.

La Casa Azul / Foto: Eduardo López

Tras estos conciertos, llegó el momento de los veteranos consagrados. Por un lado La Habitacion Roja, los cuales he visto varias veces y por eso, a mi parecer, no es de los mejores que he visto de ellos; fue un concierto correcto, a veces un poco monótono, eso sí, se salvó en la recta final con sus hits que son unos cuantos. Mientras La Casa Azul vino a hacer que el Polifonik fuera su sala de baile, y lo consiguió. Con una pantalla que ocupaba casi todo el escenario y con Guille Milkyway y músicos ataviados con cascos y con gafas que parecian de realidad virtual, resultó la puesta en escena más potente del todo el festival. Desgranaron todos sus exitos con una alternancia entre una marchosa y una más lenta, llegando al climax con su hit “La revolucion sexual”.

Grises / Foto: Eduardo López

El colofon en cuanto a conciertos lo puso Grises. Viejos conocidos del festival, eran los idoneos para cerrarlo por todo lo alto con su pop rítmico y bailable. En mi caso disfruté más con las canciones viejas que con las más nuevas, y cabe mencionar que su cantante, Amancay Gaztañaga, tuvo unas palabras muy acertadas acerca de más mujeres en la música y en todo en general (este año había más mujeres que otros años, a ver si el año que viene se iguala o se supera).

El cierre definitivo correspondió a Ley Dj en una sesion muy bailable, muy electronica y con unas mezclas entre canción y canción de lo más acertadas.

Y esto fue el Polifonik 2018 a ojos de este cronista. Dar las gracias un año más a la organización que nos deja entrar en su casa y formar parte de esta familia “polifonika” o como me gusta decir a mí: “polifonera“.

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