Crónica del concierto de Bodega en Madrid (sala 0)

Por Ana Rguez. Borrego 0

Bodega en Madrid

El concierto en Madrid venía precedido de varios sold out en la gira de presentación

Los conciertos de Bodega venían precedidos de un cierto “revuelo”. Algo lógico: si te produce tu primer disco Austin Brown, de Parquet Courts, y lo publicas en el sello What’s Your Rapture?, la cosa promete. Las expectativas eran prometedoras, ¿pero serían capaces de seguir una progresión lógica, sin ninguna falla y pinchazo? Creo que sí. Una vez escuchado Endless Scroll (2018) confirmabas que el olfato no ha fallado. Son catorce canciones que juegan con el post-punk y el art rock, mezclando auténticos mazazos de ritmo y otros temas más sinuosos.

Siguiente paso: ¿cómo sería el directo? Bodega llegaba a Madrid con un cierto halo de precaución. Esa incertidumbre que a veces va con eso que ansiamos tanto y que el concierto tendría lugar en la sala 0 (que tras el concierto de Cloud Nothings suscitó dudas) no eran buena compañía… pero simplemente se quedó en un fantasma. Desde los primeros acordes, Bodega confirmó lo que nos imaginábamos: su propuesta nos va a dar grandes momentos.

Decir que se crecen en el escenario es quedarse corto: en cierto modo le dan una vuelta a la formación clásica, consiguiendo una potencia adictiva. ¿Por qué? La percusión es la clave: segmentan la batería y se centran en los toms y en el hi hat. Por un lado, Tai Lee se hace cargo de la parte más contundente (se nota que formó parte de STOMP): con sus mazas parece convertir su interpretación en algo ritual; por su parte, Nikki Belfiglio nos sorprende con su menuda presencia en el centro del escenario, un espacio que se gana: hace virguerías con la baqueta y el plato, mientras canta y maneja los samplers.

No obstante, en ningún caso hacen sombra al resto. Ben Hozie, voz y guitarra, se complementa a la perfección con Nikki: tiene un fraseo airado que parece revolverte con cada tema. El bajo de Heather Elle y la guitarra rítmica de Madison Velding-Vandam parecen quedar en un segundo plano, pero ni mucho menos, teniendo en cuenta que es un grupo en el que el ritmo es el ingrediente esencial. De esta manera, el quinteto logra un sonido contundente y sofisticado, con una puesta en escena que te cautiva. El pecho te retumba, el mensaje se hace notar en forma de diálogo entre ambas voces. Cualquiera de las canciones conseguía una personalidad propia en directo, pero quizás destacaron “Jack in Titanic”, por su mezcla de medio tiempo y sarcasmo, y “Name Escape”, el tema más airado, que parece abotearte con el estribillo (de hecho, para esta canción, Ben Hozie prescinde de la guitarra).

El público no les quitaba ojo e incluso se lanzaban a acompañarles con algún ligero movimiento. Quizás era algo frío, pues al escucharlos da la sensación de que se podría desmadrar más, con más de un pogo a lo largo del concierto. Fue necesario un par de bises, intensamente pedidos con aplausos y gritos, para que se montara alguno. Puede que la novedad y la expectación tuviera al público algo cohibido, pero creo que, después de lo que vimos y vivimos, más de uno querrá que vuelvan. Más discos y más conciertos así, por favor.

Por último, no debemos olvidarnos de la sala 0. Esta vez no hubo los severos problemas que comentábamos al principio y se podría decir que fue algo ocasional lo de aquella noche. Otros conciertos en los que hemos estado no los han tenido, y a la vista de la programación que tiene, lo que está claro es que la sala 0 tiene voluntad de sobresalir. “Castigarles” por aquello puede hacer que nos perdamos grandes citas.

Fotografía de Titouan Massé.

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