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Crónica del concierto de Idles en Madrid (Wizink Center)

Por El Último de la Fila 0

Idles Wizink Center

¿Quién podía pensar que tras abrir la jornada festiva que montaron The Prodigy en el Wizink Center allá por el 2017 Idles iban a regresar al mismo recinto pero como EL RECLAMO? Pues sí, como dije en su momento “si no se les pira la cabeza lo suyo puede tener miga”, y mira si la ha tenido. Los británicos son ya una de esas bandas de rock referenciales, sintomáticas de un momento social y cultural que a base de sobresaliente álbumes ha ido llegando a más y más gente.

Este pasado viernes abrieron las puertas del mastodóntico recinto en lo que se podía ver como una apuesta arriesgada. Saltar de La Riviera, sala que llenaron en 2022, al Wizink parece el paso lógico, pero ¿estaba justificado? Visto lo visto así lo parece. Habrá que esperar algunas semanas para saber si el impacto de TANGK (publicado el pasado 16 de febrero), o sus adelantos, ha ayudado a hacer de efecto llamada, incorporar nuevos fieles a la causa o simplemente el ‘no me quiero perder a ese grupo punk del que me hablan tanto’ fue el causante de que agotaran las entradas de pista y se tuviera que abrir parte de la grada. Más de 5.000 personas para celebrar y cantar al amor, como Joe Talbot se ha encargado de subrayar que es de lo que trata su último álbum.

Antes de que los de Bristol salieran al escenario fue el turno de unos paisanos suyos que tienen muy buena pinta. Cuando se supo que Ditz iban a ser los teloneros de la gira me puse a investigar y descubrí que su LP The Great Regression de 2022 es un pelotazo bastante importante. Un disco que juega las cartas del post-punk y rock crudo con un cierto aire a METZ (que nadie se enfade con la comparación). Los de Brighton, como suele ser habitual en la papeleta de teloneros, contaron en un inicio con la fría acogida del público, aunque con una actitud encomiable y una carismática Cal Francis, que no dudó en bajarse entre el público, recogieron un buen saco de aplausos. Temas como “Ded Wurst” o “I am Kate Moss” sonaron como un tiro. Ojalá podamos verlos dentro de no mucho en una sala.

Casi con una puntualidad británica el grupo hizo acto de presencia a las 9 de la noche. En lugar de su tan característico inicio ceremonial con “Colossus” decidieron arrancar con “IDEA 01”, tema que abre su nuevo trabajo. Un relajado despegue entre la densa humareda que sí dio paso a la citada “Colossus”. Ahora sí que estábamos en un concierto de Idles. Primeros saltos y empujones. Había ganas. Qué mejor manera de darle continuación que la robusta “Gift Horse”, el tema con más músculo de TANGK.

Hacía tiempo que no escuchaba con tanta claridad y fuerza el Wizink, aunque sobre el escenario las sensaciones por monitores no fueron las mismas. El bueno de Talbot no dejó de dirigir aspavientos contra el técnico de monitores durante toda la noche. Sea como fuere esto no fue un impedimento para el disfrute de un público entusiasmado de ver cómo caían como bombas “Mr. Motivator”, “Mother” o “Samaritans”. Incluso “Car Crash” fue un puñetazo en la boca del estómago.

Toda la carga política y social de algunos de sus temas y actitud se vio reflejada cuando Talbot dedicó “I’m scum” a la población de Gaza. No fue este el único momento en el que se quisieron posicionar sobre el genocidio que se está perpetrando delante de nuestras narices. Fueron varios los “ceasefire now” que se corearon, con bandera de Palestina incluida sobre el rostro del inquieto vocalista. No cabían las medias tintas ante la masacre (ejem ejem Sleaford Mods) y Idles fueron consecuentes con su discurso antifascista.

El desenfreno no tenía ni medio segundo de descanso. El grupo siguió a lo suyo tirando de su viejo arsenal con “1049 Gotho” o “Divide and Conquer”. Parecía que su nuevo disco quedaba aislado de un repertorio enfocado al pogo. Abro paréntesis: si vas a ver a grupo como Idles y no te gusta que te rocen no te metas en las primeras filas. Cierro paréntesis.

Para tomar aire “POP POP POP” vino de lujo. Uno de mis temas favoritos del disco en directo tiene todo el gancho que destila en el álbum. El olor a sudor impregnaba todo un recinto que se desgañitó con el “Fuck TV” de “Television”. Que no la quiten nunca del repertorio.

Algo exhaustos Idles entraron en la zona de bajas revoluciones de la mano de “Roy”, ese tema que nos hace mirarlos como si fueran Arctic Monkeys, seguida de “Grace” (imposible que no se viniera a la mente su videoclip) y “A Hymn”. Aunque estas composiciones puedan hacer fruncir el ceño a sus seguidores más amantes del punk, hay que reconocerles que en directo llegan a sonar con empaque. Recuperados decidieron embestirnos con “Hall & Oates”, pura adrenalina. Y cuando parecía que con “Crawl!” y “Wizz” la cosa parecía desatarse de nuevo, echaron el freno de mano con “Gratitude”, quizás el momento más prescindible. Por suerte aún quedaba dinamita.

Metido en el meollo del pogo “Never Fight a Man With a Perm” fue todo un disparo de adrelina previo al baile al que nos introdujo Joe con “Dancer”. Divertida es poco. Ya con un poco de semblante cansado Talbot pidió al público si quería más mandanga, que nos daban otros dos temas tras “2 fucking horas”. La guinda la pusieron con dos himnos antifascistas como son “Danny Nedelko” y “Rottweiler”, quizás demasiado estirada con ese Talbot echándole una mano a Jon Beavis en la batería. Un cierre por todo lo alto para celebrar por todo lo alto que queremos un mundo mejor, más justo y con más amor. Porque “Love is the fing”.

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