Crónica del concierto de La Estrella de David en Madrid (El Sol)

Por Ana Rguez. Borrego 0

La consagración de los sentimientos

Diciembre parece que se está convirtiendo en noviembre, o por lo menos, la primera quincena. Entre cenas de empresa y días festivos se sucede un frenesí de conciertos entre los que no sabes si elegir o sucumbir al encantamiento de la música en directo. Sea como sea, el concierto de La Estrella de David era una de esas citas que no debías perderte. Por la autenticidad de su propuesta, porque Brian Hunt y Betacam son dos de los músicos que acompañan a ese geniecillo que es David Rodríguez, porque La Estrella de David probablemente no se parezca a nada de lo que hayas escuchado antes.

Una noche fría que se tornaba cálida al entrar en la sala El Sol, prácticamente llena para la presentación de Consagración (Sonido Muchacho, 2018). Una sensación sorprendente y agradable pues caí en el error de pensar que no habría tanta gente deseando ver a La Estrella de David en directo. ¿Por qué? Consagración es un trabajo aparentemente sencillo, pero no lo es. Esa autenticidad que mencionaba le aparta de lo habitual y hace que no sea tan asequible escucharlo una y otra vez. No obstante, no ha sido así. Está claro que convence y me devuelve un poco la fe en el gusto de la gente.

Pero la noche también era especial por el encargado de abrir el concierto: Jonston. Era el último de este alter ego de Jose Ignacio Martorell y el complemento perfecto para el repertorio de La Estrella de David. Como bien dijo en un momento su bajista Miguel Aguas, aquella noche era una auténtica consagración de los sentimientos. Jonston sabe destilar el encanto de las canciones pop, en las que priman las emociones sobre los artificios. Algo aparentemente sencillo pero que quizás no lo es tanto pues parece que la disección sentimental está al alcance de muy pocos. No se pierde en metáforas intrincadas y esa familiaridad que genera al describirlos te hace decir mentalmente “cuéntame más, por favor“.

Su narración, la felicidad que demostraban tanto él como sus músicos, el observar cómo disfrutaban tocando con una amplia sonrisa… conciertos así reconcilian a cualquiera con el pop.

Los sentimientos continuaron, pero con un enfoque algo más sarcástico. A principios de este año, La Estrella de David ya estuvo en la Sol, junto con Sierra. Él solo, con su guitarra y sus bases, se tuvo que enfrentar a un público que no le prestaba la atención que se merecía. Quizás por eso tenía un cierto resquemor por lo que podía ocurrir; afortunadamente, no fue así. Un público entregado, que coreaba los temas, y que por una vez en la vida, no parecía conversar tanto. La personalidad musical de David Rodríguez merece la pena que la descubras: tiene tantas caras y resquicios que nunca deja de sorprenderte.

Comenzaba el repertorio con la sutil y exquisita “Me ha parecido que estuvo en mi cabeza”, en la que Brian Hunt sustituía la voz de La Bien Querida. Quizás el tema más diferenciado de Consagración pero que dejaba claro lo que ya se había mencionado: la cosa iba de sentimientos. Tras este, siguieron algunos temas de sus anteriores trabajos como “Un último esfuerzo” y “Vejaciones en la costa”, que ya habían dejado claro su personalidad compositiva. Hay un cierto desencanto a la hora de hablar de relaciones personales, pero está muy lejos de ser algo melancólico.  No, es más inteligente, pues sabe que reírse de uno mismo es mucho más rentable emocionalmente. El sarcasmo no es una herramienta que la gente sepa gestionar pues choca a veces con el amor propio.

Tras ese recordatorio de sus primeros discos llegaron “La Canción Protesta”, “Aceite”, “Maracaibo”, “Noches de Blanco Satán”… Si ya suenan bien en el disco, en directo no es menos. Brian Hunt, Betacam, Juanma Padilla y Lucas brillan y acompañan a la perfección la interpretación de David, que está a medio camino entre lo cantado y lo fraseado. Quizás esa sea parte de la gracia, que te da la sensación de que te lo está contando en confianza.

Quizás también influya la acogida del público, que hacía fluir la empatía y la conexión. La mejor muestra fue el bis estrella, “Cariño”, aplaudida y cantada por todos los asistentes. Uno de esos momentos en los que la emoción te eriza la piel. El público estaba tan encantado que se resistía a ir y él solo volvió al escenario, con su guitarra, para cantar “Tremendas amazonas”.

Al terminar, acabas con una clara conclusión: sensaciones y reacciones así dan sentido a la música en directo.

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