Revive «Las manos de Orlac», el clásico de Maurice Renard

Por Marcos Gendre 0

Las manos de Orlac, novela de terror escrita hace un siglo por Maurice Renard, resucita en una nueva y cuidada edición.

Cuando se habla de épocas doradas de la ciencia-ficción y el terror, no cabe duda que, entre la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, fue cuando pudimos asistir al momento cumbre, en el cual coincidieron maestros irrepetibles como Poe, H.G. Wells o Lovecraft. Seguramente, estos tres nombres definan las coordenadas básicas sobre las que orbitan los cánones creativos de toda una filosofía narrativa, que en aquellos tiempos también fue producto de nombres tan interesantes como el francés Maurice Renard, autor en 1920 de la escalofriante Las Manos de Orlac.

Adaptada al cine en unas cuantas ocasiones, como suele decirse en estos casos: mejor quedarse con el libro. Al menos, esto es lo que han entendido en ediciones Siruela, quienes han decidido resucitar este clásico de la literatura de terror, del cual poco más se puede añadir a los ríos de tinta vertidos sobre esta novela, que se trata de un prodigio estilístico que, a día de hoy, sigue siendo de gran influencia. No en vano, estamos ante una obra que, dentro de los horrores invocados desde la estética del grand guignol, emerge como una puerta giratoria estilística, en la que se suceden el terror, pero también las pautas de la novela policíaca y el espíritu de ciencia-ficción tan de su época.

La historia del pianista Stéphen Orlac, que pierde sus manos y le trasplantan las de un asesino ejecutado, provee de capas de discusión acerca de la ética y la moral científica no muy lejanas a las proyectadas por Mary Shelley en Frankenstein. Sin duda, uno de los caminos narrativos más provechosos dentro de este clásico imperecedero, milimétricamente urdido por un alquimista de atmósferas inquietantes como Renard, quien hace de Orlac y el Doctor Cerral dos de los personajes canónicos en esto de la liturgia del terror, aquí bendecida por uno de sus pilares novelísticos más consistentes.