Crónica del concierto de Ricardo Vicente en Barcelona (sala Almodobar)

Por Aitana Enciso 0

Crónica del concierto de Ricardo Vicente en Barcelona (sala Almodobar)

Ricardo Vicente lo tenía difícil este pasado sábado. Luchaba contra La Nit dels Museus (un montón de conciertos gratis), un bar de nombre similar a cuatro calles, más conocido, y un tiempo primaveral húmedo y lluvioso. Venía a presentar en acústico su último trabajo, A lo mejor yo te gusto (Intromúsica, 2019), quizás menos brillante que Hotel Florida, el anterior de 2015, pero no por eso menos interesante.

Lo cierto es que yo llevé un día bastante malo y para rematar me fui al bar contrario de nombre similar a esperar. Menos mal que un fan me avisó. Así, llegué con el concierto empezado, creo que en la primera canción que no pude casi ni escuchar pues me atasqué en la entrada reclamando mi acreditación.

Tras estas peripecias me costó entrar en calor y en disposición mental de disfrutar el directo. Lo aclaro porque hay veces que el cerebro no acompaña y esta fue una de esas. A pesar de esto, como es uno de mis cantautores de cabecera y conozco gran parte de sus álbumes de memoria, conseguí centrarme en lo puramente musical. Después de comenzar con un tema del último, se dispuso a rescatar “A Joni Mitchell con todo mi amor”, una balada desesperada y cruda que es una de mis favoritas. Se le veía bastante nervioso y nos lo confesó al terminarla, hacía tiempo que no tocaba solo y a pesar de la escasa afluencia en estas primeras canciones parecía echar de menos una banda de acompañamiento.

Después de explicar “El Milagro de Milán” y terminarla, casi sin respirar retomó “A lo mejor yo te gusto” e interpretó “Cuando Louis conoció a Papillón”, otra también basada en una película. No fue hasta atacar “Cómo que sale el sol”, tras recordar que fue el single de Hotel Florida presentado en Hoy Empieza Todo, que el concierto ya se puso serio y en marcha. Las chicas del público le hicieron coros y se notó que es una de sus mejores canciones hasta la fecha. Contrastaba vivamente con las anteriores y resultó un buen revulsivo para que todos nos pusiéramos a bailar un poco. La encadenó con “Belleza y miedo”, nombrando a Zahara y consiguiendo un cerrado aplauso. La verdad es que el público, pese a ser escaso, estaba muy volcado con él.

Las canciones de Vicente, bastante sentimentales, nos muestran a un músico que apela a cosas muy íntimas en las que podemos vernos reflejados. En mi caso, fue en los rescates de La Costa Brava cuando me emocioné profundamente, pues al referirse a su buen amigo Sergio Algora, desaparecido en 2008, se produjo un clic en mi mente y me trasladé directamente a mi juventud zaragozana cuando escuchaba estas canciones en bares y salas ya desaparecidos junto con mis amigos.

Para terminar, también se lució en “Todos tus caballos de carreras”, otra canción a tumba abierta que dejó patente que hay veces que la música vence a cualquier obstáculo, como los que nombré al principio. Así, en un directo que fue de menos a más, Vicente se lució todo lo que pudo en los bises. Desde aquí romperé mi lanza por el pop artesanal y las canciones bonitas y sinceras.

Web Hosting