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CVEEC 2: Segundas partes sí son buenas

Por Juanjo Rueda 0

7.5

Nota
7.5
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Cómo Vivir En El Campo fue una de las sorpresas más agradables y destacadas que pude oír en 2012. Su primer disco hacía confluir unos referentes musicales nacionales e internacionales no demasiado novedosos pero no por ello siempre disfrutables, referentes que igual iban de Yo La Tengo o The Cure a Golpes Bajos, y supieron leerlos a su personal manera para conseguir un disco de diez temas casi impecables -diez hits instantáneos- que eran un soplo de aire fresco y que hizo que lo votara como el mejor disco de ese año cuando estábamos en plena vorágine de nuestro típico repaso anual.

Ahora vuelven con un segundo disco editado esta vez por El Genio Equivocado y que para algunos será la primera toma de contacto con la banda. Aquellos que descubran la banda ahora, disfrutarán de un grupo que sigue siendo fresco y que busca meandros distintos al esclerotizado indie nacional, ese que se nutre de ritmos trotones y marciales, épica vacua, letras pomposas y cantantes afectados. Es verdad que algo que al principio puede sorprender es la dicción algo chulesca -con deje casi chulapo- de Pedro Arranz pero luego también repararán en las canciones que aquí vuelven a ser las grandes protagonistas. Este nuevo disco se abre con “Oro Graso”, un tema ya adelantado en diciembre de 2013 y que es una especie de raro villancico que parece pasado por la túrmix estilística del trío más famoso de Hoboken; a partir de aquí el disco muestra una mayor apertura musical o expansión de la paleta de la banda añadiendo la influencia de la música latinoamericana con boleros algo marcianos -“Lo que no logra la razón lo hace el diablo”- o versionando a la cantautora cubana Teresita Fernández en “Cuando el sol”. También añaden toques del pop de los cincuenta en “Si vienes a buscar suerte” donde destacan las palmas y coros. Pero, a pesar de esta variedad, al igual que el anterior sigue siendo la guitarra la protagonista -sin desmerecer al resto de la sección rítmica o algunos arreglos que suman agradecidos detalles- de un disco en el cual traza singulares y efectivos arabescos que no llegan a caer en un rococó vacío y que marcan incluso hasta los estribillos de temas como “Perdido” o el tempo sosegado y planeador de “North Koreans”.

Las letras, por su lado, siguen completando las canciones con esas historias que parecen hablar de amores (desamores los más de los casos), deseos, costumbrismo y cierto hastío o desengaño existencial pero todo con un particular cripticismo.

El disco se cierra con “Escándalo en la autopista” una especie de suite experimental de doce minutos donde convergen -con más o menos acierto- toques de jazz y ambient, dejando la sensación de disco que suma gamas a la banda aunque el resultado general esté un peldaño por debajo del anterior, quizá porque estos nuevos matices -maldita contradicción- hace que suene ligeramente más disperso en conjunto. Pero esto no anula la sensación de que estamos ante otro buen paso de una banda distinta en, como ya he dicho, un panorama nacional donde muchas bandas se refugian en sonidos que han caído en la repetición de un esquema como si fuera un patronaje. Ahí la frescura de CVEEC es, y si siguen así será, muy necesaria.

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