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Dorian y la moda ‘indie’

Por Juanjo Rueda 1

Voy a poner las cartas boca arriba, no soy demasiado entusiasta con la propuesta de Dorian. A pesar de ello acudí con mi mejor predisposición a la hora de encarar el concierto de este pasado viernes en la sala oscense El Veintiuno.

La banda iniciaba en Huesca la gira de su nuevo disco, “La velocidad del vacío”. Pues ahí que me planté en una sala llena a rebosar de público bastante joven (la media de edad debía rondar los veinte años) donde podía contemplar, en ellos, más camisas de leñador que en un bar de Iowa y como ellas han asimilado el look a lo Russian Red. No es esto baladí, este concierto ponía de manifiesto como en esta nueva coyuntura social, en la configuración del actual escenario de la música popular, puede haber tenido la misma o más influencia Amancio Ortega que la MTV en aquellos lejanos días en que ponía vídeos musicales (no, no son leyenda urbana, existieron). Porque una gran parte del público congregado a este concierto viven en una coyuntura en la que lo más superficial del llamado indie se ha convertido en moda como hace veinte años era la “maquina” que ponían en Coliseum. Habrá a quienes les parezca esta observación un ataque gratuito o los delirios de un cronista que peca de pureta -ojo, me parece una gran evolución respecto a entonces y si bandas como Dorian han venido a ocupar el nicho de grupos como El Canto del Loco no puede parecerme más que positivo- pero mis razones y argumentos tengo visto lo visto. Resultó curioso comprobar como durante el concierto de Dorian hubo muchísimas canciones en las que la gente mostraba un desinterés y una apatía extrema hacía el mismo, más ocupados en hablar con el compañero de al lado a la espera de los hits que todos conocen y que fueron altamente celebrados, coreados y, por supuesto, grabados con el móvil. Me refiero a “A cualquier otra parte”, “Paraísos artificiales”, “La tormenta de arena”, o, sorpresa, el primer single de adelanto de su nuevo disco, “Los amigos que perdí” con la que finalizaron el concierto. La concepción de la música de una buena parte del público me resultó más cercana a lo que puede ser otro complemento a su vestuario, en la que el acto social lo es todo, que a la concepción cultural y artística que muchos otros asociamos y demandamos también en gran media a la música. Quizá en todo esto pueda tener algo de culpa la propia banda que en su directo acústico, despojados del armazón electrónico, revelaron unas canciones sin demasiados matices que en algunos momentos se mostraron más propias de unos Duncan Dhu romos o de unos Pereza que de, por ejemplo, New Order (con los que en ocasiones se les ha buscado conexiones en algunas de sus canciones). La sensación fue que la banda, consciente de lo que su público anhelaba, salió a medio gas y a cumplir el trámite tirando del carisma que poseen entre sus entregados fans ofreciendo un concierto flojo. Esperemos que les vaya mucho mejor cuando vuelvan a venir a tierras aragonesas dentro del Polifonik Sound Festival que, por cierto, era uno de los que patrocinaban este concierto como evento de presentación del festival que tendrá lugar en mayo.

Dorian/Foto: Luis Costa
Dorian/Foto: Luis Costa

No puedo dejar de nombrar el hecho de que una banda del caché y el tirón popular de Dorian comience su gira de presentación del nuevo disco en El Veintiuno. Sólo hace que poner de manifiesto el crecimiento que ha experimentado esta sala que ya ha recibido tanto el reconocimiento autonómico (nominada a mejor programación del 2012 en los premios de la música aragonesa) como nacional (cuarta mejor sala de conciertos de 2012 según la votación popular de los lectores de Rockdelux).

Y no, no me olvido de los teloneros. Los madrileños Pasajero tuvieron que capear con la casi siempre ingrata tarea del telonero pero lo mejor que se puede decir de ellos es que supieron superar con nota el desdén inicial del público captando por momentos la atención de una parte del mismo gracias a su buena solvencia musical y su entrega en el escenario, aunque cierta épica grandilocuente, a lo Vetusta Morla, que se encuentra en su discurso musical no sea del todo de mi agrado.


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