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Crónica del festival Agrocuir: Lo rural entiende

Por Redacción EER 0

Bajo el lema de “O rural entende” [el rural entiende], Monterroso volvió a vestir sus mejores galas para recibir una nueva edición del festival Agrocuir, cuya integración entre rural galaico y el colectivo LGTBI ya está sirviendo de ejemplo en nuevas localizaciones.

Si a esto le sumas una selección musical tan bien seleccionada como en este caso, lo que nos queda es un 24 Hour Party People de pura cepa. Celebración vital en un entorno natural, ciertamente, enxebre a través del cual pudimos asistir a nueva confirmación de excelente estado de salud de la música gallega de hoy en día. Y es que no todo es Baiuca, ni mucho menos.

Ejemplos como los de MounQup, Boyanka Kostova y Laura LaMontagne & PicoAmperio subrayan la cotización al alza de una escena que no hace más que crecer. De hecho, lo vivido en la sexta edición del Agrocuir fue una verbalización en toda regla de esta realidad. Y quien hizo los honores de lanzar la alfombrilla roja hacia esta verdad no fue otra que MounQup. Y es que la residente más famosa de Saumede no tuvo más que tirar de su imponente presencia escénica para atrapar en sus redes al respetable, que tuvo la suerte de vivir una nueva demostración de esta francesa adoptada por el rural galaico. A través de sus venas, corre la sangre rítmica del tribalismo. Pura abstracción cubista sobre la que alimentar su dicción ondulante de melismas björkianos y profusos relieves de felino lirismo afrancesado. Entre sus recuerdos a las dinámicas sónicas de gigantes como The Knife y Tune-Yards, MounQup desplegó un reguero de inspiración donde el latido de la tierra se mezcla con el magnetismo de su exótica propuesta.

Sin llegar al nivel de la francesa, Boyanka Kostova irradiaron una brillante paleta de trap multicultural. De la cumbia electrónica al recuerdo del hip hop abstracto de los noventa, lo suyo fue todo un viaje entre las diferentes vetas que evaden la cadencia rutinaria del trap, en general. Si a esto le añades su humor retranqueiro y una buena dosis de lisergia lírica, lo que nos queda es uno de los grupos más excitantes de la actualidad en terreno nacional.

Eso sí, para revelación, o debería decir “confirmación”, Laura LaMontagne & PicoAmperio volvieron a reivindicarse como uno los tesoros mejor guardados del universo pop actual. Ataviados de blanco vértigo, su puesta en escena fue tan radiante como heterodoxa su formulación de los extremos que funden electrónica y acústico. Bajo su mirada bipolar, operaron a corazón abierto en la tradición de las cantigas, al mismo tiempo que paseaban a modo hip hop de la mano de Fernando Pessoa. Su viaje levó anclas del Atlántico a la Alhambra de Granada, mientras aromas indios trufaban el latido de una música arrastrada por la presencia magnética de Laura LaMontagne: animal escénico de voz tridimensional, que, junto a PicoAmperio, sellaron una instantánea enmarcada en los anales del festival.

Después llegó el turno de Omiri, músico-productor portugués que elevó al cubo la fraternidad gallego-portuguesa por medio de una puesta en escena altamente inspirada, con performance y miembros virtuales incluidos, pero cuya receta está demasiado anclada en el truco del aprovechamiento de la caligrafía Big Beat y las dinámicas más simplistas del electro de tomo y lomo. Aun así, su fórmula funciona, algo que el público presente no dudó en transmitir en todo momento.

Con el cierre al telón de la obligada sesión golfa, el Agrocuir puso fin a otra edición altamente inspirada, y a toda un ejemplo de cómo debería funcionar siempre un festival de este tamaño y contexto rural.

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