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Crónica del IV Premio Ruido (Teatro Barceló)

Por Ana Rguez. Borrego 0

IV Premio Ruido

Rosalía consolida su posición ganando el Premio Ruido por segundo año consecutivo

La cultura es un patrimonio que en ocasiones pasa a un segundo plano. Es un tipo de riqueza que no se suele tener en cuenta, porque no tiene un beneficio pecuniario tan evidente. Ese fue el mensaje inicial de la entrega del IV Premio Ruido. María Ballesteros, presidenta de Periodistas Asociados de Música (PAM), lo destacaba al hilo del nefasto inicio de año que han tenido los medios digitales. Cierra BuzzFeed España, PlayGround anuncia un ERE, Eslang está en la cuerda floja… Se puede hablar de otros factores, pero es cierto que en cuanto el beneficio económico no es tan evidente, cualquier cosa, por talentosa e interesante que resulta, queda denostada.

Pero no era cuestión de lamentarse. Un premio siempre es algo que hay que celebrar y así se lo plantearon tanto ella como Igor Paskual, el presentador del evento. Tras dedicar la gala a José Manuel Costa, toda una institución dentro del gremio (de hecho, el 1981 obtuvo el Premio Nacional de la Crítica Musical) que falleció el año pasado, se fueron presentando los nominados al premio, que se intercalaban los que allí actuaron con los que no lo hicieron (Nacho Vegas, Christina Rosenvinge, Zahara, Niño de Elche, Toundra y Rosalía).

Se juzgaba el disco, pero cualquiera de los grupos que actuó justificó con creces por qué estaban allí. Tanto aquellos que se proyectan al futuro como los que llevan años en la música y permanecen, evolucionando y sin defraudar. Con sólo un disco, La Plata se crece en cada concierto que les ves, con cada una de sus canciones, sean sosegadas o más cañeras: una presencia escénica epatante, que apabulla sin piensas en su futuro. Ellos fueron los encargados de abrir la noche, seguidos de Belako, que repitieron nominación como ocurrió con su disco anterior. Con tres discos, han conseguido un sonido propio, reconocible desde sus primeros acordes y que defienden con una severidad que es difícil de discutir. Esa juventud y descaro también la comparte Putochinomaricón: con sus bases y su aplastante e incendiario discurso arrastra al público. De hecho, se bajó a cantar entre ellos su hit “Gente de Mierda”: fue el minuto de oro de la noche.

Frente a tanta juventud, La Habitación Roja demostró que sus casi 25 años de carrera no han hecho mella en ellos y que todo reconocimiento es merecido. Cerraron las actuaciones Morgan y Rufus T. Firefly, dos grupos que en los último años disfrutan de un ascenso meteórito. Los primeros, con un sonido diferente, que juega con el rock clásico, el funk y el soul y que tiene enganchado al público; los segundos, que cuando más complicado lo tenían, se marcaron dos discos con toques de psicodelia (Magnolia (2017) y Loto (2018)) que les han llevado a primera línea.

Dos canciones por cada grupo, que sonaban impecables, porque los técnicos de la noche casi se merecieron también un premio.

Llegaba el turno de saber cuál era el disco del año, quién recibiría la guitarra Gibson Les Paul Classic 2018 Ebony de uno de los patrocinadores de la gala. Una vez más fue Rosalía, que no pudo recogerlo en persona por encontrarse fuera de España. No sé si sorprendió o si alguien esperaba que fuera algo diferente, pero está claro que 2018 ha sido el año de El Mal Querer. Una parte de la sala no estuvo muy conforme con el resultado: sus abucheos dejaron constancia de ello.

Las reacciones ante los premios siempre te hacen pensar qué es lo que se debe premiar. ¿Es la calidad? ¿Es la evidencia? ¿Se debe reconocer a aquella obra que no ha tenido tanta repercusión y que debería tener sus minutos de notoriedad? Sea como sea, cualquier criterio puede ser válido y hay tantos como culos de los que opinan.

Quedémonos con que StubHub, uno de los patrocinadores del Premio Ruido, dará continuidad a los finalistas de este galardón a través de las Sesiones Ruido. Una buena iniciativa: que la música no pare.

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