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Aniversarios olvidados (IV): discos que cumplen 25 años

Por Jose A. Rueda 0

Mil novecientos ochenta y ocho podría ser considerado como uno de esos puntos de inflexión en la historia de la música popular contemporánea. El giro venía acusándose desde la resaca del punk inglés y las sacudidas nuevaoleras de Estados Unidos. Allí se vivía una “era Reagan” en la que el país se había convertido en un auténtico hervidero alternativo. Nuevas corrientes musicales se cocían a fuego rápido: hardcore-punk, avant-garde, rock universitario, proto-indie… Pero esta “nación alternativa” no se articularía hasta el definitivo 1988. No es casualidad que compartan este reportaje Sonic Youth, Dinosaur Jr y el recopilatorio Sub Pop 200. Faltaría el debut en single de Mudhoney (que también aportaron una canción al casete de Sub Pop), y sobre todo los Pixies, que si no aparecen aquí a propósito de los 25 años de Surfer Rosa es porque la banda está teniendo suficiente actividad con su inesperado e incompleto regreso. Todos juntos crearon una nueva ética y estética del rock contemporáneo, tomando la energía del punk y la accesibilidad del pop, más las referencias casi coetáneas de Iggy Pop, The Fall, Patti Smith, Daniel Johnston o Neil Young.

Mientras, en España, era la Movida la que nos había dejado una insoportable resaca. La alternativa nacional se recuperaba a base de echar mano del movimiento urbano de finales de los 70 (desde la rumba hasta el rock) y de calcar plantillas de blues norteamericano. Los Enemigos, Los Marañones, Deltonos, 091 o Los Coyotes son algunas de estas bandas que, con mayor o menor fortuna, mantuvieron fresco el underground nacional a la espera de la explosión indie. En el presente reportaje, reivindicamos los 25 años de dos discos nacionales y cuatro internacionales (uno de ellos, un recopilatorio). Seis aniversarios que no han sido celebrados como habrían merecido.

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DISCOS DE 1988. DISCOS QUE CUMPLEN 25 AÑOS.

dinosaur-jr-bugDinosaur Jr.
Bug

El trío de Amherst fue más o menos fiel a las plantillas establecidas del mundo del rock. Esto es: estrofa-estribillo-estrofa-estribillo, un eterno solo de guitarra y otro estribillo final. Había que cargarse estos esquemas para adscribirse al rock’n’roll moderno de los últimos 80, y en eso venían trabajando bandas como The Pixies o Sonic Youth. Pero también es verdad que habría sido un error frenar las manos más rápidas de Massachusetts: las de J Mascis. Dinosaur Jr aportaron como innovaciones -además de la consabida lírica inconformista propia de la teen age riot a la que pertenecían- una complejidad sonora de altos vuelos, enterrando los cimientos rítmicos bajo ricas capas melódicas y saturando las guitarras hasta decir basta. El talento de Mascis al instrumento no lo era menos en los apartados compositivo y vocal, combinando el registro melódico con el agresivo de tal forma que la sorpresa estaba siempre asegurada. Esta habilidad aportó una gran flexibilidad a sus canciones, cuyas historias bien podían ir en una dirección o en otra. De la elegante “Pond Song” a la emocional “Don’t”, y de la energética “Yeah We Know” a la espacial “Freak Scene”. Todas ellas dibujadas con preciosas melodías que rara vez se habían oído facturar con tanta energía y distorsión.

Pata_Negra-Blues_De_La_FronteraPata Negra
Blues de la Frontera

Manufacturado en 1987 pero no publicado hasta 1988, Blues de la Frontera es una de las mayores y mejores colecciones de clásicos populares recientes que, de haberse publicado hoy, se habrían denominado “clásicos instantáneos”. El disco cruza los caminos de unos esplendorosos hermanos Amador con un no menos pletórico Carlos Lencero (sin olvidar la producción del indispensable Ricardo Pachón). Raimundo y Rafael culminan aquí la idea que les rondaba la cabeza desde tiempos de Veneno: hacer algo grande, propio y de raíces abrazando el flamenco andaluz al blues norteamericano. Además, estamos hablando de 1988, una época en la que el rock-blues influye sobremanera en las bandas nacionales, que apuestan decididamente por el castellano aun viéndose más o menos encorsetadas por las rígidas estructuras del género (Los Coyotes, Los Deltonos, Los Enemigos…). En Pata Negra, las formalidades blueseras están presentes, pero consiguen amoldarse al jazz (“How high the moon”), al reggae (“Lunático”) y, por supuesto, al flamenco (“Bodas de sangre”), pues, digan lo que digan los puristas, Pata Negra no tiene tanta influencia guiri. Hacen blues y, además, polvoriento, de acuerdo. Pero es polvo sevillano. De albero ardiente bajo el sol, de “Calle Betis”, de “Camarón”, de “Yo me quedo en Sevilla”… Rock andaluz salido de las cloacas que pasea por las sombras de La Alameda, que canta a lo cotidiano sin tapujos y que derrocha apabullante personalidad. Eso es Blues de la Frontera. Eso es Pata Negra.

Public_Enemy-It_Takes_A_Nation_Of_Millions_To_Hold_Us_BackPublic Enemy
It Takes a Nation of Millions to Hold us Back

La credibilidad del hip hop sube y baja como las acciones en bolsa. Siempre ha habido y siempre habrá grupos de mayor autenticidad que otros y momentos más o menos dignos de ser reseñados. It Takes a Nation of Millions to Hold us Back es El Momento -con mayúsculas- del hip hop de la nueva escuela. Con Public Enemy se reescribieron las reglas del género y se abrió a un mundo de posibilidades inéditas hasta la fecha. Primero, porque Chuck D dejó atrás las letras superfluas para versar sobre la atmósfera sociopolítica del momento, con verdadera indignación y gran fuerza contestataria. Y segundo, por la magistral y barroca producción de The Bomb Squad (con Eric “Vietnam” Sadler como principal cerebro), que alimentó las bases de samples y ruidismo logrando ritmos densos y feroces, con inclinaciones por igual hacia el free jazz, el funk y la IDM. Public Enemy elevaron el hip hop de nivel, pasando de la rap crew a la rock band, tal y como habían postulado anteriormente Run DMC. De hecho, lo suyo se tornó en una fusión entre la mítica banda neoyorquina y el punk-rock de The Clash. La mayor participación de Flavor Flav en este segundo disco de los Enemy también fue decisiva, pues vino a amortiguar la lírica crispada de Chuck con unas envenenadas dosis de humor irónico, logrando un genuino y necesario contraste. It Takes a Nation of Millions to Hold us Back es el resultado de la ambición, de las ganas de mejorar y de la búsqueda de un discurso útil para el vulgo. Una actitud que debe seguir vigente a día de hoy, pues el hip hop ha vuelto a desinflarse para caer dócil en manos de la industria establecida, que promulga el rap exhibicionista del oro, el visón y el Rolls-Royce descapotable. El credo de Public Enemy era tan necesario entonces como lo es ahora.

los-ronaldos-saca-la-lenguaLos Ronaldos
Saca la Lengua

Con la Movida extinguida, irrumpe en la escena madrileña un chuleta (que no chulapo) llamado Coque Malla. Carita de niño travieso y cigarrillo en mano, el chaval largaba con desparpajo sus versos canallas sobre juergas, sexo, drogas e irreverencia adolescente. Así se conformó el segundo largo de Los Ronaldos, un disco que, además de incluir las mil veces coreadas “Por las noches” y “Adiós papá”, mostraba a una banda abierta, libre del corsé anglosajón y cómoda consigo misma. “Siesta de alcohol” y “Cuidado conmigo” se suman a los hits mencionados como dos muestras más de su buen hacer con el rock festivo cañí. Malla, que reapareció con Los Ronaldos en 2007 para firmar el implacable éxito de masas “No puedo vivir sin ti”, podría haber aprovechado su actividad sobre los escenarios en 2013 y recuperar Saca la Lengua. Pero nada… Ni reinterpretación en directo ni reedición del disco. Una oportunidad perdida.

sub-pop-200VV.AA.
Sub Pop 200

Si hay que poner un ejemplo de un disco recopilatorio casi tan culminante (o más) que un álbum de banda, ese es Sub Pop 200. Impulsado por el sello del mismo nombre, la compilación recogía a veinte de las bandas de Seattle más prometedoras del momento. Estamos hablando del grunge antes del grunge. Esto es, del indie rock primigenio antes de la explosión comercial de la “Generación X” y toda esa mierda inventada por la MTV y las majors de la industria discográfica. Bruce Pavitt (un visionario o sencillamente un melómano convencido) había fundado el fanzine Subterranean Pop cuando los años 70 tocaban su fin. Entre 1986 y 1988 se produce la metamorfosis de la revista al sello discográfico, pasando de los casetes recopilatorios regalados con algunos números, a los primeros EPs de bandas noveles -Green River (el germen de Pearl Jam) y Soundgarden fueron los primeros-. Con Jonathan Poneman como socio, Pavitt editó el recopilatorio Sub Pop 100 en 1986 y dos años después llegó esta definitiva muestra de aquel periodo. Aquí estaban todos: otra vez Soundgarden y Green River, Nirvana, Mudhoney, Beat Happening, Screaming Trees (con Mark Lannegan al frente)… Un pedazo de la historia del rock que habría merecido la pena recuperar.

daydreamnationSonic Youth
Daydream Nation

De los 16 discos que hay en su currículum vitae, descollan tres: el favorito de la crítica (Sister, 1986), el de la portada más veces reproducida (Goo, 1990) y el fetiche de sus fans: Daydream Nation. Solo un himno generacional como “Teen Age Riot” justifica tal predilección. De hecho, es un título que habría sido más propicio para bautizar todo el álbum, pues, pese a que la “juventud sónica” eran unos alumnos aventajados de los 80 (cinco discos llevaban ya), no dejaban de pertenecer a aquella “nación alternativa” en la que se había convertido Estados Unidos durante los años de Ronald Reagan. Los referentes anteriores se antojan coetáneos y, de algún u otro modo, están ahí: los Stooges, The Fall, Beach Boys, Patti Smith, Led Zeppelin, Daniel Johnston… No en vano, Daydream Nation evoluciona el noise-rock cerebral de Sister para abrirse al rock más tradicional, pero sin claudicar en las guitarras como nueva religión (My Bloody Valentine eran los principales apóstoles de aquel credo). Y así, entre incómodas colisiones sonoras e imposibles distorsiones de guitarra, se fraguaron historias de inconformismo con continuas referencias a lo real y a lo ficticio (numerosos son los guiños cinematográficos y literarios): “Eric’s Trip”, “Total Trash”, “Hey Joni”, “Providence”, “Candle”… El rock moderno estaba en sus manos.

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