El silencio AMFest

Por Ana Rguez. Borrego 0

silencio AMFest

Silencio AMFest: Dícese de ese concierto dentro del festival donde los cinco sentidos están volcados en una actuación, de manera que lo único que se escuche en el directo en cuestión, sea la música que emane el artista. 

Es sorprendente pensar que la ausencia de ruido se ha convertido en algo exótico dentro del circuito de festivales. Tanto que en ocasiones parece que la música deja de ser la protagonista. De alguna manera se convierten en una suerte de parque temático para adultos con veleidades culturetas, en un resort en el que, cuanto te ponen la pulserita, tienes que cumplir con el checklist de rigor, de conversaciones insustanciales en primera fila, fotos posando con la noria y con el vaso de cerveza, de vídeos mal enfocados de los grandes hits y con las catorce estaciones del capitalismo en forma de stands de patrocinadores. Pero es lo guay, es lo que está de moda.

Con semejante panorama, el AMFest se convierte en algo satisfactoriamente extraño. ¿Porque es un festival de músicas experimentales, enérgicas, incómodas, contemporáneas y ruidosas como ellos mismos se definen? Cuando alguien te pregunta sobre el cartel, sobre qué tipo de música es, te acuerdas de esa frase y no ves mejor forma de etiquetarlo. Aunque la verdad es que es mucho más.

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Los Sara Fontán, por Jordi Bertran Hermosilla

La primera vez que vas lo haces porque tocan Touché Amoré, Bo Ningen, Lisabö y Alcest, y casi sin haberlo pisado sabes que no es el “sota, caballo y rey” habitual. Escuchas alguna lista de reproducción y descubres que hay todo un universo por descubrir. Y cuando estás allí compruebas que hay un elemento persistente en cada detalle: el cariño. En que la música sea la protagonista (en el cartel, en el sonido…), en que no haya elementos que eclipsen lo verdaderamente importante (lo que nos lleva hasta allí, al fin y al cabo), en todas las personas que están trabajando (hasta el más invisible)… en el público.

Porque de repente descubres la sensación de ver un concierto sin gente hablando a tu alrededor. Algo que te noquea porque puedes escuchar hasta la respiración del cantante o fijarte en los gestos que se hacen los músicos entre ellos para sublimar la melodía y el ritmo que ya eran perfectos. Una experiencia tan exquisita que te ha hace notar un escalofrío y el vello erizarse. El cuerpo se estremece y la música se te hace algo físico. Eso es lo que ocurre cuando vives tu primer silencio AMFest.

Y se repetirá en más de una ocasión, quizás porque el público del festival sabe cuándo debe callar. Hace tiempo, en el extinto GetMAD! comprobé que el público heavy era el más respetuoso con lo que sucede sobre el escenario. Y el más predispuesto a dejarse fascinar por otros sonidos, quizás porque la etiqueta de “público heavy” es de las más engañosas. Sus camisetas negras o sus cabelleras envidiables confunden e inducen a prejuicios estúpidos, enmascaran una sensibilidad de la que no muchos pueden presumir. La música les emociona, tanto que pueden acabar llorando mientras escuchan a los grandes del post-rock.

Van más allá de lo que pueden ofrecerte Maybeshewill, Godspeed You! Black Emperor, This Will Destroy You o Bones of Minerva.

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Lingua Ignota, por Jordi Bertran Hermosilla

Permanecen atentos y se deslumbran mientras escuchan a Lingua Ignota, Elle Belga, Puput o Los Sara Fontán, dejándose llevar por el efecto catártico de una música que experimenta con lo aparentemente sencillo, que apela a la desnudez emocional. Y aunque no haya un silencio AMFest, también se dejan fascinar por propuestas tan dispares y sorprendentes como Haru Nemuri o Los Manises.

No hay relleno que valga: si están ahí es por algo. Y ésa es el clave para repetir una y otra vez. Te das cuenta de que el AMFest te ofrece eso, ese cariño transformado en nombres indispensables, sorpresas y silencios que casi puntúan como terapia, razones de peso para apuntar sus fechas en el calendario en cuanto se hacen públicas.

Un amor por la música que es inasequible al desaliento. En 2020 lo llevaron adelante, más allá del frío y del COVID, en 2021 se convirtió en un (Parèntesi) lleno de sillas, en 2022 se marcaron uno de los dos mejores carteles de ese año y en 2023 resisten, transformados en el AMFest Encobert, más allá del Monopoly festivalero de este año, de cachés desmedidos, de supuestas exclusividades y de ayudas a los de siempre. La ética y el cariño, los silencios y los escalofríos son posibles a la hora de programar un festival. Y necesarios.

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Godspeed You! Black Emperor, por Jordi Bertran Hermosilla

Imagen de portada: cartel del AMFest 2022, diseñado por Darkhorse Estudio