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Pecker: la “sencillez” del pop.

Por Juanjo Rueda 0

Pecker no será un músico de alardes técnicos privilegiados pero está claro que es un inteligente conocedor de los mecanismos y trucos que el pop lleva manejando desde hace más de 50 años. Sus canciones, sus temas, su música se construye con piezas del puzzle pop utilizadas infinidad de veces pero no por ello van a resultar menos efectivas si son bien armadas, algo que el oscense sabe hacer. Su último disco se llama “Comercial” (Warner, 2013), un título que puede ser a la vez una especie de reflexión irónica de la música de nuestros días como una sentencia seria de lo que Pecker entrega sin que resulte peyorativo, porque sus temas buscan lo ampliamente popular que encierra la raíz pop. Sus canciones tienen algo del carácter optimista e irónicamente alegre que el pop sabe ofrecer y que busca conectar con el máximo número de oyentes a través del estribillo certero, a través del carácter celebratorio y optimista que sabe potenciar con el uso de esos “lalalas”, “nananas” y “uuus” que pueblan los estribillos de las canciones (algunas veces, todo sea dicho, rozando un poco el exceso) y que sirven para enganchar al público en esa liturgia pop.

Pecker tocaba este pasado sábado de nuevo en la sala El Veintiuno, un lugar que, como dijo, es como una segunda casa para él. Para este set acústico se presentaba la noche con una buenísima entrada de público pero con un pequeño hándicap, Raúl Usieto (nombre tras el seudónimo de Pecker) empezaba avisando sobre que estaba un poco tocado de la garganta tras el concierto que había ofrecido el día anterior en Madrid y, fundamentalmente, por los avatares típicos de las fechas invernales en las que nos encontramos. Pero cualquiera lo hubiera dicho porque mostró una muy buena capacidad vocal que sabe llenar de una expresividad propia a sus canciones. Canciones que fotografían –como el personaje de John Waters– aspectos de nuestro día a día resaltando esa mirada meridiamente optimista sobre las relaciones humanas que igual retratan el romanticismo en clave actual como tratan de esos amores que al final orbitan de forma distinta. La inteligencia de Pecker, a la que hacía referencia anteriormente, se muestra en como sabe utilizar y combinar detalles no excesivamente complicados -como el uso de samplers o bases pregrabadas- para trascender un poco lo simplón que pueden ser a veces los conciertos acústicos. El concierto se desenvolvió con cierto aire festivo -muy adecuado para la fecha- dentro de su limitación acústica, potenciado por el carisma sobrado sobre el escenario de Pecker (capaz de terminar el concierto subido a la barra de la sala tocando una versión con ukelele del “I wanna be your boyfriend” de los Ramones); un Pecker locuaz con el público para hacerle participar en la fiesta musical mediante coros y/o palmas, consiguiendo su objetivo, atrapándote en la ola pop que terminaba haciendo bambolear, por momentos, tu cuerpo como una palmera -suave, suave, su-su-suave- al son de los temas de un set que se ordenó fundamentalmente en torno a su último disco (con canciones como “Bonus Extra”, “Canción de amor nº21”, “Amor de alta definición” o “Tú no eres lo que espero de ti”, entre otras) junto con éxitos pretéritos (“Me quemas bastante” o “Supernova”) y en el que hubo tiempo para incluso recordar su muy interesante proyecto The Digital Turbans (“Inédita”). Su concierto tuvo un aire saltarín, vivaracho y breve -duró poquito más de una hora-, y ya se sabe lo que se dice de lo breve y bueno.

Posteriormente, el mismo Pecker pinchó durante una hora y media haciendo una selección que combinaba efectivos hits de hoy (“Daft Punk is Playing at My House” de LCD Soundsystem, “Sleep Alone” de Two Door Cinema Club, Plastilina Mosh con “Peligroso Pop” o Mando Diao con “Dance With Somebody”) con clásicos de ayer (New Order “Blue Monday”).


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