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Entrevista a El Grajo: El reflejo de lo que hay

Por Ana Rguez. Borrego 0

entrevista a El Grajo

Algunos tenemos la sospecha de que el disco de El Grajo va a dar mucho de que hablar este año. “Que te mejores” prometía, pero “Un proceso lento” nos dejaba claro que la cosa iba a tener enjundía. Efectivamente, tras escuchar las diez canciones de este trabajo homónimo te dices “otra vez“, porque tienes la sensación de que quedan matices por descubrir. El Grajo (Sonido Muchacho, 2019) es un disco con mucho sentido, todo un ejercicio de sinceridad y reflexión que lo hace jodido a la vez que maravilloso. Como el mismo Marcos Rojas comentaba antes de comenzar la entrevista “quería reflejar lo que había“. Y lo ha conseguido.

El próximo viernes 12 de abril estará presentando el disco en directo, en la sala El Sol, junto con Amparito. Después de haber visto su primer concierto en la Moby Dick, acompañado de los músicos que le acompañarán, no podemos más que recomendároslo (las entradas están a la venta en ticketea), y desear que vengan muchas más fechas.

Charlar con él hace que el disco tenga aún más sentido, así que poco más se puede añadir. Pasemos a la entrevista 😉

La pregunta inevitable, que te va a hacer todo el mundo: ¿por qué El Grajo? En alguna entrevista has mencionado el tono de voz, pero no deja de ser un animal que tiene una cierta simbología.

Yo siempre he identificado los córvidos, o sea el grajo, el cuervo de Poe, como animales de mal agüero, de mala suerte. De hecho, está el dicho de “cuando el grajo vuela bajo…” para referirse a un día en el que hace mucho frío, como hoy… Y yo soy una persona muy muy pesimista, muy ceniza. Soy un cenizo, me lo decía mi madre… y todo el mundo: soy una persona que siempre piensa en lo malo, en el mal augurio. Entonces es un poco por eso, no es por mucho más.

Me gusta también la resonancia del nombre. Suena desagradable.

Desde el principio me acordaba del poema de Poe, porque al fin y al cabo es de la familia.

Claro, es como llevar El Cuervo de Edgar Allan Poe a un escalón más bajo, más cutre, más de aquí.

Más allá de las connotaciones del animal, al escuchar «Canción del Grajo», me hacía pensar si también era realmente todo un personaje que creabas y en el que te reflejabas de alguna forma.

Es un resumen conceptual más que otra cosa. El personaje no soy yo. Hay cosas que sí pero otras… Yo no he estado en la cárcel, por ejemplo, ni nada de eso.

Eso me imaginaba que no, no me salían las cuentas.

Aunque podría haberlo estado: he estado muchos años desaparecido por ahí 😉

Es un resumen conceptual del disco, de mi forma también de contar historias. Me encantan ese tipo de historias que hablan sobre el desarraigo, porque yo sí que siento desarraigo, aunque no sea ese personaje ni sea mi alter ego.

Pero más que un desarraigo físico, relacionado con el origen, la tierra, que es lo con lo que suele relacionarlo la gente…

Es emocional.

Claro, eso te iba a decir, lo veo como desubicado dentro de la sociedad.

Sí, es desubicado, confuso… Soy una persona que en muchos momentos de mi vida he estado confuso. Cuando hice esta canción, este disco… bueno, y aún, ahora un poco menos quizás, pero estaba bastante confundido con muchas cosas. Tenía bastantes desengaños con el resto de la humanidad, con la gente, con algunas personas. Cierta desconfianza hacia la raza humana.

Tiene cierta lógica con lo siguiente que te iba a preguntar, que era sobre cómo componías. Al escuchar todo el disco, detecto una cierto poso existencialista o nihilista; eso y la complejidad de las letras me hacía pensar si tenías formación en filología o filosofía.

Sí, sí. Yo siempre he leído mucho novelas, ensayos… Pero en estos últimos años, uno o dos, sólo leo filosofía, y es la disciplina que más me interesa últimamente, en cuanto a lecturas… Bueno, estoy filosofando conmigo mismo las veinticuatro horas. Intento conocerme mejor, conocer lo que me rodea. Por eso las letras tienen mucho que ver con la filosofía, mucho, mucho.

Pero como ya te he comentado, soy una persona muy negativa. Últimamente intento ir más hacia lo positivo, pero me cuesta mucho.

En cuanto a las letras, si las hago antes o después que la música… soy un caos componiendo. Soy muy anárquico. Normalmente lo que tengo es un concepto de canción. Por ejemplo, “Un proceso lento”, que es una canción que me gusta mucho, yo tenía un concepto, sabía lo que quería comentar, y ese concepto lo desarrollo en función de los fraseos que tengo, con la guitarra… es muy difícil cuadrarlos, decir exactamente lo que quieres en algo de tres o cuatro minutos. Es muy complicado. Hay letras con las que me he tirado un mes, y son tres estrofas.

Fácil no me parece porque no me son letras simplonas ni a nivel conceptual ni a nivel léxico. Además, usas palabras que no suelen ser comunes, como ocurre por ejemplo en “Vendrán más años malos”, que usas el término ‘torbo’.

Bueno, en ese caso es que se trata de un poema de Rafael Sánchez Ferlosio, que de hecho ha fallecido esta semana. Una casualidad un poco funesta que justo salga el disco y ocurra. Me enteré el otro día, que me escribió mi hermano. Tenía mucha admiración por él.

Me pareció adecuado que con una canción – bueno, muy raro – tipo rockabilly, meter un poema de Ferlosio, que odiaba el rock n’roll y cualquier tipo de atisbo de modernidad en la música. Pero bueno, es de otra generación.

El disco lo grabaste en agosto, pero la parte de la mezcla y masterización fue la más complicada, hasta que llegaste a Carlos Hernández Nombela. ¿Qué aportó él a tu trabajo?

El disco lo grabé yo solo con un chico, Ojo, en un estudio en Usera, que era la primera grabación que hacíamos en ese estudio. Estábamos los dos un poco verdes. También yo estaba en una situación vital, cuando grabé el disco, muy mala. Porque no tenía dinero, tenía que saltar cada día para ir al estudio al metro, los dos comiendo sardinas… una cosa muy precaria.

Al hacer un disco tú solo, tienes que estar pendiente de todos los detalles, tocar todos los instrumentos… Yo tampoco soy un gran instrumentista, me puedo defender de cara al directo, me gusta tocar la guitarra, pero no soy un arreglista increíble. Entonces fue un trabajo extra para mí. Estaba un poco nervioso porque creo en estas canciones y mi preocupación siempre era si no lograba transmitir la emoción, o acercarme más o menos a ella.

Estaba nervioso y quizás algunas tomas no estaban tan bien. Y Carlos Hernández aportó profesionalidad, porque él trabaja muy rápido, era muy fácil la comunicación con él, yo le explicaba algo y él lo comprendía de una forma que con otras personas no me sucede. Hubo una química y creo que ha ayudado a que el disco salga adelante, porque hubo una época que yo dije “uf, no me gustan las mezclas anteriores“; empecé a estar inseguro y me decía “uf, como no lo coja alguien el toro por los cuernos, no sale esto“.

Me lo preguntaba también un poco al hilo de “Un proceso lento”, de los violines que aparecen al final. ¿Era una idea previa tuya o una sugerencia de él?

Para mí es una canción muy importante dentro del disco. El disco tiene para mí tres o cuatro canciones muy importantes y una de ellas es ésta. Por todo, porque además es un tema que tiene dos narradores diferentes, que puede dar pie a confusión porque no juzgo. No me gusta juzgar en las canciones, no me gusta insultar a la inteligencia del oyente. Me acuerdo que hay una canción similar de Fernando Alfaro, que se llama “En la mente del monstruo”, pero ya el mismo título está juzgando. Pero en esta no digo nada. Utilizo palabras de otras personas, excepto la frase final.

Y lo de los violines lo tenía claro desde que la grabé con el iPad, porque puse, no sé por qué, que me pedía violines, y fue un terceto de cuerda allí a hacerlo. Fue la hostia. Yo ahí, en plan director de orquesta. Fue divertido.

Pasando ya a las letras, más allá de lo que se haya comentado previamente, si atiendes bien, se observa que todas ellas, de alguna forma o otra, hablan de la depresión, o de problemas psicológicos varios.

Todas tienen ese punto. De hecho, pensaba acentuar aún más ese denominador común de la enfermedad mental. Pero finalmente he dejado fluir un poco. En principio pensaba que fuera más temático, sobre la enfermedad mental, la depresión, la paranoia…

De hecho, casi toma como cuerpo. De primeras, podría parecer que es una mujer, por el género de la palabra, pero es más bien un personaje alegórico.

Totalmente. Por ejemplo, la canción de “Que te mejores”, toma el personaje de una mujer pero es la depresión que está ahí. Sí, yo creo que toma cuerpo al saber un poco hacia dónde va encaminada la intención de las canciones.

entrevista a El Grajo
La Pesadilla, Füssli

De hecho, esa canción me recordaba a un cuadro de Füssli, La pesadilla. En él aparece un monstruo que oprime el pecho, que es la propia pesadilla. En cuanto al caballo, algunos críticos hablan de pulsiones sexuales, pero yo creo que tiene más relación con la mitología, con la cultura micénica, y que es un psicopompo, un animal que conduce a los difuntos.

Psicopompo, esa palabra… Me acuerdo que hace muchos años escribí un poema y metí esa palabra con calzador, y lo envié a unos cuantos concursos. Pero no funcionó muy bien 😉

No lo conocía, pero me encanta, me mola mucho.

Me recordó porque me parece que todos esos problemas te oprimen.

Sí, pero lo peor es cuando esto es así pero no estás dormido. Eso condiciona tu vida social, tu vida sentimental… lo condiciona todo. Esto es una cosa que sí me ha pasado a mí porque yo tengo depresiones desde hace muchos años y lo intento llevar lo mejor que puedo a veces, pero otras no puedo. 

Tiene que ver, no lo quería esconder tampoco.

Yo creo que la depresión o se esconde o se banaliza. A veces se menciona muy a la ligera y no creo sea así.

Bueno, a ver, yo lo llevo de una forma natural porque no es una cuestión que sea un caso aislado. Hay muchísima gente con depresión y que no lo normaliza. Es como “ay el loquito“, “ay no sé qué“… No, es una persona que tiene una enfermedad, más o menos grave. Yo creo que hay enfermedades mentales… bueno, la depresión es jodida, pero hay otras muchísimo peores. Pero, bueno, la depresión puede desencadenar otras enfermedades peores. Puedes tener brotes, rasgos esquizoides…

Recuerdo el caso de una amiga, con la que trabajaba, que tenía serios problemas de ansiedad, tanto que necesitaban tratamiento. Y era un asco porque casi nadie en la oficina alcanzaba a comprender lo que implicaba.

Yo respeto siempre muchísimo a cualquier paciente mental. Porque no es igual que si tienes un brazo roto, que todo el mundo lo ve. La gente da por hecho que tú tienes que seguir unos códigos de comportamiento, unas pautas normales, pero no saben realmente lo que está pasando dentro de tu cabeza. A lo mejor tú, en una situación normal, ves a dos personas charlando amigablemente, pero a mí me ha pasado mucho que yo percibo una tensión, una agresividad, que no existe quizás, que sólo existe en mi cabeza. 

Entonces, claro, a veces eso condiciona cualquier tipo de relación, hasta en la cosa más común, como ir a pedir un café. Bueno, estoy exagerando…

Puede, pero hay situaciones y situaciones, porque como además ahora todos tenemos que ser superfelices, abiertos, perfectos… Salirte de esa pauta, hasta si eres tímido, es un trauma.

Por eso en las canciones no quería ocultarlo. Ahora siempre ocurre, sobre todo con esto de las redes sociales (ahora que hace poco me he abierto Instagram, lo veo): es un mundo artificial, estúpido muchas veces. Está comprobado: si tú haces un post con un tema espinoso o pones alguna frase que denote que estás bajo de ánimo, tú no tienes likes; los tienes cuando pones una frase que es lo contrario, una foto medio en bolas… Yo con mi música no quiero que suceda eso, quiero que sea natural, que refleje un sentir, y así será.

Sé que quizás es menos comercial así, pero bueno…

También me planteaba que el escribir sobre todo ello, ¿te servía como terapia, como autoconocimiento?

Sí, sí, completamente. Y cuando estás escribiendo sobre ello, duele también. Estás sufriendo, y cuando las acababa sentía un alivio increíble. Me acuerdo que, con algunas canciones, salía al parque, al Retiro, porque vivo cerca, a tomar el aire, y decía “joder, ya la he acabado, ya está“. Es un poco como un exorcismo también, como cuando uno va al psicólogo: tú hablas y el mal sale.

Por experiencia propia, me da la sensación de que, cuando exteriorizas esos problemas, salen fuera y parece que lo estás viendo, que así te enfrentas un poco a ellos.

Sí. Yo sabía, por ejemplo, que cuando empezase a escribir me iba a meter en un berenjenal dentro de mí, porque era una decisión premeditada el hacer el disco: me propuse antes del verano, desde enero, componer un disco de doce temas (de los cuales he descartado dos), así que me puse unos plazos para cada canción, que cumplí más o menos. Pero cada vez que compongo algo, incluso algo que suene un poco nimio, me meto en un berenjenal. Siempre me ha pasado, siempre remueve mucho cuando sacas algo, si lo que sacas realmente, lo que quieres sacar, es algo honesto. Si es algo superficial, me imagino que no removerá tanto. Pero en mi caso sí que remueve, y tengo claro que, ahora que voy a volver a componer canciones, me van a remover cosas.

En el fondo, yo creo que cualquier obra artística siempre remueve algo.

Sí, sí, eso es indiscutible. Pero bueno, hay que asumirlo.

La depresión es el tema principal, pero también se detecta, que ya lo hemos comentado antes, una especie de sentirse al margen, si no de la sociedad, de lo establecido.

Sí, pero también es un canto. Puedes sentirte al margen pero es un dolor que quieres tener, porque a veces te sientes orgulloso de ello, que es una cosa extraña. A veces me ha pasado pero no porque me crea superior sino porque…

¿Porque te sientes auténtico en el fondo?

No, porque me cuestan mucho las relaciones sociales: siempre he sentido… rechazo, es la palabra. Entonces es un canto de solidaridad para posibles rechazados del mundo, o inadaptados, que puedan sentirse identificados con esas letras.

Mencionaba lo de la autenticidad por la frase de “estoy contento de no ser como vosotros“, porque parece que la gente tiende a hacer lo que hace todo el mundo, y casi es necesario pedir que se vaya contracorriente, que se piense.

Pero te trae muchos problemas. A mí me ha traído muchos muchos problemas, verdaderos quebraderos de cabeza el intentar evitar la hipocresía y darle a mi vida una coherencia con mis creencias. Me ha costado muchas discusiones, muchas cosas, porque a veces tienes que ser demasiado sincero. Bueno, todo esto lo engloba la canción de “Un proceso lento”: habla de dos opciones, tomar la vida con un cinismo, con una falsa seguridad, o tomar la vida con honestidad, sinceridad… el camino más duro, digamos.

El paisaje castellano parece que se convierte en un personaje más, ¿puede reflejar un sentimiento, un modelo de vida anticuado…?

Para mí es imprescindible. Siempre, en todas las canciones, pienso en el paisaje castellano, porque yo he nacido en un pueblo de la España profunda, y La Mancha tiene mucho que ver con el vacío existencial: es un sitio vacío, baldío, en el que no hay completamente nada en kilómetros. Digamos que hay cierto retroceso cultural, de infraestructuras. Es un sitio un poco dejado a su suerte, pero también tiene cierta… gracia, romanticismo. Esos espacios abiertos, que curiosamente son gigantescos pero que son más bien opresores, más que una callejuela de aquí, de Lavapiés. Siempre, siempre lo tengo presente, porque tiene mucho que ver con mi infancia. Yo sueño constantemente con Toledo, con Castilla. Entonces sí es un muy importante: de hecho todas las canciones están contextualizadas ahí, aunque yo haya estado viviendo en otros sitios, o ahora viva en Madrid. Además, precisamente, hay un disco que me ha inspirado muchísimo que es Nebraska (1982) de Bruce Springsteen. Es un disco minimalista, extrañísimo en la carrera de este hombre que, bueno, a mí es que no me gusta, pero este disco sí. Y habla sobre Nebraska, un sitio inhóspito, y establece un paralelismo con un estado de ánimo.

De hecho, cierras con la canción de «Otro Toledo», que ya has comentado alguna vez que te gustaría que fuera un single, con video. No me extraña, pues es un tema muy visual, que a mí me recordaba un poco a la visión nocturna de El Greco.

Esa canción es un sueño. Muchas son sueños que tienes, son alucinaciones. Toledo es una ciudad que es un remanso, si paseas por allí tiene una energía… para mí muy positiva. Recuerdo cuando, no sé, antes de irme, en la adolescencia (porque yo estudié allí), paseaba por el casco, por el centro: es muy inspiradora. Lo que pasa es que también es como todo: existe en la canción un amor-odio, un principio de contradicción, porque si te das cuenta en la letra de la canción está exaltando la ciudad, digamos que es una loa a Toledo, pero luego en el fondo digo que las primaveras son como de funeral, porque es una ciudad militar…

Y “12 meses tienes el año, 9 de invierno y 3 de infierno“…

Ese es un dicho que decían en mi pueblo, porque en Castilla esos tres de infierno es el verano, que es infernal.

Es una loa a una ciudad, pero especial: no es todo de color de rosa.

Desde mi punto de vista, el problema que le veo ahora mismo a Toledo es que cada vez hay más turistas.

Ahora, de hecho, una empresa francesa va a hacer un parque temático, y yo estoy en contra de estas historias porque se está convirtiendo… museo de instrumentos de tortura, museo de los templarios, el museo de no se qué… son chorradas, pero hacen que esté llena de turistas, que hace que sea una ciudad tipo, de cartón piedra. Y ya está empezando a haber una especulación grande con los pisos turísticos y todo esto, en el casco, que siempre es un sitio supersilencioso, para pasear. Lo que pasa es que veo que el turismo se concentra en tres calles; luego hay sitios, por ejemplo la Judería… Lo bueno que tiene Toledo es que hay sitios, siempre encuentras alguno nuevo, aunque seas de allí, aunque hayas ido muchas veces.

Yo he tenido esa sensación en Granada, porque tiene ese tema un poco místico, no sé si un poco sugestionado, porque sabes que es una ciudad con historia, o lo que sea… Y también en Santiago de Compostela: cuando fui, me recordó un poco al rollo de Toledo. Me gustó mucho.

El amor, que suele ser un tema habitual en la música actual, en este disco tiene poca presencia. Bueno está “Amor de segunda mano”, pero es más bien desamor.

Sí, bueno, es lo que te hablaba antes del rechazo. Es un tema que no es autobiográfico, no es que me hayan puesto los cuernos ni me he visto en esa situación ni nada, pero lo hice pensando en que mucha gente se podría sentir identificada con eso. Es, más que nada, transmitir una emoción, una sensación de rechazo, pero a la vez cierto orgullo porque el personaje luego va diciendo “me has hecho esto pero…” Es una construcción curiosa, es un tema muy atípico.

El que se me desubica un poco es “El poder de tus manos”. He pensado si era de amor, pero luego me he planteado si se habala de pseudoterapias…

Es una canción que creo que es la mejor letra del disco. Es también una historia, pero me pasa igual que con “Acuérdate”. Cuando estaba componiendo el disco, le decía a mi compañera de piso “tú escúchala y me dices de qué va“. Y no sabía decírmelo. “Pero si está clarísimo“.

Habla de la eutanasia, de una persona en concreto, de un señor mayor que me ayudó en su día, porque era psicólogo. Es una alucinación mía que tuve sobre ese hombre, que daba un paseo por un Madrid distópico, y es su último paseo antes de morir. La muerte se la administraba su enfermera. Así que es una historia pero, bueno, tiene muchas otras interpretaciones. Se puede interpretar de muchas maneras pero en principio nació como una historia de fantasía.

Más allá de la presentación en Madrid y del concierto de Valladolid y del Monkey Weekend, que ya se han anunciado. ¿Qué planes hay con el disco?

Toco en Madrid, para presentarlo el día 12 de abril, en La Sol. Tocamos en Valladolid (27 de abril), en Valencia, en el Monkey Weekend, en otro par de festivales que creo todavía no se podrán decir hasta que anuncien el cartel, y tenemos pensado tocar en más ciudades a raíz de que salga, claro. Porque también yo no soy una persona… vengo, como digamos, de la nada: he sacado el disco y me imagino que la gente se tendrá que enterar de que sale y, bueno, le tendrá que gustar.

Yo espero tocar y presentarlo como dios manda. Nunca he presentado un disco bien. Todo lo que he sacado ha sido con problemas, pasaban unas cosas, otras…

Para cerrar, ¿podemos decir que Los Claveles te pesan de alguna manera?

Pero eso yo creo que se va a olvidar pronto con este nuevo proyecto.

Hombre, no se me parece… 

¿No se parece?

Quizás en el sonido sí…

Pero se nota que lo ha hecho la misma persona. Yo creo que es una continuación. Me lo tomo como una obra, que son piedras que vas poniendo. Eso fue una piedra que puse hace tiempo, ahora viene otra, y luego vendrá otra. Y cuando ya se acabe mi vida, pues ahí quedará toda la construcción.

Pero no me pesa. Al principio me jodía, pero mientras pueda seguir sacando material… Creo que este material tapará lo otro, o lo complementará de una forma coherente, con lógica.

La sensación es que es más introspectivo.

Ha sido en este caso, pero no he perdido tanto. De hecho, ahora estoy escribiendo más canciones, y cambiará un poco el asunto. Esto es un disco concreto que he hecho, que quería que fuese así, que tratase estos temas. Pero en próximas entregas, pues habrá otros…

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Fotografía de Nieves Solano

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