Crónica del Mad Cool 2019: Este año sí

Por Javier Benítez 0

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La cita madrileña reúne a más de 185.000 personas durante sus cuatro días de fiesta.

Miércoles 10. Welcome Party

El miércoles nos acercamos al recinto de Valdebebas para la llamada Welcome Party, ese día extra que la organización del festival anunció después de que se hubiera confirmado el grueso del cartel. No estaba seguro qué podía encontrarme en esa particular apertura, ya que no acababa de ver que alguien pudiera añadir un día más de festival a sus agendas. Está claro que estaba subestimando el poder de Rosalía. Obviando los problemas logísticos para la gente que trabajaba, y/o venía de fuera de Madrid, la cosa salió mejor de lo que podríamos haber pensado de primeras.

También nos encontramos nosotros con un pequeño problema logístico: mientras que el año pasado se podía llegar a Valdebebas en Cercanías desde casi cualquier sitio de Madrid, este año era obligado un transbordo en Chamartín, lo que ralentizaba el trayecto mucho. Todo a causa de unas inoportunas obras, por otro lado habituales en el verano madrileño.

Un primer contacto con el recinto nos causó una buena sensación. El césped artificial seguía ahí, había muchas barras y una buena proporción de camareros y trabajadores varios. También había fuentes de agua y ventiladores, que serían muy apreciados en las tardes venideras. Tuve un presentimiento optimista. “Este año sí”, pensé. Confié en que esta edición saldría adelante con muchas luces y pocas sombras, dejando atrás los problemas de años anteriores. Creo que, en su mayor parte, acerté.

Metronomy por Ignacio Sánchez-Suárez

A las siete de la tarde empezaron a tocar los que serían el primer plato fuerte de esta jornada, los ingleses Metronomy. Comenzaron con una impagable introducción, tocando “Boys Racers” mientras cada miembro de la banda se presentaba y nos hablaba de las cosas que le gustaba hacer. Alternaron temas conocidos como “The Bay” o “Love Letters” con otros temas nuevos que saldrán con su próximo disco en septiembre. Casi todos los temas nuevos dejaron un poco frío al público, salvo el single “Salted Caramel Ice Cream”, que con su ritmo al estilo “Funky Town” hizo a la gente bailar y cantar. Dejaron para el final el riff de teclado interminable de “The Look” y una curiosa outro muy guitarrera.

Había expectación por ver a The Cat Empire, esa banda que, volando bajo el radar, llena las salas en España cada vez que viene de visita. El comienzo fue arrollador con los hits “Kila”  y “Brighter than Gold”. La comunión entre banda y público estaba servida, y la fiesta no decayó en ningún momento. Duelos de trompetas, derivas caribeñas y ska por un mundo mejor. Músicos como la copa de un pino y sonrisas de oreja o oreja, como la de Depedro, amigo y colaborador de la banda, que salió para cantar y “ayudar con el español” a Felix Riebl, el cantante principal. El final con la más intimista “Steal the Light” nos dejó con ganas de mucho más.

Te guste más o menos, uno debe reconocer a una estrella cuando la ve. Entre el griterío ensordecedor, Rosalía salió al escenario a esa hora mágica de los festivales, cuando el día va muriendo poco a poco y la luz es mucho más amable. Abrió con “Pienso en tu Mirá” y ya supimos que ella sería nuestra capitana y guía durante la próxima hora. Con respecto a la banda, El Guincho toca percusiones y lanza la música pregrabada (que aún así dio algún problema al principio de la actuación), y las bailarinas escoltan a Rosalía por momentos, dejándole todo el protagonismo en otros. Pero el gran acierto es el cuadro flamenco de cantantes y palmeros ubicado en el borde del escenario; convierte su actuación en algo único. En cuanto las canciones, pues ya sabéis: “Con Altura”, “Barefoot in the Park”, un tango a capela, guiños a Las Grecas y fin de fiesta con “Malamente”. Rosalía es guapa, lista y maja. Rosalía es una megaestrella. Rosalía, Rosalía, Rosalía.

Rosalía por Ignacio Sánchez-Suárez

El concierto de Lykke Li fue correcto, sin más. No había demasiado público (probablemente la gente había ido a cenar después de Rosalía). así que pude disfrutarlo en las primeras filas, pero no llego a transmitirme demasiado. Sin embargo, a mi alrededor parecía haber verdaderos fans de la sueca, cantando muy entregados, así que probablemente era cosas mía.

Con este sentimiento agridulce me dirigí al escenario principal a participar en el fin de fiesta bañado en fuego que impusieron los británicos Bring Me the Horizon. Alejados ya de su sonido metalcore, aunque cayera “The House of Wolves”, Oliver Sykes y sus colegas se dieron un baño de masas repleto de guiños a sus seguidores con varias bajadas a las primeras filas, una de las cuales acabó con Oli subido a la grada de la torre de sonido mientras cantaba “Nihilist Blues”. Con la vista puesta en sus dos trabajos más accesibles y coreables (That’s the Spirit y el reciente amo) el bolo de los de Sheffield se convirtió en un karaoke frenético donde bailarinas, chorros de humo y fuego fueron perlas dentro de un show medido. El cierre con “Drown” y “Throne” fue para guardarlo en las retinas.

Jueves 11

La Dispute por Ignacio Sánchez-Suárez

Menuda sorpresa La Dispute. Tenía ciertas expectativas con esta banda (no en vano hablamos de ellos en nuestras recomendaciones), pero las superaron por completo. Con el sol todavía en nuestras nucas, La Dispute empezaron su actuación en la tarde del jueves, ajenos a la elevada temperatura y al, en principio, poco público que se congregó. Nos sumergieron en el opresivo entorno de su último disco, Panorama, y nos trituraron con sus canciones instaladas en el angst y la desesperanza. Con todo eso, me pregunto por qué salí sonriendo de aquel concierto.

Os propongo un juego. Visualizad a una persona de 72 años. Ahora pensad en Iggy Pop, que esa es la edad que tiene exactamente. Menudo personaje, Iggy. Lo había escuchado toda mi vida, pero nunca lo había visto en directo, y he de decir que es justo como me lo imaginaba. Un punk anciano desafiando a la edad, que no va a cambiar a estas alturas simplemente porque hayan pasado algunas décadas. Entró a lo grande gritándole a la gente y haciendo aspavientos con unos ladridos de fondo. Después, claro, “I wanna be your dog”. Los himnos “Lust for Life” y “Passenger” salieron quizás demasiado pronto, pero Iggy se encargó de que aquello no decayera. “Search and Destroy” sonó potente, y en la recta final nos quedamos con “No Fun” y “The Jean Genie” de su amigo Bowie. Después de tantos años, para mí mereció la pena la espera.

Cambiando totalmente de tercio, fuimos a ver al cabeza de cartel oficial del jueves. Con Bon Iver siempre me ha pasado una cosa; creo que su música es básicamente intimista y no acaba de cuadrar en el escenario principal de un festival. Y esto trae consecuencias: la primera es el público tipo de un festival, en parte maleducado y en parte borracho, que cuando la canción es pausada se pone a hablar literalmente de cualquier cosa. Y que, por cada uno que mandes callar, saldrán cien más. El otro efecto es que, en un afán compensatorio, el sonido de las partes más fuerte se vuelve atronador, pero también molesto. No veo normal que estando en la fila 60 aproximadamente, te vibre el esternón cada vez que suena el bombo, o sientas ese extraño cosquilleo en los pies con algunos sintetizadores. ¿Es posible que los técnicos de sonido se estén flipando un poco? Pero claro, Bon Iver tiene canciones más grandes que la vida. El mal humor desaparece si toca “Holocene”, y para cuando suenan “Perth” o “Creature Fear” ya te has reconciliado con el mundo. Sonaron algunas nuevas como “Hey, Ma”, bastante en la onda de su último disco. Y para terminar, “For Emma”. Nada mal, oye.

The Hives por Ignacio Sánchez-Suárez

Y ahí estaba el bueno de Perry Farrell, acompañado por su Kind Heaven Orchestra, con ese saber estar y esas tablas que te dan el haber pasado casi toda tu vida en un escenario. Un auténtico figurín por el que no pasan los años, o pasan de una manera algo más alienígena. Pero había un problema. Perry estaba afónico. Pero vamos, que incluso cuando hablaba estaba afónico. Le acompañaban tres cantantes más (su señora, una de ellas) y una banda de lujo, y entre todos consiguieron sacar aquello adelante, más o menos. Muchos temas de su notable último disco, Kind Heaven, y alguno de Jane´s Addiction (“Jane Says”, “Stop!”) nos dejaron un sabor agridulce.

Ya bien entrada la noche salieron The Hives dispuestos a arrasar. Comenzando con “Come On” y “Walk Idiot Walk”. Parece que no han acusado la relativa inactividad de los últimos años, y el concierto fue un despliegue de energía rockanrolera. A destacar el extraño pero efectivo español de Pelle, que nos deseó buenas tardes a la una y media de la madrugada y nos preguntaba a menudo “¿cómo se ve mi pelo?” Un final de concierto algo prolongado (para un concierto tan corto), pero con una buena comunión con el público, con Pelle bañándose en multitudes mientras todos cantábamos “Tick Tick Boom”.

Y qué decir de The Chemical Brothers. Ya sabéis cómo va. Le das a un botón, y tienes musicón y visuales de la leche. Fiesta asegurada hasta el cierre.

Viernes 12

Y en mitad de la ola de calor, emerge ella triunfante, nos referimos a Sharon Van Etten. Es curioso ver a una artista tan querida, y además, en un gran momento como éste, en un escenario grande pero semivacío (cosas de la programación). La banda que lleva Sharon funciona a la perfección con alguna guitarra por momentos, pero normalmente basada en batería, bajo y sintetizadores. Sharon, a veces al piano o a la guitarra y otras sacando toda la garra de frontwman en el borde del escenario, nos recuerda la razón por la que se ha convertido un referente en la escena festivalera. En la primera parte de la actuación sonaron principalmente temas de su reciente Remind me Tomorrow, aunque dejó “Seventeen”, una de las canciones del año, para el final. Esto mezclado con alguno de sus clásicos modernos, como “All I can” y “Every Time the Sun comes Up”, nos dejó satisfecho y con la sensación de que haber aguantado los 39 grados había merecido la pena. Como anécdota, me pareció entender que había dicho que saldría a cantar con The National (buenos amigos suyos) un rato después, pero para mi decepción no fue así.

Miles Kane, liderando a su cuarteto, nos brindó un concierto lleno de garra y melodías de primera. Impagable el aspecto de Miles al salir al escenario, como de estar recién llegado de un safari fotográfico. Impagable también la versión de “Hot Stuff” de Donna Summer (sí, la canción de Full Monty). En lo musical, sé de unos cuantos que se desgañitaron cantando “Rearrange” y “Come Closer”.

The National por Ignacio Sánchez-Suárez

Al plantear el concierto de The National me encuentro con un problema. El último disco de The National es ahora el penúltimo, porque resulta que sacaron uno nuevo el mes pasado. El que escribe se enteró hace unos días y, sabiendo además que esta nueva gira se centra en ese nuevo disco, I’m Easy to Find, intenté ponerme al día, con más o menos éxito. Y llega el concierto que me sirve para constatar que el nuevo disco funciona como obra conceptual (película incluida), pero que las nuevas composiciones languidecen comparadas con, por ejemplo, “Don’t Swallow the Cap”, “Fake Empire” o “Terrible Love”. Por lo demás, una extensa banda incluyendo las voces femeninas de Gail Ann Dorsey y Lisa Hannigan. Matt muy energético, bebiendo menos que otras veces, pero se empeñó en hablarnos como si fuéramos de Arkansas, así que normalmente se entiende una pequeña parte de lo que dice. Yo por lo menos.

Por fin pude ver a The Smashing Pumpkins. Creo que este era el concierto que más esperaba del festival (razones nostálgicas supongo) y también con el que más miedo tenía. Pero todo, o casi todo salió bien. Billy Corgan cantó bien, vamos, cantó como él canta. Además, estuvo moderadamente simpático, sobre todo en la parte final. Mi otro miedo, que era que tipo de setlist iban a tocar, se disipó después de algún momento de duda. Comenzaron con “Siva”, de su primer álbum, y enseguida cayó “Zero”, primer superhit del concierto. Después hubo algún tema menos conocido, alguno del último disco (por cierto, aunque fue recibido con un poco de frialdad, qué señor tema es “Knights of Malta”). Entre estas canciones tocaron “Bullets with Butterfly Wings” para recordarnos al grupo generacional que estábamos viendo. Billy nos demostró lo buen frontman y guitarrista que es, a veces un poco demasiado teatral, pero eso era lo que habíamos ido a ver. Y en la recta final, en la última media hora, ya solo cayeron hits: “Adore”, “Tonight Tonight”, “Disarm”, “1979”…terminaron con “Today”, y todos salimos de allí contentos y aliviados de que esta banda siga viva.

Curioso fue pasar de ver a unos gigantes como The Smashing Pumpkins, en un escenario de tamaño medio-grande, a Vetusta Morla en el enorme escenario principal. A menudo pienso que esta banda tiene tantos defensores como detractores, pero en días como el viernes me hacen pensar que los primeros son muchos más. La muchedumbre allí presente (con más espacio que con los Pumpkins, eso sí) no paró de corear las canciones y bailar (los que aún aguantaran). La banda ha encajado muy bien en su setlist las canciones de su último trabajo (que tiene ya dos años. ¿Debemos esperar disco pronto?) siendo uno de los momentos más emotivos del festival cuando tocaron “La Vieja Escuela”, con su letra homenajeando a los músicos que nos han marcado y sus preciosos visuales. Lo demás, una mezcla de lo nuevo y lo viejo: “Mapas”, “Sálvese quien pueda”, “Maldita Dulzura”…una banda que no baja la guardia nunca.

Vetusta Morla por Ignacio Sánchez-Suárez

Nos acercamos a ver a Wolfmother con las pocas fuerzas que quedaban. Lo primero fue constatar que su líder, Andrew Stockdale, ha vuelto a cambiar la banda. A lo largo de los años Wolfmother ha sido Andrew y los que le acompañaran, con varias formaciones diferentes. Vamos, que por lo que se ve, Wolfmother es un proyecto de una sola persona. En cuanto al concierto, el grupo suena muy bien y muy potente. Cayeron canciones de su clásico primer disco, como “Colossal”, “Woman” (la cuarta) o “Mind´s Eye”, alternando con otros más recientes, como “Victorius”. Aún así, está claro que Wolfmother nunca se ha acercado a las cotas de excelencia de aquel disco debut, y lo saben, por lo que le dan al público lo que quieren. Una actuación energética y profesional.

Sábado 13

The Twilight Sad por Ignacio Sánchez-Suárez

Comenzaba el cuarto y último día de festival ya con muchas horas de conciertos a nuestras espaldas. Nos acercamos a la “carpa doble” de los escenarios Mondo Sonoro y Consequence of Sound, y tengo que reconocer que tendría que haber venido más a esta zona del recinto. Una carpa no muy grande que aísla y da la sensación de estar viendo los conciertos en sala, aunque con una buena apertura en el lateral que te conecta con el resto del mundo. Teníamos por delante un doble programa con The Twilight Sad en un lado y Parquet Courts, sin descanso, en el otro. Y qué decir…ver a grupos tan buenos en sitios pequeños y no demasiado llenos es un auténtico lujo. Los escoceses descargaron un set corto, de unos 45 minutos, pero pudieron demostrar lo buenos que son y las fantásticas canciones que contiene su último álbum. Comenzaron con “10 good Reasons for Modern Drugs”, y ya nos tenían en el bolsillo. Su cantante, todo un frontman entregado, además resultó ser un tipo bastante simpático, agradeciéndonos todo el rato por haber venido con su curioso acento escocés. Con el espíritu de Joy Division bien presente durante toda la actuación, se despidieron con “And she would Darken The Memory”. Ojalá hubiera sido más largo.

En el otro escenario de la carpa unos minutos después empezaron Parquet Courts. Desde el principio el público llevó en volandas a la banda: la gente coreaba los primeros guitarrazos de “Total Football” y aquello se animaba desde el minuto cero. Se vieron obligados a tocar una versión extra larga de “Dust”, por unos problemas con los teclados y los micros, pero ellos nunca dejaron de tocar, convirtiendo la canción en una extraña jam session que los allí presentes agradecieron. Y mientras seguían cayendo temas, que Parquet Courts tienen muchos y buenos, no dejaba de pensar, como dijimos en nuestro artículo de recomendaciones, que el indie era esto.

Si este festival hubiera sido una partida de póquer puede que Prophets of Rage tuviera las mejores cartas, al menos para hacer el concierto más divertido. B-Real lideraba la banda, con un pañuelo hijab y gafas de sol al más puro estilo jeque árabe, lo que provocaba que cuando hablara con su español mexicano el efecto fuera de lo más desconcertante. Chuck D estuvo en un segundo plano (quizás por razones lingüísticas) así como DJ Lord. Mientras tanto, esos tres monstruos salidos de las cenizas de Rage Against the Machine, pues simplemente hacían su trabajo. A la perfección, eso sí. Un setlist que alterna temas de los RATM, con otros propios grabados recientemente, y alguna canción de sus “otras” bandas, Cypress Hill y Public Enemy. Yo, que no soy una persona muy de hip hop, tengo que agradecer especialmente ese mix con “Hand on the Pump”, “Insane in the Brain” y “Jump Around”, probablemente mis canciones favoritas del género. Pero según avanzaba el setlist, la prevalencia de los temas de RATM era evidente, para regocijo del público. Hay que decir que ni B-Real ni Chuck D son Zach de la Rocha, así que en las canciones más metaleras el resultado se resentía, pero aquello ya no había quién lo parase. “Killing in the Name” cerró el concierto con una pancarta que rezaba “Make España Rage Again”.

The Cure por Ignacio Sánchez-Suárez

No creo que un concierto que empieza con “Plainsong” pueda salir mal. Con unos minutos de retraso The Cure, el gran cabeza de cartel, salieron una vez más a deleitarnos y llevarnos a otro mundo y a otro tiempo. El mítico Robert Smith (creo que estoy usando este adjetivo bien) con un estado físico aceptable y un estado vocal impecable, condujo a sus compañeros en un recorrido musical a través de su carrera. No faltaron “Pictures of You”, “Fascination Street”, “A Forest”…Como curiosidad, tocaron “Burn”, de la banda sonora de El Cuervo, aquella película de dudosa calidad que a algunos nos fascinó hace ya mucho tiempo. A todo esto, es necesario felicitar al coach vocal del señor Smith, porque el tipo sigue cantando igual que en 1985. Y después de una hora y media de concierto, un bis para enmarcar, que incluyó “Lullaby”, “Friday I’m in Love”, “Close to Me” y “Boys don´t Cry”. Ah, y una cosa más: si alguien que conozcáis se queja alguna vez de que los conciertos que hacen son demasiado largos, es que no le gusta The Cure.

Después fue el turno de la agradable sorpresa de Greta Van Fleet. Ya con las fuerzas justas, después de que The Cure nos absorbiera parte de nuestra alma en el escenario grande, nos encontramos con estos chicos jovencísimos que parecen salidos de El Verano de Amor. Allí estaba yo, como buen fan de Led Zeppelin, viendo a Greta Van Fleet, y tengo que decir que me encantaron. Tanto sus canciones, como su interpretación y su actitud. Mención especial a su sonriente frontman, Josh Kiszka, que parece haberse recuperado de los problemas vocales que tuvo a principios de año. Después de aquellas cancelaciones, fue un gusto tenerlos por fin aquí. Y que sean muchas más.

Carpenter Brut nos trajo Electro-metal para terminar la jornada. Batería, guitarra eléctrica y su líder, Franck Hueso, a los sintetizadores. A mí todavía me chirría que haya una canción básicamente de Hard Rock como “Beware the Beast” y suene una voz todo el rato y no haya nadie en el escenario cantando, pero supongo que es el signo de los tiempos. Especial mención a los fantásticos vídeos que proyectaban, todo un homenaje-parodia al mundo del Heavy Metal en los años 80.

Para terminar, tengo que decir que esta edición ha sido realmente positiva. Quizás haya habido algo menos gente que el año pasado, pero el no haber tenido ningún sobresalto esta vez creo que compensa. Espero que compense también para la organización. Lo peor del festival fue, quizás, la programación de los horarios en algunos momentos. Yo puedo comprender que haya solapes, pero lo del sábado fue un despropósito. Primero un solape de Mogwai – Prophets of Rage – Parquet Courts – Jon Hopkins, y horas más tarde Greta van Fleet – Rone – Robyn (esta última al final un poco más tarde por el retraso en el concierto de The Cure). Creo, sinceramente, que se puede hacer mejor. Los otros puntos negativos digamos que no son culpa de nadie. En un festival en Madrid en julio vas a pasar calor, lo que afecta principalmente a los primeros grupos de la tarde. Pero es lo que hay. Y después está el transporte hasta Valdebebas. Hay que estar preparados para idas largas (ya comenté los problemas con el Cercanías) y vueltas propias de La Odisea de Homero.

En lo positivo, una muy buena selección de grupos, y un fantástico sonido en la mayoría de los conciertos. Creo que las pantallas eran un poco más pequeñas que el año pasado, al menos en el escenario grande, pero hacían su función. Creo que el Mad Cool se ha establecido como marca, y puede que llegue a ser un referente en los festivales en España. De momento, ya tiene anunciada su edición de 2020.

Galería del Mad Cool 2019

Fotos por Ignacio Sánchez-Suárez.

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