Primavera a la Ciutat + Primavera Sound Weekend 2: Glitter in the sky, glitter in my eyes

Por María José Bernáldez 0

Después de nuestro balance final, terminamos con la odisea del Primavera Sound 2022 con nuestras últimas crónicas: Primavera a la Ciutat y Weekend 2.

 

La decisión de los asistentes del Weekend 1 de postergar sus vacaciones, de los asistentes del Weekend 2 de adelantarlas y los del abono de los dos fines de semana de quedarse por la ciudad a ver qué tal propició que los conciertos de la normalmente cómoda Primavera a la Ciutat sufrieran interminables colas para poder entrar a los conciertos. Había mucha oferta de salas y conciertos…pero había demasiada gente. 

Lo comprobamos en nuestras carnes el domingo. Intentamos entrar y llegamos con lo que pensamos que era “tiempo suficiente de antelación” a la Sala Apolo pero, si bien las personas con entradas con preferencia pudieron pasar, en la cola del Weekend 1 vivimos Primavera a la Ciutat literal ( el sunset de la foto ) pero no en la Sala Apolo. Bien utilizada la app, cuando vimos que el aforo estaba completo, nos fuimos ( sabemos que hubo gente que persistió, sin suerte).

            La Ciutat del Primavera a la Ciutat.

 

Así que el lunes volvimos a bajar con no mucha fe pero con la barrita de la app en verde: había sitio y, efectivamente, llegamos y pudimos entrar a las actuaciones seleccionadas por uno de nuestros artistas favoritos del jazz contemporáno: Shabaka Hutchings. A sus Sons of Kemet los introdujeron tres muy buenos conciertos, caóticos, experimentales y llenos de actitud de III Considered, Soccer 96 ( que nos gustaron MUCHÍSIMO ) y Steam Down. Y después fue el turno para la banda titular. De menos a más, convirtieron las paredes y lámparas burdeos de la Sala Apolo en un hervidero en el que todo el mundo parecía estar en trance y en comunión con la música que sonaba. Es un don el que tiene Shabaka Hutchings de crear ambientes increíbles de cualquier instrumento ( léase, literalmente: la flauta de su abuela) y lo que vivimos allí será recordado mucho tiempo, sobre todo porque lamentablemente después de este verano la banda desaparecerá como tal. Así que vaya desde aquí nuestro consejo: si podéis, buscad la manera de verlos antes de que se evaporen y aparezcan transformados en otra cosa.

Sons of Kemet, Clara Orozco

El miércoles también tuvimos suerte y pudimos asistir a otro de los highlights de esta edición para nosotras. Precedidos por los vascos Vulk que pusieron todo patas arriba, Interpol dio un concierto para fans que, como leí por ahí, nos hizo sentir como si estuviéramos en una sala pequeña en Nueva York en 2002 para verlos. Un setlist de infarto con dos de sus canciones nuevas intercaladas (bastante extraño ver a Daniel Kessler soltar la guitarra y sentarse al piano, talentoso igual). Una de esas cosas que sólo pueden pasar en el Primavera Sound y que engancha para volver siempre a intentarlo.

 

Así que con ese mismo espíritu y esperando que el jueves del Weekend 2 no se pareciera al del Weekend 1, volvimos a subir la cuesta con ilusión el día 9. Con toda la solana, a las 17h para ver a Alex Cameron. Si nunca lo habéis visto en directo no os haré mucho spoiler, pero tiene esa pose de crooner perdonavidas que nos pirra. Ha editado uno de los discos que más nos ha gustado este año y le perdonamos incluso que no tocara nuestra canción favorita. Resaltamos que el propio Alex ha sido una de las personas que mejor se lo ha pasado en el festival. Se le vio en varios conciertos, se paró a saludar a quien le paraba ( por lo menos a mí ) y se sentía como uno más.

En un Binance más practicable que en la semana anterior ( quizá por el calor, quizá por los solapes, que no siempre tienen por qué ser una desgracia) alucinamos con el concierto de Dry Cleaning. Su frontwoman, Florence Shaw, con una estoicidad comparable a Ariadna Punsetes, ofreció un tratado de postpunk británico, donde su voz y sus letras marcan la diferencia con el resto de los llamados “narrators” de esta era de la música británica. Un concierto en modo puñetazo al corazón que se llevó uno de los trofeos de este año.

Dry Cleaning, Eric Pamies

Seguimos nuestra ruta de dicho postpunk para ver a Squid, a los que quizá un escenario más pequeño que el Cupra les hubiera lucido más a esa hora, en la que el público andaba aún algo disperso y no terminó de enganchar con su virtuosismo instrumental.

Squid, Eric Pamies

Nos paseamos un rato para ver a Prospa y el sunset sobre la playa con su electrónica y volvimos al Casco Antiguo a tiempísimo para rendir adoración a Adrianne Lenker y el conciertazo que dieron Big Thief en el Plenitude. Jamás les he visto un fallo en directo y, aunque no los hayas escuchado nunca, conseguirán hacerte fan desde la primera canción. Incluso Alynda Segarra ( Hurray for the Riff Raff) estaba entre el público y nos comentó un graciosísimo: así, así es como quiero sonar yo. Sabemos que lo de Slowdive fue brutal, pero ay, nosotras acertamos de lleno quedándonos con esta decisión.

Big Thief, Sharon Lopez

¿Más postpunk? La versión más bailable: los Working Men’s Club y su despliegue de sintetizadores nos mantuvieron en el Ouigo (qué temazo es Valleys, cómo bailó todo el mundo) hasta que pusimos camino a Mordor de nuevo para, oh, sí, ver a Dua Lipa. 

Llegados a este punto del festival podíamos hacer dos cosas: o separarnos de los amigos con los que queríamos ver el concierto y que cada uno llegara lo más cerca posible del escenario que pudiera o aprovechar la logística que se había montado de imagen y sonido y bailar juntos y cómodos. Por supuesto, elegimos lo segundo. Así que bailamos, cantamos y saltamos, sin problema ninguno. Se veía el escenario, para nosotros era suficiente. Se escuchaba de escándalo ( un poco más de escenografía sí que podía haber llevado) y ha sido uno de los conciertos más espectaculares que se han visto en el Parc del Forum tanto por ella como por la entrega del público.

Dua Lipa, Christian Bertrand

También nuestra posición nos sirvió para adelantar posiciones para Tyler, The Creator. La mayoría de mis amigos repitieron (ya lo vieron en el Weekend 1) pero para mí era la primera vez desde 2019. Se sabe estrella y sabe perfectamente cómo sacarle partido a la producción que lleva montada (él, sí). Era el cabeza de 2020 con Igor y sigue siéndolo después de sacar un disco, quizá, menos fácil de escuchar. Pero tenía a todo el público en el bolsillo y, como comentábamos, sabiéndose las letras, cosa a la que no estamos muy acostumbrados.

Tyler, the creator Clara Orozco

Para el viernes volvimos a entrar con la solana, la mala hora a la que ponen siempre y taaaaaan lejos a Triángulo de Amor Bizarro. Y siempre hay gente. Diría que increíble pero si alguna vez los has visto en directo es que es lo esperable. Vaya desde aquí nuestra petición para que algún año los pongan más tarde que hasta tuvieron la decencia de cambiar ligeramente la letra de “Vigilantes del Espejo” para meter salas de Barcelona.

Triangulo de amor bizarro, Sergio Albert

 

También quizá deslució por la hora el concierto de Cautious Clay, que tocó todos los instrumentos que sabe tocar en todas las canciones y se desvivió por sonar más alto y mejor que la Boiler Room, que atronaba al lado. 

En el Binance probamos a ver qué tal sonaba Courtney Barnett desde la cuesta, como si fuera el Paredes de Coura y claro, siendo ella quien es, pues sonó fenomenal. Ha recuperando su tono habitual después de haber pasado por las manos de Kurt Vile y estuvo bastante más entretenido que en ocasiones anteriores.

Volvimos otra vez al postpunk a por The Murder Capital, los últimos de nuestra ruta y, quizá, los más infravalorados. Al género aportan un poco más de socarronería y, suponemos que por tener menos expectación, unos fans bastante entregados en las primeras filas. La verdad que viéndolos en directo volvió a surgirnos la duda que lleva con nosotras un par de años: por qué otros mucho y ellos un poco menos ¿? Inexplicable.

De camino de nuevo a Mordor, entramos en el que es uno de nuestros escenarios favoritos: el garaje, este año conocido como NTS. Uno de los espacios con menos aforo ( y menos cola, en 3 minutos estábamos dentro) y más íntimos del recinto. ¿La elegida? Erika de Casier y su finísimo R&B. El calor de dentro ayudaba a acrecentar la calidez de su sonido y ojalá haber podido quedarnos a ver más conciertos allí.

Erika de Casier, Dani Cantó

Con la misma mentalidad de disfrutar sin agobios, nos plantamos en The Strokes. Una ya vivió hace años un susto terrible por fans loquísimos de los de Nueva York en un festival portugués y se juró que nunca más le volvería a pasar. Pero quería ver qué pasaba con los culpables de que se liara la que se lió ese día (aunque, realmente, no fuera demasiado inconveniente que aparecieran por allí los que tenían entrada para verles el viernes anterior o no podemos decir que lo notáramos en exceso). Y lo que pasó fue un concierto muy muy divertido, con un sonido espectacular y un Julian Casablancas bastante turras que robó al público 3-4 canciones del setlist porque tenía muchas ganas de hablar pero cosas poco interesantes que decir. Aun así, el concierto en sí, irreprochable. 

La única oportunidad que tenía de llegar a The Smile era abandonar a mis amigos y, efectivamente, sola y por los caminos laberínticos del recinto llegué a tiempo para ver el nuevo proyecto de Thom Yorke desde una zona bastante guay. Se le nota que esta idea le ha gustado mucho y, si te gustó el In Rainbows de Radiohead, es imposible que no caigas prendado tú también. Creo que todos esperábamos un concierto más sosegado, pero nos encontramos con un espectáculo mucho más estruendoso que nos voló bastante la cabeza. Buscando ya fechas para poder volver a disfrutarlo.

The Smile, Dani Cantó

 

Y con esto llegamos, increíblemente, al último día después de doce allí, que parecía que se nos iban a hacer largos pero la pena de volver a subir la cuesta por última vez, nos demostró que no.

Nos encontramos en el Cupra con Celeste metiéndose al público en el bolsillo en dos minutos. Su Not your muse del año pasado a nosotras nos ganó por completo y su performance está a la altura del disco y de las esperanzas que teníamos puestas en ella.

Volvimos, una vez más, a dejarnos llevar por los Rolling Blackouts Coastal Fever. Les encanta tocar en España y la conclusión a la que he llegado es que les encanta tocar en este festival porque cada concierto que dan aquí saca 25 de ventaja a los demás. Su jangle pop a la hora del atardecer, la última jornada, con la mayoría de los australianos que están por allí en primera fila los convierte siempre siempre en la mejor opción con respecto a todas las demás ( en nuestro itinerario había otra cosa porque acabábamos de verlos en el Tomavistas pero, nos pudo el corazón)

Tampoco íbamos a renunciar a un We are Mogwai, we are from Glasgow, las únicas palabras que suelen decir los escoceses Mogwai en sus conciertos. Siempre me ha parecido muy loco cómo consiguen transmitir tanto con tan poco y como a pesar de los años y los discos consiguen enganchar a quien pasa por delante. El sol se había puesto, volvía a correr la brisa después del calor del día. Había mucho espacio y respeto por lo que estaba pasando en el escenario. Una vez más, Mogwai nos salvaban la vida.

 

Con esta sensación fue con la que llegamos a ver a Fred again..again(perdón). Si la noche del primer jueves en el Cupra dio un espectáculo lleno de cariño y esperanza, se desató en el Plenitude una locura colectiva con su What comes next will be…marvellous que llevó, incluso, hasta a una pedida de matrimonio en directo (consentida, por lo que supimos después). Me arriesgo poco si digo que la persona más feliz en este festival ha sido Fred, pocas veces he visto a nadie tan emocionado viendo lo que pasa desde arriba. Los de abajo te damos la gracias otra vez, Fred. Nos libraste en la pandemia y el encierro de la pena y esperamos haberte podido devolver parte de lo que nos aportaste. Vuelve todos los años. Vuelve todos los meses si quieres.

                      Fred Again.. Sergio Albert

Entonces tuvimos que dejar de posponer una de las decisiones más difíciles: ¿Phoenix, Ela Minus o Jessie Ware? Renunciamos con penita al escenario del garaje y al látigo que nos contaron que sacó Jessie y nos plantamos en Mordor por última vez para darle una última oportunidad a Phoenix. Fui(mos) muy fans y cuando pudimos verlos en directo en aquel infame Summercase, se nos vino abajo el mito. Pero decidimos dar una oportunidad 15 años después y vaya que si acertamos. Un Thomas Mars en modo estrellísima, un setlist de sólo temazos, Love like a Sunset (mi favorita) incluída. Un público entregado, sabedor de que el festival estaba ya cerca del fin. Un concierto perfecto, divertido, emocionante. Un acierto.

Phoenix, Eric Pamies

Y ya sólo nos quedaba cerrar como se debía: con la pinchada de Dj Coco en el Cupra viendo amanecer. Habíamos pasado 20 veces por detrás del escenario y habíamos visto los fuegos artificiales allí dispuestos y aun así, los vimos con un grito de sorpresa. Sonó, mientras salía el sol, Don’t stop believin’ de Journey y entonces, por fin, pudimos volvimos a decir una vez más aquello de: “ya sólo queda un año”.  Llevábamos esperando tres años ese momento porque nadie espera nunca a la inquisición española y ojalá no tengamos que volver nunca a contar días de más.

Han sido un total de 12 días, 57 conciertos ( NO HEMOS PODIDO VER A KING GIZZARD AND THE LIZZARD WIZARD, PERDÓN), 180’8 km caminados, 235.955 pasos dados. ¿Volveríamos a hacer todo esto de nuevo? Absolutamente, sí.

No tenemos aun un nombre gordo que anticipe el cartel pero sí fechas confirmadas: En Barcelona del 1 al 3 de junio de 2023. En Arganda del Rey (Madrid) y en Oporto del 8 al 10 del mismo mes. Una, por si acaso, se pone ya a hacer cola.