Crónica del concierto de Green Day en Madrid: morir de éxito

Por El Último de la Fila 0

35.000 personas corearon los grandes éxitos de los californianos.

Pocos días después del mastodóntico paseo de Taylor Swift por Madrid, la capital se preparaba para otra gran noche de música. En esta ocasión los culpables eran otros estadounidenses: Green Day. La mítica formación capitaneada por Billie Joe Armstrong volvió a visitar el recinto de la Caja Mágica tras su dramática actuación de 2017 precedida por el fallecimiento del acróbata Pedro Aunión, mientras realizaba un espectáculo como parte de la programación del Mad Cool. Aunque la presentación del show era bajo el paraguas del festival Road to Río Babel, lo que se respiraba en el recinto (además del desagradable aire de la depuradora cercana y de que anoche se jugaba la final de la Champions con el Real Madrid) fue que aquello era un concierto de los californianos edulcorado con otros invitados para hacer más caja.

Cierto es que los invitados internacionales del evento (desde The Hives, pasando por The Interrupters o Made of Ace) son algunos de los que acompañan al grupo por su gira europea, pero el sentimiento de hacer caja sobrevoló por las cabezas de bastantes de los 35.000 asistentes, según los organizadores, que vieron como a duras penas pudieron disfrutar, como ellos hubieran querido, de las más de dos horas de show. Porque mientras sobre el escenario la banda no dejó ni un ápice de esfuerzo en desgranar al completo dos de sus álbumes más celebrados, Dookie y American Idiot, debajo muchos tuvieron que contentarse con verlos como pequeñas figuras o a través de una pantalla situada casi al final de la extensa explanada, causando algún que otro momento tenso al moverse más de la cuenta por culpa del viento. Una masificación de un recinto que una semana antes había albergado el Tomavistas y cuyo público gozó de las bondades de un aforo más liviano. Eso sí, cosas del capitalismo, si pagabas un plus mayor podías estar en la “front area”, con sus propios baños y barras sin tener que estar apelotonados.

Centrándonos en el aspecto musical, lo de Green Day tuvo todo lo que se podía esperar: una producción trabajada (bien de fuego, de confeti, con un escenario bien decorado), un frontman motivado que no dejó de incitar a los manidos “eeeeoooos”, con su momento fan que sube al escenario, en “Know your enemy”, por petición de Billie y acaba tirándose en plancha al público, y sudor, mucho sudor. Porque podrá gustar más o menos su música, pero su actitud fue de diez. Desde el minuto uno con el arranque de “The American Dream Is Killing Me”, tema de su reciente último disco Savoirs, el trío, arropado por otros tres músicos (cuyos rostros parecían evitarse en la realización de las pantallas), apenas paró para tomar aire. Tras el citado single el grupo se zambulló en un Dookie que treinta años después sigue sonando fresco. El hecho de tocar el disco en el mismo orden restó el efecto sorpresa. Todo el mundo sabía cuál era el siguiente hit en caer. Aún así, fueron más que celebrados, como no, los destellos de “Welcome to Paradise”, “Basket Case” o “When I Come Around”.

Había mucho que tocar y el tiempo apremiaba. El ritmo, como apuntaba antes, fue frenético. Solo tras finalizar el álbum hubo un breve respiro donde Tré Cool, ataviado con una capa, salió al escenario a hacer el payaso. Vuelta a las armas y antes de hincarle el diente al American Idiot un poco de desengrasante con la citada “Know your enemy”, “Look Ma, No Brains!”, “Dilemma” y “Brain Stew”, del incomprendido Insomniac.

El paseo arrollador por séptimo trabajo tuvo el mismo resultado que el de su compañero de gira. Goce y deleite de unos fans que, incluso en las últimas filas, no dejaron de corear los temas, desde el himno “American Idiot”, la grandilocuente “Jesus of Suburbia”, la coreable “Holiday” o los momentos más de mecheros con “Boulevard of Broken Dreams” o “Wake Me Up When September Ends”. Un sueño hecho realidad para muchos seguidores del grupo que pudieron irse a casa con una sonrisa en la cara gracias al esfuerzo de una banda entregada a la causa.

Pero no solo de Green Day se pudo disfrutar ayer. Los suecos The Hives son todo un seguro en cuanto al directo se refiere. Puedes haberlos visto diez veces, saberte todos sus trucos y nunca cansarte de ellos. Dinamita pura. Pelle Almqvist, menos saltarín de la cuenta, tiró del carro junto a su hermano, regalándonos otro show vitaminado y repleto de pogos irresistibles. Porque, ¿quién no es capaz de meterse en uno de ellos con temas como “Main Offender”, “Hate to Say I Told You So”, “Trapdoor Solution” o su célebre fin de fiesta, agachando al público como de costumbre, “Tick Tick Boom”?

Un par de horas antes los angelinos The Interrupters fueron los encargados de inaugurar el escenario principal con su ska/punk ideal como toma de contacto. Aimee Allen y sus compañeros no escatimaron esfuerzos por gustar a los ocupantes de las primeras filas que suelen estar más a verlas venir a la espera del plato principal y suelen mostrar menos entusiasmo con los entrantes. “A Friend Like Me” o “Title Holder” sirvieron como buenos toques de atención para ponerse a bailar y hacer más llevadero el sol que pegaba fuerte. Saltando por sus cuatro discos hubo hueco para sorprendernos con su acelerada versión del “Bad guy” de Billie Eilish.

Mientras en el escenario principal todo fue luces, en el segundo se evidenció por momentos que aquello sobraba. Fue duro ver como Maid of Ace salían a tocar a las cuatro y media ante ¿diez personas? Mientras no paraba de entrar gente al recinto dirigiéndose a toda prisa a coger el mejor sitio para Green Day las británicas descargaron toda su rabia punk más cruda. Una propuesta que evidentemente en una sala ganaría exponencialmente, y a la que estaremos atentos. Lo de Emlan, pues bueno, una propuesta muy en la onda del sonido El Canto del Loco o Pignoise, con un skater tirándose por las rampas instaladas y poco más que llevarse a la boca. Por su parte 30s40s50s tuvieron que lidiar con el peor horario de todos, justo antes de Green Day. Y es que el 90% del público o estaba con su sitio cogido en el otro escenario o bien estaba haciendo cola para cenar algo. El “supergrupo” de David Otero, Bely Basarte y Tato Latorre hizo lo que pudo: intentar mostrar las bondades de su rock almibarado que sus más fervientes seguidores agradecieron.

Una pena la retirada antes de Lagwagon, pero la edad no perdona.

Galería del concierto de Green Day en Madrid