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“Girls”: del odio al amor.

Por Angélica Mualim 0

Se supone que uno ve series porque disfruta con ellas, porque le divierten, le aportan algo interesante, le distraen de la rutina diaria o lo que sea. También existe otra opción: ver una serie que no te gusta, sólo por el placer que produce desearle una lenta y dolorosa muerte a sus personajes. Esto se denomina hatewatching, una relación de amor-odio que el espectador tiene con el programa en cuestión. No acaba de gustarle, pero no se pierde ni un episodio. Esto era lo que me pasa a mí con Girls. O bueno, me pasaba, que el capítulo de esta semana ha hecho que cambie mi opinión. Antes de comentar por qué Beach House ha conseguido esto, os relataré un poco mi tormentosa relación con Lena Dunham y compañía.

Empecé a ver la serie el año pasado con una maratón de la primera temporada antes de que empezara la segunda, y ya de paso arrasara en los Globos de Oro.

"Girls", ganadora de los Globos de Oro en 2013.
“Girls”, ganadora de los Globos de Oro en 2013.

Había leído buenas opiniones tanto de la crítica como de conocidos, y además, ¡es de la HBO! Me tenía que gustar seguro… pero no fue así. La primera temporada no me acabó de convencer, tenía sus momentos simpáticos y hasta me reí un par de veces, pero no me pareció digna de poner en un pedestal ni nada por el estilo. Al empezar la segunda temporada, mi paciencia se agotaba y mi decepción prácticamente se convirtió en repulsión. Sí, ya sabemos que Hannah es la protagonista, que es una egocéntrica y una inmadura, pero estas cualidades deben servir a algún propósito argumentativo diferente al de describir al personaje una y otra vez. Se supone que esto es una comedia y no una sesión de terapia de Dunham. En la segunda temporada el protagonismo de Hannah llegó a cuotas exasperantes, justificado en parte por la ausencia de Jemima Kirke (Jessa), que tuvo un hijo durante el rodaje y apenas apareció en ella, aunque por lo menos se podrían haber currado una explicación más elaborada sobre su repentina desaparición. En esta temporada encontramos el capítulo que más ha dividido a los seguidores hasta ahora: One Man’s Trash (el capítulo del cuarentón buenorro). Aquí se nos muestra una fantasía que desemboca en un exceso de sinceridad por parte de Hannah (seguro que no fui la única que pensó “¡Demasiada información!” cuando le contó todos sus miedos e inseguridades a un tipo al que acababa de conocer) y que no tiene consecuencias futuras ni para el personaje ni para la serie, por lo que realmente no tiene interés alguno para el espectador.

A estas alturas muchos de los fans incondicionales de la serie empiezan a preguntarse a dónde va todo esto, si realmente era una genialidad o una serie del montón que nos colaron como obra maestra a saber por qué. Y los del otro bando empezamos a sentirse mejor, como si de alguna manera hubiésemos seducido a estos aficionados al lado oscuro, al de los haters. HannahAndMarnie Desde su estreno, Girls ha despertado reacciones muy opuestas entre sí, tema del cual ya se ha escrito bastante. El año pasado por ejemplo se publicó este artículo para debatir si la serie merecía realmente la pena o no. Cuando odias algo, por extensión tu odio se transmite también a las personas que lo defienden. Como podréis ver en el mencionado artículo, en los comentarios se pueden encontrar opiniones del tipo “Al que no le guste Girls que se vaya a ver Aída”, que trasladado a otros ámbitos sería el equivalente a decir que si no te gusta Vampire Weekend es porque te gusta Kiko Rivera, o si no te gusta el cine de Lars von Trier es porque las neuronas solamente te permiten disfrutar de las pelis de Torrente. Soy perfectamente consciente de que no todos los fans de Girls son así y seguramente la mayoría de ellos son gente maravillosa y con una capacidad de razonamiento excepcional, pero sólo leer uno de estos comentarios justifica tu faceta de Grumpy Cat y poder seguir despotricando semanalmente de este grupito de amigas.

Y ya os estaréis preguntando: “Pero, ¿de verdad no tienes nada mejor que hacer con tu vida que ver una serie que no te gusta y amargarte la existencia de esa manera?”. Como ya he comentado, mi relación con Girls es de amor-odio, así que algo de aprecio por mi parte sí que existe. Desde el principio pensé que la serie tenía potencial, que podía ser divertida, y, con suerte, llegar a ser la voz de una generación. Mi esperanza se basaba en una frase que Hannah suelta en el piloto en medio de una cena familiar: “No sabéis la suerte que tenéis por tener una hija como yo”. ¿Acaso no es algo que todos hemos querido decirles a nuestros padres cuando nos parecía que nos echaban la bronca sin motivo aparente? Hacer que tu público se identifique con tu personaje es tan sencillo como una frase de este tipo, sin necesidad de grandes discursos con pretensiones filosóficas ni de situaciones tan absurdas que ni siquiera hacen gracia.

Esta tercera temporada la empecé por inercia, con expectativas mínimas después de la irregular temporada anterior. Aquí la serie empezaba a chirriar menos y hasta se hacía tolerable. En Dead Inside ya podíamos ver cómo el egocentrismo de Hannah funcionaba a la perfección en una trama concreta, y en Free Snacks se hace una excelente reflexión sobre cómo la entrada al mundo laboral puede comprometer tus valores y tus sueños.

Shoshanna, la voz del pueblo.
Shoshanna, la voz del pueblo.

Aún así, me faltaba algo esencial, algo que todavía no había visto en la pantalla: una igualdad de protagonismo entre las cuatro chicas, que por algo la serie se llama Girls, en plural. Y por fin, en Beach House se ha conseguido. El de esta semana ha sido un episodio catártico, donde hemos oído lo que llevábamos tiempo queriendo oír. Shoshanna (Zosia Mamet), ese personaje tan poco aprovechado, por fin sacó a la luz lo que llevaba callando tanto tiempo, que es lo mismo que todos hemos pensado por lo menos una vez sobre estas muchachas.

Aparte de la escena de las confesiones en estado de embriaguez y del adorable baile final, lo más destacable de este capítulo es que nos ha mostrado algo que rara vez se ve en televisión: cómo un grupo de amigos se distancia. Estamos acostumbrados a ver a grupos indestructibles de amigos que siguen tan colegas como siempre después de muchos años (Friends, Sexo en Nueva York o Cómo Conocí a Vuestra Madre, por poner algunos ejemplos), pero todos sabemos que en la vida real esto no es así. GirlsAndBoys El gran acierto de Girls es mostrar cómo estas amigas, que parece ser que sólo tienen en común haberse conocido en un momento determinado, se dan cuenta de que realmente lo único que las une es esta amistad cada vez más endeble. Una amistad cuya existencia se reconoce, que se sabe que está allí, pero que en realidad apenas tiene efecto en sus vidas diarias. El plan original de Marnie (Allison Williams) era recuperar esta amistad, y al final lo que realmente se ha logrado es reconciliar al público con el programa. Es ahora cuando las chicas (qué alegría usar el plural) decidirán qué rumbo tomará su relación, una vez que se ha expuesto toda la verdad. Bueno, no toda… Por primera vez, tengo ganas de que llegue el próximo capítulo de Girls. Y no precisamente para despotricar.

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