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Crónica de Nueva Vulcano en Sound Isidro

Por Ana Rodríguez 0

Nueva Vulcano en Sound Isidro

Por fin, después de tanto hablar de ello, arrancó Sound Isidro de una forma exquisita, con Nueva Vulcano, Mishima y Esmeralda en el Teatro Barceló. El primero de los 25 conciertos que conforman este ciclo y que promete, junto con otros eventos, un intenso mes de mayo en Madrid, musicalmente hablando. Solo puedo decir que ya era hora de que la capital deslumbrará así.

Tras varias ediciones, el Sound Isidro afianza su estilo, su gusto por la heterodoxia musical mezclando estilos, procedencias y niveles de riesgo experimental, al margen del indie-tex, como diría Javi de Cosmen Adelaida. Ante un planteamiento así, ¿quién o quiénes deberían abrir? La elección de Nueva Vulcano no podía ser más acertada: su trayectoria, su inequívoco sonido y su autenticidad lo justifican. Una no deja de preguntarse cómo es que no gozan de una mayor proyección en el circuito de conciertos y festivales frente a otros más mediocres y formuloides. Sea como sea, no saben lo que se pierden.

La tarde-noche comenzó con Esmeraldo, el proyecto de Santiago Castillo (Templeton). Con cierto halo de misterio surgió el año pasado su EP, «Campamento Fluxor», 5 temas que coqueteaban con la psicodelia y el synth-pop que había creado prácticamente en solitario en el estudio de Paco Loco. La confirmación de que es una propuesta que interesa se demuestra en directo, sobre todo si tenemos en cuenta quiénes le acompañan: Eliza Caliza, la que fuera batería de Cosmen Adelaida en los teclados, y dos de los componentes de Juventud Juché, Arturo a la batería y Luis al bajo (que va camino de ser “el hombre que lo hace todo en España” (y bien, ojocuidao)).

Algunos tuvimos la oportunidad de descubrirlos en las Demoscópicas de este año y al volver a verlos en esta ocasión da gusto comprobar el aplomo que van ganando. Lamentablemente, dado lo temprano de su horario y que aún no son muy conocidos, no hubo mucho público en la sala que ofreciera sus parabienes a este grupo.

Mishima por Iram Martínez

Mishima fueron los segundos en ocupar el escenario de la Barceló. El volumen de asistentes fue creciendo, algo lógico dada la veteranía de los barceloneses y su propuesta pop más que asentada, una especie de reboot bien hecho de la chanson française. Frente a los anteriores, el cambio de ritmo y de estilo de instrumentación fue algo chocante, incluso puede que algo frío: sintetizadores frente a guitarras casi acústicas, el inicio del concierto para algunos de los asistentes…

Lo cierto es que quizás a mí me resultara así porque no es mi estilo, me quedo a medias. Sin embargo, no puedo negar su calidad en la ejecución y que a medida que pasaron las canciones se creó un agradable ambiente de bienestar, especialmente cuando tocaron al final uno de los temas de su nuevo trabajo, «Ara i res». Dejaron la sala con un buen rollo increíble (aunque la merma de mi chunguez me impida apreciarlo al 100%), perfecto para ser redondeado con Nueva Vulcano.

¿Cómo definir a Artur Estrada, Wences Aparicio, Albert Guàrdia y Marc Clos? Ellos mismos califican su música como rock sentimental, lo cual es bastante aproximado, también tienen sus toques pop e incluso alguno se ha lanzado a definirlos como punk. Choca pero si hacemos caso a Joan Wasser (Joan as Policewoman) cuando dijo que la belleza era el nuevo punk entonces estamos más que de acuerdo.

Nueva Vulcano por Iram Martínez

Una vez más se confirmó que sus directos son una fiesta llena de energía, en la que constantemente buscan la complicidad del público. Esto último no es difícil pues se podría decir que los seguidores de Nueva Vulcano son fieles a su inconfundible sonido y a la familiaridad de los temas de los que hablan, una propuesta que engancha por la capacidad que tiene de que hable de ti mismo. Una buena prueba de ello es que entre los últimos, «Los peces de colores» y «Novelería», hay casi 6 años de distancia y no dejan de tener un lugar en la sentimentalidad de sus fans.

Dulce y ácida, El mirlo, Te debo un baile, Hemos hecho cosas… clásicos indiscutibles de su repertorio entre otras que no se quedan atrás en popularidad si lo valoramos por la cantidad de veces que el público se unió a ellos en los estribillos. Eso mola y se notó en el subidón que les produjo, haciendo bromas, con guiños entre ellos (especialmente Artur Estrada y Wences Aparicio), con el placer y la pasión que suponen tocar en directo (necesitamos más percusionistas que dominen el vibráfono: es todo un espectáculo). En serio, son necesarios más conciertos así.

Agradecieron al Sound Isidro la decisión de juntarles con Mishima, algo que parece ser que no es habitual en Cataluña. ¿En serio? Aún con los peros que yo pueda ponerles, me parece que son un buen maridaje para hacer una velada perfecta.

La lástima, que cuando estás por todo lo alto, el concierto se acaba por exigencias de la sala. Cada vez que voy lo llevo asumido pero no deja de ser una cortada de rollo, para el público y para los artistas. Por favor, Teatro Barceló, ¡media hora más!

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