Crónica del Primavera Club 2018 (Madrid)

Por Roberto Meroño 0

Los artistas emergentes fueron los protagonistas de este Primavera Club 2018.

Segunda edición del hermano pequeño del Primavera Sound por tierras madrileñas tras la vuelta que supuso el Primavera Club del año pasado, con un formato diferente y un poco más reducido. Había menos grupos y había menos salas -una, la sala Teatro Barceló, que eran dos en realidad, ya que en la parte de arriba, en el llamado Cielo de Barceló, se ubicaba el segundo escenario del festival-, pero la programación era un reclamo para los curiosos porque contenía todo tipo de artistas en cuanto a variedad estilística. Para la mayoría de ellos esta supondría su primera actuación en Madrid, demostrando una vez más que no todo festival que se precie tiene que ser un clon de otro anterior, si no que se puede tener personalidad propia programando caras nuevas sin renunciar a ser ambiciosos, pues pudimos intuir que algunos de ellos se pasearán más pronto que tarde por las partes altas de los festivales masivos.

Cupido por Ignacio Sánchez-Suárez

Haciendo un repaso previo al cartel uno podía intuir ciertas líneas de trabajo sobre el que se planificó la programación del Primavera Club, todas acertadas y adaptadas a los tiempos que vivimos, un 2018 al que otros festivales parecen ignorar, anclados en sus carteles llenos de nostalgia, reuniones y otras vicisitudes que aquí ni se contemplaban. Las líneas de trabajo, como decíamos, pasaban por pegarse a la actualidad, trayendo gente que tiene cosas que decir aquí y ahora, ya sea con guitarra o sin ella. Un cartel millenial o, incluso, generación Z, porque había artistas que no pasaban de la veintena con seguridad. Un cartel también en el que la mujer tenía mucho peso -aleluya- y, de hecho, los dos primeros conciertos que pudimos ver el viernes fueron dos formas de entender el R&B con dos frontwoman de aúpa. El carácter más expansivo del R&B vino de la mano de Kadhja Bonet y su gran banda, que servía como contrapunto a lo que estaba sucediendo en la planta de arriba, el delicado intimismo proporcionado por Okay Kaya que, a su vez, hizo de telonera de otro tipo de R&B, esta vez masculino, proporcionado por el teatrero y frankoceaniano Serpentwithfeet. Una pena que su show no se pudiera contemplar como es debido por la mala situación del escenario en El Cielo de Barceló, que impedía ver lo que allí ocurría más allá de la tercera fila. Las partes de piano nos las perdimos, pero ahí pudimos intuir una voz personal y un estilo que dará que hablar. Como dieron que hablar Slowthai, quizá la actuación más espídica y divertida del fin de semana junto a la de JPEGMAFIA. Más gamberros escénicos los primeros, con un show quizá más canónico de hip-hop/grime británico influenciado por Skepta/Stormzy, y más millenial el segundo, enganchado a Google Translate y a esas bases locas que reventaron a pogos la parte superior del teatro. La primera jornada se cerró con dos apuestas nacionales: una por descubrir, como era la mezcla trapera-indie-popera que sugirieron Cupido -la unión de Pimp Flaco con la banda Solo Astra-, y otra más que conocida, como el desparrame cumbiero de unos Esteban & Manuel a los que únicamente les falló la hora. Su música pide paso a partir de las 2 o 3 de la mañana, a las 23h aún teníamos esa sensación de comienzo de noche que no ayudó. Sobre Pimp Flaco y los suyos sólo podemos decir que chapó, era su primer concierto y se notó lo justo, la banda estaba bien asentada y el catalán ejercía como líder sin sobresalir en esta nueva faceta bedroompopera, cediendo protagonismo a una banda que solventaba composiciones como su única canción publicada hasta el momento, la veraniega -y hitazo- “No Sabes Mentir”, que el público ya coreó confirmando el hype que se viene con ellos en 2019. Intuimos un par más de hits que habrá que confirmar con la versión de estudio y aplaudimos la colaboración del hermanísimo Kinder Malo.

Stella Donnelly por Ignacio Sánchez-Suárez

De las jornadas del sábado y domingo, algo más guitarreras que el viernes, nos quedamos con las actuaciones de una soberbia Stella Donnelly, australiana a la que no le pesó abrir escenario grande a las 18:15h. de la tarde y nos embelesó con sus composiciones solamente aderezadas por su guitarra y su espectacular voz. Majísima ella, explicaba sus composiciones una a una haciéndonos ver los temas (empoderamiento, feminismo, desamores, etc) que escondía una discografía aún corta, pero prometedora. Escuchen su debut, Trush Metal, no se van a arrepentir. Quizá la sorpresa más agradable de toda esta edición del Primavera Club. También nos alegramos de ver a Ama Lou, mujer de juventud insultante con una confianza sobre las tablas que pareciera que llevara años viviendo de esto. Con la única ayuda de las bases que le lanzaban desde un lado del escenario, la británica presentaba temas de su primer EP, DDD, como una pegadiza “Tried Up” que la pone en el cajón de salida para encabezar la nueva oleada de R&B británico junto a su coetánea Jorja Smith. Por algo es favorita del jefe Drake, apunten ahí.

Más aciertos: la diversión y el desprejuicio de un Jimothy Lacoste inmenso, cuyo concierto terminó con una suerte de invasión del escenario. Pop de dormitorio, con Internet como primera referencia y apoyo para todo, que inunda temas que hacen bailar a un muerto, como “I Can Speak Spanish”. Para reyes del baile también tuvimos a Boy Pablo, ese Mac DeMarco noruego-peruano cuya banda me recordó por momentos más a sus compatriotas Kakkmaddafakka que al referente norteamericano. Se les nota rodados, los poco más de 30 minutos de conciertos pasaron volando e hicieron honor al papel de cabeza de cartel que sus escuchas en Spotify y las más de dos referencias discográficas le habían otorgado.

Derbi Motoreta’s Burrito Kachimba por Ignacio Sánchez-Suárez

En el apartado de decepciones, tristemente nos vemos obligados a poner el debut de Lindsey Jordan, aka Snail Mail, en nuestro país, cosa que no esperábamos pues su primer disco, Lush -sacado nada menos que en Matador- es uno de nuestros favoritos del año. La desilusión nos golpeó en la cara de primeras, ya que se notaba en exceso que Lindsey estaba mal de voz y la banda no se supo adaptar bien a ese papel. Las canciones estaban ahí, pero el directo dejó que desear. No nos queda otra que esperar una revancha que sabemos que se producirá más pronto que tarde.

También dejó que desear, en comparación con el resto de días, la jornada dominguera, que así se hizo sentir en la afluencia de público. Aún así, pudimos rescatar algunas joyas que merece la pena comentar, como la mezcla de Triana con King Gizzard, pasando por Led Zeppelin, de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba (sí, leen bien). Presencia, directo que funciona como una apisonadora y referencias actuales pasadas por un filtro nostálgico nos hacen querer tener ganas de escuchar su debut, que comentaron que esperan sacar a finales de 2018 o comienzo del próximo año. También nos gustó el pop francés de Halo Maud y la elegancia, con saxo incluido, de Alaskalaska.

En definitiva, larga vida al Primavera Club y su edición madrileña. Ningún festival da tanto por tan poco (25 euros costaba el abono de 3 días, de risa) y pocos te permiten ir con las orejas abiertas y los deberes sin hacer sabiendo que acertarás vayas al concierto que vayas. Olé.

Galería del Primavera Club 2018

Fotos por Ignacio Sánchez-Suárez.

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