Crónica del Festival Ingrávido (Salamanca)

Por Ana Rguez. Borrego 0

No le va a extrañar a nadie si decimos que esperábamos grandes cosas del Festival Ingrávido. Un cartel diferente, con calidad, en una ciudad que no tiene tanta presencia en el circuito de música en directo como debería, en estos tiempos extraños que desaniman al más pintado… Lo hemos repetido en más de una ocasión durante estos meses, pero era inevitable: parecía magia que se hiciera realidad.

Y se hizo. De una manera más que notable, pues con el festival el Domus Artium amplió el sentido de lo que es el arte contemporáneo. El patio aledaño de esta antigua cárcel parece hecho para llenarse de música, sin vecinos a los que molestar, con una disposición que logra que el sonido se concentre en ese espacio.

Los que allí estábamos pudimos comprobarlo, ¿pero dónde estaba el resto? Porque ése es el único pero que podemos encontrar: habiendo agotado los abonos para los dos días y habiendo vendido buena parte de las entradas para el viernes y el sábado, mucha gente faltó. Suele haber un pequeño porcentaje de personas que olvidan lo que compran, ¿pero tantos? ¿Se fueron de vacaciones sin pensar en que les merecía la pena volver un par de días antes? ¿O de repente hubo una ola de miedo después de más de un año en el que se ha comprobado que la cultura es segura? ¿La falta de costumbre? Nunca sabremos qué pasó, pero si tenemos clara una cosa: no saben lo que se perdieron. Porque lo que allí pasó es para dar envidia. Mucha.

Emociones y rapidez para abrir el Festival Ingrávido

Festival Ingrávido
Monteperdido, por Nieves Solano

Viernes 27 de agosto, 19,30. El Festival Ingrávido nace y lo hace con una valiente y apropiada apuesta: Monteperdido. Porque Salamanca vio nacer a parte de esta formación, Ordesa, y porque este grupo merece ganarse a un amplio volumen de público. Quizás su primer disco ha pasado un poco desapercibido (esto de hacerlo en diciembre de 2020, cuando ya han salido todas las listas de lo mejor del año…), pero su «pop con violencia» como ellos mismos lo definen engancha. Porque esa violencia es sentir en carne viva. La voz de Begoña se modula con cada una de esas aristas emocionales que en ocasiones nos negamos, mientras que sus compañeros descarnan sus guitarras y la batería. Sí, es pop, es algo más accesible, pero ese poso de rock sobrepasado por sus sentimientos que es el screamo y el emo está ahí. La conjunción de Ordesa, Descubriendo a Mr. Mime y Poor Walter saca lo mejor de cada uno de sus integrantes, alcanzando con sólo siete canciones un sonido reconocible, que crece con cada escucha y con cada uno de sus directos.

Festival Ingrávido
Confeti de Odio, por Nieves Solano

Esa sensación de lo difícil que es sentir continuó con Confeti de Odio. Es triste, ¿pero podemos tomárnoslo con cierto sarcasmo? Lucas Vidaur es un auténtico maestro en ese terreno, un animal escénico que se gana al público, a los que ya somos adictos y a los que lo escuchan por primera vez en directo. Parece presentarse con cierta melancolía, porque no tiene nada feliz que contarnos; pero a medida que suenan las canciones pasamos del desdén a la acidez, a una risa un tanto amarga que no parece tener mayor importancia. La vida es así. Y de esta manera lo refleja su repertorio, sumando capas de sensaciones: hay una plenitud un tanto egocéntrica en «Muchísimo», que se resquebraja por los efectos del otro en «Pocos Likes» o «Tu Puta Barba», hasta llegar a momentos en los que sincera su inestabilidad como «Ansiedad (Has Vuelto a Mí)» u «Hoy Será un Día Horrible». La tristeza alcanza otra dimensión con él, menos taciturna y más reactiva. Las emociones se hacen catársis con Confeti de Odio.

La brillantez artística continuó pero se fue por otros derroteros, porque Mujeres son reyes en esto de hacer feliz a la gente. Sus canciones hablan de sentimientos, de amor y desamor, pero la rapidez endiablada de sus canciones contrarresta cualquier momento de languidez y sentimentalismo: de hecho, hasta «Un sentimiento importante» dejo de ser tan sosegada como sonaba en el disco. Es lo que tiene el garage, y es lo que cautiva al público, esa hora de felicidad asegurada, esa sensación de amistad que desprenden entre ellos, y (¡qué demonios!) que no hay manera de ver un concierto malo de Mujeres. No fallan, nunca sales de uno de sus conciertos diciendo «hoy les he visto un poco flojos».

Festival Ingrávido
Mujeres, por Nieves Solano

Puede que tenga que ver el hecho de ser amigos, de los años que llevan tocando, y de ese peculiar sentido del humor que derrochan, en el que Pol Rodellar ejerce de maestro de ceremonias, secundado por Yago Alcover y Arnau Sanz. Y aún con todo, era la primera vez que tocaban en Salamanca. ¿Cómo puede ser que después de más de 10 años nunca hubieran pisado la capital helmántica? Eso mismo se preguntaban ellos con una sonrisa, respondiendo que por eso había que presentarse por duplicado: como grupo y por su nuevo trabajo, Siento Muerte (Sonido Muchacho, 2020). «Tú y Yo», «A Veces Golpes», «Besos», «Vete Con Él», «Ciudades y Cicatrices», sus clásicos «Aquellos Ojos» y «Vivir Sin Ti», las canciones de su último EP «Al Final Abrazos» o «Un Glorioso Año»… canciones que pusieron a prueba la resistencia de las sillas, pues eso de aguantar un concierto de Mujeres sentados es MUY complicado. Otras formas de bailar y poguear eran inevitables.

¿Cómo resistieron las sillas al cierre de Los Estanques?

El viernes terminó por todo lo alto, y el sábado no iba a ser menos. Aunque quizás a Diamante Negro le tocó esa especie de extraña bajona que había entre el público al abrir la segunda jornada del Festival Ingrávido. Un sonido poderoso, que puede llegar a apabullar pero que no se convierte en un borrón, en el que la voz de Benoit García derrocha poderío, y unas letras con más dobleces de las que aparentan: eso es lo que te descubre este trío barcelonés que claramente está hecho para brillar en directo. Canciones de su primer EP Mercurio Retrógrado (Intromúsica, 2020), adelantos, algunas nuevas de su próximo disco que está a punto de salir… Diamante Negro tiene una fantástica presencia pero quizás se le podría pedir algo más, más potente, algo que les defina por sí mismos y que no contenga esas trazas que pueden recordarte a algún otro grupo. Aunque quién sabe, lo mismo su próximo trabajo puede sorprenderme y taparme la boca.

Festival Ingrávido
Menta, por Nieves Solano

Porque todo es cuestión de experimentar, de probar, de encontrar eso que te apasiona y evolucionar sobre ello: lo que hace Menta. Y resulta fascinante escucharles en directo, pues el grupo no surgió en el mejor momento, pero no deja ganarse a un público que corea sus canciones y que es capaz de identificarse con unas canciones en las que el desencanto trasciende a las diferencias generacionales. Entre un EP y otro se han hecho más eléctricos, un camino que parece afianzarse en las nuevas canciones que compartieron, un sonido que casa y contrasta con la personal voz de Meji. La icónica cantante de Menta se quejaba de que estaba un poco ronca, pero eso no impidió que empatizara con el público desde el primer momento: la complicidad con sus compañeros, sus confidencias e impresiones sobre algunas canciones (como su odio por «Ojalá te mueras»), su oscilación entre la garra de canciones como «Esperar» y la fragilidad de «El Círculo», el cariño con el que versionó «El final» de Juanita y Los Feos… Los ves en directo y entiendes a la perfección por qué están en boca de todos.

A estas alturas alguien se podría preguntar que Mujeres dejaron el listón muy alto a la hora de cerrar la primera jornada, que si la segunda estaría a la altura. Pero… ¿cabe esa duda con Los Estanques? He de reconocer que la primera vez que los vi en directo no me terminaron de cuadrar, pero quizás era culpa del espacio, un teatro poco dado a los conciertos. Pero es que ese no era su hábitat, estaban como encorsetados. Nada que ver con lo que sucedió en el Festival Ingrávido, una especie de divertido desmadre en el que las ganas de hacer música no cesaban, en el que los niños del bautizo vecino hubieran disfrutado mucho más que entre adultos. Pero no es un caos: es una constante fusión de rock, pop, psicodelia, jazz… que ha ido creciendo disco a disco, sin pudor y con mucha maestría, de manera que su repertorio es absolutamente coherente entre sí. Da igual que sea «Clamando al Error», «Flor de Limón», «Efeméride»: todo casa, hay reminiscencias de lo que ya hicieron y pistas de lo que será.

Festival Ingrávido
Los Estanques, por Nieves Solano

En ocasiones se entremezclan los géneros, en otras parecen personificarse en cada uno de ellos de manera que establecen una especie de conversación… Es cierto que Iñigo Bregel parece concentrar toda la atención: su posición de vocalista, en el centro, ante unos teclados que parece que van a caer por su intensidad interpretativa, su capacidad para vacilar a todos los que allí estábamos. Pero no era el único: Germán Herrero sorprendía con su transformación en Rafael para «Soy español pero tengo un kebab», Dani Pozo fue el primer bajista que no se queda en un segundo plano y que brilla con su espíritu jazzístico, Andrea Conti retando el aguante del público sentado a través de su batería… Porque lo de bailar sentados mientras sonaban Los Estanques se hizo muy muy difícil. Lo sorprendente es que las sillas aguantaron.

Cuando acabaron, surgió la inevitable pregunta: ¿quiénes son mejores, Mujeres o Los Estanques? Y no hay respuesta posible, porque es oponer rapidez y virguería. Si trataran de llegar a esos parámetros ya no serían ellos. Y la verdad, ¿quién lo quiere, si ya así nos gustan?

Después de no llegar a ninguna conclusión, llegó otra cuestión: ¿qué nos deparará el Ingrávido 2022? Si el espíritu es éste, algo muy bueno.

Galería del Festival Ingrávido