Crónica de Fujiya & Miyagi + Shura en Sound Isidro

Por Ana Rodríguez 0

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¿Es posible hacer una pequeña semblanza histórica de la música electrónica con un concierto? Se puede intentar y algo así ocurrió en el Teatro Barceló, en la tercera noche del Sound Isidro, con el concierto de Shura y Fujiya & Miyagi: dos propuesta de origen inglés, que ejemplifican en cierto modo el desarrollo del nuevo siglo de este estilo.

Del rock al pop, tanto el veterano grupo como la joven promesa, nos recuerdan que la música electrónica no es simplemente una mezcla de bases pregrabadas, de fríos sonidos digitales, su fusión con instrumentos tradicionalmente relacionados con la historia de la música popular, con cajas de ritmos, la hacen más compleja e interesante.

Rondando el inicio del siglo, en el año 2000, surgió en Brighton Fujiya & Miyagi, un grupo influido por el krautrock y Aphex Twin, según ellos mismos reconocen. A los pocos años, las valoraciones de Pitchfork y NME y su presencia en series como «Misfits» y «Skins» consiguieron que tuvieran una gran popularidad. Sin embargo, con el tiempo comenzaron a espaciar sus discos y perdieron parte de esa visibilidad de antaño. Su presencia en el Sound Isidro ha coincidido con el lanzamiento de su último trabajo, que se llama igual que ellos y ha confirmado que siguen activos, aunque a veces el olvido se confunda con la disolución.

Puntualmente, saltaron a escena el cantante y guitarrista David Best, el bajista Ben Adamo, el batería Ed Chivers y Steve Lewis con los sintetizadores. Su sobriedad hizo que la conexión con el público se ralentizara: su inconfundible sonido y su oficio pugnaban con su seriedad y su parquedad de palabras. Sin embargo, la incursión de temas clásicos como “Ankle Injuries”, “UH”, “Knickerbocker” o “Collarbone” entre los nuevos como “Solitaire” o “Serotonin Rushes” hizo el trabajo y se ganaron a los asistentes, que comenzaron a acompañar las canciones con tímidos bailes. En este caso, quedó claro que el espectáculo estaba en la impecable pericia y en el estilo propio, más allá de la ejecución apasionada y de la interacción con el público.

Shura en Sound Isidro
Shura por Sergio Albert Avile?s

El veterano rock electrónico dio paso al pop de la joven Shura. Con apenas 25 años ya llevaba tiempo trasteando con remezclas y producciones y en 2016 lanzó su álbum Nothing´s Real, que confirmó el potencial de esta promesa. La cuestión es qué esperar de un artista cuando los medios generan tantas expectativas sobre su trabajo. ¿Una diva insoportable? ¿Un futuro juguete roto? ¿Mucho lirili y poco lerele?

La duda sobre quién saldría tardó poco en resolverse y sorprendió: un chiquilla menuda y rubia, con un montón de ropa enorme, que apagó el cigarrillo nada más entrar en el escenario y que tímidamente saludó, tal y como pudo aprender del Jubileo de la Reina. Pero que no te engañe su candor y su pequeña talla, tardó poco en ganarse al público con su energía y sus ganas de pasarlo bien.

Presionó uno de los botones de su sintetizador y comenzó a cantar y a saltar entre sus músicos (tan jóvenes y tan capaces como ella). Sus ganas de compartir sus canciones con el público se modulaba con los temas, unas veces se concentraba apasionadamente con el teclado o la guitarra mientras que otras recorría el escenario contándonos la canción; hizo sus pinitos de hablar en español, disculpándose por su falta de fluidez (claro que sí, guapi); se desnudó física y emocionalmente, deshaciéndose de su gorro de lana, de la chaqueta, de la sudadera…

“Nothing’s Real”, “What’s It Gonna Be?”, “2Shy”, “Touch”… alguna dijo en tono cariñoso que Shura es a little bit mamarracha. Puede serlo, es un riesgo que asumes cuando tus canciones tienen ciertas reminiscencias ochenteras. Yo pensé en ella como «La chica de rosa», como un personaje más de John Hughes, con estilo y personalidad propios, y entrañable, al fin y al cabo.

En una de las últimas canciones se paseó por el borde del escenario con una enorme sonrisa, agarrando las manos de todos aquellos que se la ofrecían desde la primera fila. Aunque tú no fueras uno de los afortunados acababas sintiendo esa especie de cariño, que daban ganas de llevártela a comer patatas bravas al término del concierto.

Shura nos supo a poco, vale que es un disco frente a los 6 de Fujiya & Miyagi, pero una vez más la sombra de la hora de «cierre» del Barceló fue implacable.

Foto de portada: Shura por Sergio Albert Avile?s.

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