Nuestro viaje a través del espejo del Primavera Sound 2023 termina en la jornada del sábado. ¿Llegarán Mj y Javi a ganar la Cocostelana hasta el final del festival en Barcelona y en Madrid? ¿Se encontrarán en algún punto del camino?
Primavera Sound 2023, Barcelona: sábado. María José Bernáldez.
- Wednesday: El año de las guitarras y de las mujeres con guitarras. 2023 nos ha traído bien de inputs de esta etiqueta y Wednesday cumplió con creces las expectativas que teníamos. Se metió al público en el bolsillo canción tras canción, riff tras riff. Puso al patrocinador de su escenario en su sitio sacándole los colores en materia de explotación laboral y el patrocinador del escenario, Amazon Music, le respondió eliminándola de la programación del streaming de ese día, en el que estaba agendada. ¿Conclusión? una reina con guitarra. Que nos chille a la cara veinte veces si quiere.
- Surf Curse: Uno de los ejemplos de poca conexión público-grupo y mucho make some fucking noise. Los californianos lo dan todo en cada concierto, el reajuste de los platillos de la batería cada dos por tres bien lo atestigua, pero no fue suficiente para mover a un público que sólo pareció entrar al trapo en Freaks, el tema que tik-tok les viralizó hace un par de años. Tuvimos la suerte de verlos en sala hace unos meses, así que nos quedó un sabor agridulce tras verlos aquí, sabiendo que quizá en otro escenario, a otra hora, la historia hubiera sido distinta.
- My Morning Jacket : Corta. Cortísima se hace una hora cuando Jim James sale al escenario con un vocoder colgando del cuello y empieza a hacer: magia. Todo desaparece cuando canta. Notas imposibles. Canciones infinitas. Actitud de la estrella total que es. Alarga las canciones, estira hasta el éxtasis cada nota, cada acorde, cada sensación. Va más allá en cada uno de los géneros que roza, con un virtuosismo del que sabíamos una parte pero no éramos conscientes de lo real que iba a ser. Nos faltaron mil canciones en el setlist pero en realidad dio igual: aunque hubiera tocado canciones inventadas la crónica sería la misma porque una vez que entras en su universo sólo te queda rendirte. Ni él mismo se explicaba cómo podía ser esa su primera vez en el festival. Desde aquí pedimos, por favor, que no sea la última.
- Gaz Coombes: No os extrañéis cuando el disco de Turn The Car Around aparezca en nuestra lista de mejores discos del año. El frontman de Supergrass ha puesto toda la carne en el asador para afianzar su más que brillante carrera en solitario. Un set perfecto, un público entregado, canciones que para los que estábamos allí ya son himnos, aunque no sean virales en tik tok ni traspasen las fronteras del algoritmo. Su banda es bastante sólida (creímos ver también al guitarra de Supergrass con él) y la comunión con el público, total. Incluso cuando se desmarca de lo enérgico de su propuesta y se queda sólo con su guitarra acústica (hecha trizas) a cantar The girl who fell to Earth , un himno con ya casi 10 años, el silencio es reverencial. Un verdadero cabeza de cartel.
- Caroline Polachek: Artista 360. Con un outfit dosmilero terrible estéticamente pero de 10 conceptualmente, Caroline salió con toda la salud que le quedaba a darnos una lección. Esa noche perdería la voz durante una semana, pero nos regaló un espectáculo increíble, al alcance de muy pocas. Todo el concierto gira alrededor de su voz, de sus manos, de su expresión. Nos hipnotiza canción tras canción de su último disco, nos reengancha a sus primeros temas, nos pone a silbar con su Bunny is a rider. Nos tiene completamente hechizados y es difícil salir de su embrujo.
- Måneskin: Era, quizá, la única oportunidad en la vida de ver en directo a unos ganadores de Eurovisión y ellos sacaron muy al principio del setlist la canción que les puso en el centro del mundo. Para nosotros, la contratación del grupo supuso un movimiento bastante inteligente del festival. Y respondieron con creces. Escribir sobre Maneskin es reescribir lo ya dicho en otros sitios, pero corroboramos que todo es verdad: furia rock, espectáculo, Damiano David podría haber hecho que todo el mundo se desnudara con un sólo movimiento de cejas y el resto de la banda desprende un poder de seducción en el que caímos propios y extraños. Entendemos que la Pitchfork les odie: nosotros les hemos puesto en un pedestal.
- Rosalía: El 90% de los asistentes del festival la esperaban ( un porcentaje se decidió por Death Grips, incompatibles ambos) y ella respondió como su público merecía. El espectáculo de Rosalía, después de más de un año girando está medido y perfeccionado. Da igual si la ves de cerca o por las pantallas: lo vas a disfrutar. Porque puedes ir por curiosidad o por fanatismo, que el resultado va a ser el mismo: vas a caer rendido. Regala alguna canción antigua, cuenta historias en catalán, se pasea entre el público, al que pone a cantar con ella. Y tú cantas, porque te sabes cada canción. Rosalía ya es parte de nuestra historia y es profeta en su tierra en todas y cada una de sus versiones. Es muy difícil lo que ha conseguido, todos los aplausos se quedan cortos.
- Overmono: Se acercaba el cierre del festival y Overmono ofrecieron una sesión en la que, más que presentar su fantástico nuevo álbum tiraron de temas consagrados poniendo a todo el mundo a bailar con los últimos cartuchos que quedaban, jugando a lo seguro, un método infalible para una hora complicada.
- Dj Coco: Llegamos a tiempo, lo conseguimos. Vimos el confetti, los fuegos artificiales, el amanecer con Don’t stop believin’ Habíamos sobrevivido a otro Primavera Sound.
Primavera Sound 2023 Madrid: sábado. Javier Benítez.
Comenzamos el último día del festival con un doble programa muy especial en el Auditorio de Príncipe Pío. Ni más ni menos que dos leyendas fundamentales en la música contemporánea: Laurie Anderson y John Cale.
El concierto de la señora Anderson no fue exactamente un concierto. Fue una ponencia y una revelación, a veces con música y a veces sin ella. Sus canciones a menudo no son tales, son más bien piezas. O interludios musicales….los mejores que he escuchado. Comienza con el recitado de Big Science, acompañada por esos músicos que tienen la virtud de hacerse invisibles cuando no les necesita, pero omnipresentes cuando es requerido.
Laurie Anderson nos visita desde el futuro, para servirnos de guía en un mundo a la deriva. Sus textos iconoclastas, irónicos pero sensibles hacen tambalearse los pilares mismos de aquello que percibimos como real. Su certero punto de vista nos acaricia, nos susurra para despertarnos sin juicios. Habitando sus alter egos a través de su voz vocoderizada, ofreciéndonos inteligencias artificiales (que son nuestros nuevos ángeles), con su poética posmoderna. Acabó arengando al público, a modo de catarsis, de liberarse a través de un grito colectivo de 10 segundos. Un dulce despertar en medio de esta vorágine que es la historia.
Poco después, hizo su aparición la segunda leyenda de la mañana. El gran John Cale nos entregó un concierto de rock, como no podía ser de otra forma. Empezó con la relativamente reciente Jumbo in the Modern world y continuó con Guts, sacando su lado más clásico. Hubo tiempo para un recuerdo a Nico en Moonstruck (Nico´s Song), de su disco editado este mismo año. El fundador de la Velvet Underground nos dio, junto con su estupenda banda, una lección de rock and roll de la vieja escuela, demostrando que si bien los años pasan y el cuerpo se resiente sin remedio, la actitud puede perdurar.
Una vez en la Ciudad del Rock, después de otro viaje de ida de diferentes etapas, llegamos para ver a St. Vincent. Con un público asombrosamente poco numeroso, Annie Clark salió derrochando carisma, bien rodeada de la potentísima banda que le acompaña en esta gira. Comienzan con una versión alternativa de Digital Witness, para después blandir la guitarra como solo ella sabe hacerlo, atacando el riff de Birth in Reverse” Va desgranando temas de su último discos y de otros anteriores. Tiene un recuerdo para New York y nos pone a bailar con Fast Slow Disco. Después esgrime la imprescindible Cheerleader, y ya nos ha hecho caer rendidos a sus pies. Una intensa experiencia ante este animal escénico.
My Morning Jacket, esa banda que a veces se hace tan difícil de ver, nos ofreció una versión reducida de lo que debería ser un concierto suyo. Esto pasa continuamente en festivales: una banda con más de 20 años de trayectoria, que se ve forzada a dar un concierto de sólo una hora. La sensación que nos queda es que hemos visto un atisbo de lo que debería haber sido.
En cualquier caso, My Morning Jacket empezaron esta versión reducida con el habitual Victory Dance, que nos sumergió en esa extraña atmósfera tan beneficiosa para la música en directo. Continuaron seleccionando algunos clásicos de su repertorio, para terminar con el tremendo One big Holiday, broche de oro para un show con el que muchos conocieron a esta magnífica banda.
Es increíble lo que ha crecido como artista Caroline Polachek. Puede ver solo una parte de su actuación, pero me pareció verdaderamente potente, y ella confirmó lo que vengo escuchando desde hace un tiempo: va a camino de convertirse en una gran estrella. Por segunda vez en este festival, vi una clara influencia de Kate Bush. Debería analizar con detalle la presencia constante de esa diva en mi imaginario. En cualquier caso, Polachek dio un gran concierto y nos empieza a mostrar el camino de lo que vendrá en el pop los próximos años.
Sobre Måneskin se ha hablado mucho en los últimos años. Si uno decide dejar de lado los posibles prejuicios (reconozco que yo tenía algo de eso) se dará cuenta que se trata de una banda que funciona como una máquina bien engrasada. El concierto es homogéneo, directo y rabioso. Caen a gran velocidad temas como Gossip, Gasoline o la ganadora de Eurovisión, Zitti e Buoni. Apoyados en el tremendo carisma de todos sus miembros, especialmente de su cantante Damiano David, Måneskin se confirmó como una banda sólida y deslumbró a quienes no los conocían.
Las fuerzas que nos quedaban las reservamos para Rosalía, la gran cabeza de cartel. Y tengo que decir que por primera vez en todo el festival, vi una gran concentración de público, y eso que eran las dos de la mañana. Gente para aburrir, vamos. Tras una intro de algo parecido a música techno de anime japonés, salió la gran estrella, acompañada de su cuerpo de bailarines. El escenario que, era básicamente una cuesta, resultó ser tremendamente versátil y favorecía la visibilidad de todo el show. Y este lo merecía. El ritmo trepidante de canciones como Saoko, Despechá o La Noche de Anoche no daba ningún respiro, todo ello aderezado de la tremenda presencia de la estrella catalana, que no dejó de interactuar con un público entregado. Sigo echando de menos músicos en el escenario, no me acaba de cuadrar que en un concierto toda la música esté grabada (menos el emocionante momento en que interpretó Hentai al piano). En cualquier caso una gran actuación, que sació a las legiones de fans de nuestra diva, la incomparable Rosalía.
Ahora había que enfrentarse una vez más a la aventura de la vuelta a casa, pero tengo que decir que veía sonrisas dibujadas en las caras de los asistentes. Al menos durante un rato, hasta que hubo que enfrentarse a la odisea de volver al centro de Madrid.
Al cierre de estos artículos no sabemos qué pasará con el Primavera Sound en Madrid para 2024. Sí que tenemos fechas para la edición de Barcelona: 3 0 y 31 de mayo y 1 de junio en su recinto habitual. No tenemos, eso sí, ni una pista del cartel. Pero empieza de cero la carrera de fondo que es este festival: ya sólo queda un año.
Galería del sábado del Primavera Sound 2023









