El Buen Hijo – ¡Pan Pan Pan!

Por Ana Rguez. Borrego 0

El Buen Hijo

7.9

7.9
79%

¿Son buenos tiempos para el pop? Parece que estos tiempos extraños, de crisis y pandemia, invitan a escuchar distopías hechas canciones; sin embargo, precisamente por eso, se agradece el escuchar melodías felices. De hecho, 2021 ha dado grandes discos de este género, entre los que encontramos ¡Pan Pan Pan! (Sonido Muchacho, 2021), el primer larga duración de El Buen Hijo. Un disco más que notable, pues de primeras te gana, con esos estribillos pegadizos que parece que sólo ellos saben depurar, con una sensación de luminosidad que te mejora el día. Pero, ¿es tan happy como parece?

¡Pan Pan Pan! es un disco mucho más complejo de lo que podemos imaginar: es “engañosamente” satisfactorio y feliz. A medida que lo escuchas, una y otra vez, descubres matices y capas que van más allá del esquematismo que se le puede echar en cara al pop. Cada canción logra tener una entidad propia pero conectan entre ellas a través de un cúmulo de elementos: Raúl Pérez (Grabaciones La Mina) tiene la “culpa” de engrandecerlos. Porque parecen conocerte, describirte como si les fueras alguien familiar.

Porque en ¡Pan Pan Pan! El Buen Hijo habla de algo tan universal como es hacerse mayor. Quizás podría decirse que es el amor y el desamor el tema central, pero sería quedarse cortos, porque ahí está la clave. Esa ausencia de pretenciosidad, los detalles y sensaciones que te resultan familiares, como si tú los hubieras vivido, la atemporalidad que te hace pensar que Marisol es un referente absolutamente actual… A medida que pasan las canciones te das cuenta de que parecen estar narrando tu educación sentimental en función de tus relaciones: las primeras citas de “El muro de Aljucén“,  el recuerdo constante de “¿Qué tal?”, el contraste entre los días felices y el fin de una relación de “Río de Janeiro”, la bajona entremezclada con la acogedora intimidad del otro en “Dame un beso”, ese final esperanzador con el que cierran en “Abriré caminos”…

Quizás por eso contrasta el sonido y sus letras, pero tras varias escuchas todo te cuadra. Porque la posible tristeza y amargura que en otras ocasiones provoca el (des)amor, adopta en este disco una perspectiva esperanzadora. Es lo que hay y no merece la pena regodearse en la pena, un matiz que se materializa en Marco Frías y Alicia Ros. Un juego de voces que aporta un significado extra pues de alguna forma conversan, se convierten en esa pareja que comparte momentos bonitos, otros más tristes e intimidades que no se quieren contar en público.

¡Pan Pan Pan! consigue hacer asimilable la dureza de hacerse mayor: ese es su don.