Tendrá un total de 24 canciones.
Aún está reciente su demoledor paso por la última edición del Mad Cool y Nine Inch Nails regresan a nuestras vidas para dejarnos escuchar un primer adelanto de la que será su banda sonora para la nueva película de la saga Tron.
Tron: Ares será la primera banda sonora firmada como tal por el proyecto de Trent Reznor y Atticus Ross, quienes sí que han firmado con sus nombres bandas sonoras como las de La red social o Rivales entre otras tantas. Un trabajo que se podrá escuchar a partir del 19 de septiembre vía Interscope Records, unas pocas semanas antes de la llegada de la película a los cines de nuestro país: el 9 de octubre.
Para ir abriendo boca el grupo ha presentado “As Alive As You Need Me To Be” como primer adelanto de los 24 cortes que incluirá esta banda sonora.
Con este lanzamiento el grupo rompe un silencio de cinco años, y es que desde que lanzaron en 2020 dos nuevos álbumes de la serie Ghosts (Ghosts V: Together y Ghosts VI: Locusts) tan solo habíamos podido escuchar su single colaborativo con Health en 2021.
Tracklist de la banda sonora de Tron: Ares
1. Init
2. Forked Reality
3. As Alive As You Need Me To Be
4. Echoes
5. This Changes Everything
6. In The Image Of
7. I Know You Can Feel It
8. Permanence
9. Infiltrator
10. 100% Expendable
11. Still Remains
12. Who Wants To Live Forever?
13. Building Better Worlds
14. Target Identified
15. Daemonize
16. Empathetic Response
17. What Have You Done?
18. A Question Of Trust
19. Ghost In The Machine
20. No Going Back
21. Nemsis
22. New Directive
23. Out In The World
24. Shadow Over Mex
Su nuevo trabajo saldrá en pocos días.
La banda hardcore de Detroit The Armed nos presenta otro adelanto de su esperado nuevo disco The Future Is Here And Everything Needs To Be Destroyed (Sargent House). Tras “Well Made Play” y “Kingbreaker” le toca el turno a “Sharp Teeth”, corte con un deje pop que muta por completo en el estribillo, dejando ver el verdadero rostro del grupo.
El videoclip, dirigido por Aaron Jones y Tony Wolski, según afirman en la nota de prensa “incluye referencias a The Artist Is Present de Marina Abramović, un helicóptero y otros huevos de pascua”.
Una pieza más que interesante para un álbum que estará disponible este próximo 1 de agosto y que será presentando por el grupo en distintas fechas por Estados Unidos sin que hayan anunciado gira europea por el momento.
The Armed – “Sharp Teeth”
Foto de portada por Luke Nelson.
Que el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de la Universidad Complutense es uno de los pequeños oasis que hay en Madrid para escapar del calor es algo ya sabido. Que la clase que atesora Beth Gibbons no se pierde con el paso del tiempo, también. La artista británica, encumbrada por la impoluta carrera de Portishead, ofreció anoche en las Noches del Botánico uno de esos conciertos que difícilmente se olvidan; hipnótico, suave, delicado y lleno de matices. Y es que la presentación de Live Outgrown (Domino, 2024), primer trabajo firmado en solitario por Gibbons, necesitaba de un enclave tan mágico como este para que todo funcionara.
Noche apacible, algo calurosa, donde el público acompañó con un silencio sepulcral, oyéndose tan solo de fondo las chicharras cuando la voz de la cantante se tornaba dócil. Una veneración a una de las figuras imprescindibles para entender la música británica de la décadas de los 90 (¿por qué Portishead no se ha prodigado más?) que la propia cantante intentó devolver con grandes gestos de alegría en los pocos momentos en los que se dirigió al público. Lo importante era no perder el hilo de la música, esa que te atrapa desde que empiezan los primeros acordes de “Tell Me Who You Are Today”, que te acaricia como “Burden of Life” o “Floating on a Moment”. Parece que el tiempo no ha pasado por Gibbons, su voz sigue cortando el silencio, su pose desgarrada sobre el micrófono, y si en Portishead tiene grandes compañeros a su lado, su banda en directo no se queda atrás. Nada más y nada menos que siete músicos entre guitarras, violines, bajo, teclados y percusiones para plasmar todos los matices de su soberbio debut. Y a pesar de ser ella la estrella, prefirió quedarse en bastantes momentos en un segundo plano, descalza sobre su alfombra, lejos de los focos, dejando que los músicos centrasen la atención.
La precisión a la hora de llevar al directo toda la riqueza sonora de Live Outgrown daba hasta rabia. ¿Cómo podía sonar todo tan bien y en su sitio? Y aunque cada tema era celebrado con gran entusiasmo no fue hasta que apareció “Mysteries”, de su trabajo Out of Season (2002) junto a Rustin Man, cuando pudimos constatar la primera gran ovación. Una velada que fue transcurriendo entre los recovecos de su debut, con “Tom the Model” como segundo guiño al disco con Rustin Man, y que en un abrir y cerrar de ojos llegó a su final con “Whispering Love”. Fue como despertar de un dulce sueño, pero tras un breve descanso vuelta al escenario para lo que muchos esperaban: los guiños a Portishead. “Roads” y “Glory Box” sigue siendo piezas imborrables de una generación que ahora intenta trasladarlas a otras venideras. La imagen de ese padre emocionado cantando “Roads” con su hijo de unos diez años al lado.
La orquestal “Reaching out” fue broche magnífico a un concierto que finalizó con la propia Beth agachada a los pies del escenario, con sus músicos ya fuera de escena, firmando todo lo que sus fans le hacían llegar, desde vinilos hasta abanicos. Ojalá más artistas así.
Pero esta calidez no fue solo la nota en el concierto de Gibbons, y es que un par de horas antes el cantautor estadounidense Amos Lee se ganó a los pocos presentes (el sol y el calor apretaban bien) que ocupaban las primeras filas desde primera hora. Acompañado tan solo por un par de guitarras acústicas el músico de Filadelfia fue recorriendo su extensa discografía, interaccionando bastante con un motivado público que le pidió varias canciones, siendo correspondidas las mismas.
Tener que enfrentarse solo ante el público durante durante tanto tiempo (estuvo una hora y cuarto) le sirvió como chascarrillo para excusarse ante no llevar bien qué tema tenía que tocar, ya que según dijo “cuando va con banda lo tiene todo más controlado”. Y es que lo que a veces puede ser una difícil papeleta, la de introducir a un artista importante, Lee lo revirtió con desparpajo y complicidad, intentando mostrarse cercano. Destacado el momento de presentar un nuevo tema en castellano (pidió perdón por su español) sobre una mujer salvadoreña que viaja hacia Estados Unidos, criticando la situación política que se vive en su país, o cuando dedicó a la madre fallecida de una asistente su tema “Hang on, hang on”.
Galería del concierto de Beth Gibbons en Madrid







Residente, Judeline, Califato 3/4 han cancelado sus conciertos.
La polémica suscitada tras desvelarse hace un par de meses por El Salto que el fondo proisraelí Kohlberg Kravis Roberts (KKR) había comprado Superstruct Entertainment, grupo encargado de organizar decenas de festivales, algunos como Sónar, Viña Rock, Resurrection Fest, Monegros, Arenal Sound o FIB, vuelve a estar presente ante la cascada de cancelaciones que se están produciendo en el FIB.
Y es que en los últimos días estamos asistiendo a un goteo incesante de artistas que a través de sus redes sociales están anunciando su no participación en la cita castellonense. Samantha Hudson o La Élite fueron los primeros, hace tiempo, que se desmarcaron del festival y más recientemente hemos visto como Judeline, Residente, Califato ¾, Mushkaa, Camellos o Jimena Amarillo se han sumado a la causa de no actuar en un evento promovido por un fondo que apoya a Israel en su genocidio contra el pueblo palestino.
Cuando El Salto destapó esta información fueron varios los festivales (Viña Rock, Resurrection Fest o Sónar), con más o menos acierto, los que rápidamente salieron al paso desmarcándose de KKR, pero desde otros se ha corrido un tupido velo que ahora vuelve a agitarse.
El FIB 2025 que debería comenzar mañana, jueves 17 de julio, ha visto cómo se le ha desmoronado una parte importante del cartel y ha confirmado algunos recambios: Amatria, Victorias, Merino, Hey Kid, Raxon y Melifluo; todo esto sin que desde el festival se haya dado alguna explicación y pasando por encima de puntillas.
Estos cambios han provocado una modificación de su programación entre los escenarios y sus horarios previamente anunciados. A través de su perfil en Instagram es posible consultar los nuevos horarios.
Cartel FIB 2025
Entradas a la venta este viernes.
Devendra Banhart regresará a España este próximo otoño con dos fechas muy especiales en formato acústico dentro de su “Devendra Banhart Solo Tour”. El artista estadounidense ofrecerá un repertorio en solitario repasando su extensa carrera que arrancó a comienzo de los 2000 y cuyo último trabajo, Flying Wig, se publicó a finales de 2023.
Fechas de Devendra Banhart en España
20 de noviembre: VALENCIA (Teatro La Plazeta)
22 de noviembre: MADRID (Teatro Lope de Vega)
Las entradas para estos dos conciertos de Devendra Banhart en España estarán a la venta este viernes a las 10:00 h a través de la web del Teatro La Plazeta y de Fever.
Un año más, la primera semana de julio está reservada para el festival de Roskilde. Un lugar único que sólo los que lo han vivido alguna vez alcanzan a comprender verdaderamente. Y sigue teniendo la misma atmósfera que lo hace especial, aunque su cartel no sea como el que nos impresionaba cuando vinimos por primera vez, durante la ya lejana primera década de este siglo. Tras el día de rigor reencontrándonos con viejos amigos en Copenhague y disfrutando de grandes restaurantes y bares (apuntad ‘Warpigs’, ‘Fermentoren’ y ‘The Moose’), pusimos rumbo hacia el camping de Roskilde, nuestra particular tierra prometida.
Miércoles 2
El cielo de Roskilde amaneció gris, con lluvias intermitentes que, lejos de amedrentar a los asistentes, creaban una atmósfera de barro y euforia tan característica del festival. A pesar de que el primer día de festival siempre es más corto (de hecho, la acción empieza a las 5pm, en vez de al mediodía como el resto de días), este año prometía mucho por la calidad de los grupos del cartel.
Las primeras horas las dedicamos a deambular por el festival con algo de bebida en la mano, para entender mejor los cambios acontecidos en escenarios y puestos varios, antes de llegar al primer nombre apuntado en rojo en nuestra agenda, Fontaines D.C. en el escenario Orange. Los irlandeses salieron poco después del atardecer, con un viento frío que parecía hecho a medida para su sonido: guitarras crudas, bajo hipnótico y la voz grave de Grian Chatten, que más que cantar, recita con una intensidad que hipnotiza. El setlist repasó lo mejor de su repertorio: “Boys in the Better Land” y “Televised Mind” resonaron con fuerza, mientras que en “A Hero’s Death” el público coreaba el mantra “Life ain’t always empty” como si fuera un himno de supervivencia colectiva. El momento más comentado llegó cuando invitaron a activistas palestinos al escenario, cediéndoles el micrófono para un contundente mensaje politico (que, sin embargo, pareció extenderse más de lo necesario en mitad de una actuación musical). La multitud respondió con aplausos ensordecedores y una oleada de manos levantadas, sellando un instante que trascendió lo musical.
Acto seguido, Wet Leg en la carpa Arena, uno de los grupos que más ganas teníamos de ver este año, tras haber escuchado incontables veces su primer y homónimo disco, y justo días antes de que sacasen nuevo LP. El dúo británico recogió la energía de Fontaines D.C. y la transformó en pura diversión. Rhian Teasdale y Hester Chambers aparecieron con sonrisas cómplices y un set cargado de ironía, riffs simples pero pegajosos y letras que mezclan humor con un filo sarcástico. Temas como “Wet Dream” y “Chaise Long” captivaron al personal, mientras que “Ur Mum” se convirtió en el gran momento de catarsis colectiva: cientos de personas gritaron al unísono ese famoso “aaaaaah” prolongado, rompiendo la tensión acumulada. Entre canción y canción, las bromas y guiños con el público hicieron que el concierto se sintiera como una gran fiesta de amigos (de hecho, durante su show hicimos amistad con algunos daneses que nos ofrecieron el característico Snuss).
Tras ellas, decidimos pasar de largo cuando Charlie XCX subió al Orange para animar al público más joven, y en su lugar guardamos fuerza para Deftones a medianoche en la misma carpa Arena. Las luces rojas y azules bañaban el escenario cuando un muy mejorado Chino Moreno (que ha perdido numerosos kilos en los últimos años) apareció sobre el escenario y, en pocos segundos, “Be Quiet and Drive (Far Away)” sumergió al público en un trance colectivo. El concierto osciló entre la agresividad cortante de “Rocket Skates” o la celebérrima “My Own Summer (Shove It)” y las atmósferas expansivas de “Sextape” y “Rosemary”. La voz de Moreno se movía con naturalidad entre susurros cargados de tensión y gritos que hacían vibrar el suelo. Me atrevería a decir que me gustó más su concierto que la última vez que los vi en Roskilde allá por 2014 (!), y es que no han perdido un ápice de su fuerza, pero parece que han envejecido como el buen vino. De hecho, al contrario que la mayoría de sus congéneres, han conseguido tener sus seguidores entre la juventud tiktokera a pesar de tener 3 décadas de música a sus espaldsa, y eso se notó también durante el concierto. Con el buen sabor de boca de Deftones, y con un día corto pero con 3 conciertos estupendos, decidimos plegar velas y guardar energías para los días restantes.
Jueves 3
La jornada arrancó con un sol suave que iluminaba el campo del festival, liberando del barro del día anterior y llenando de promesas la atmósfera. Empezamos el día dejándonos caer brevemente por Seu Jorge en el Orange con sus ritmos brasileiros, que hicieron las delicias del público más tempranero. A continuación, rumbo al Gaia para ver a Wisp, una veinteañera americana que desplegó su shoegaze poético en un set cortísimo, pero impactante, culminando con su viral “Your Face”. Fue una pausa onírica en medio del bullicio. Habrá que estar atentos a su disco de debut, que saldrá en agosto.
Tras la americana, el primer show ineludible en nuestra particular agenda, Beth Gibbons en la carpa Arena. La cantante de Portishead subió al escenario con un aura casi ceremonial. Su voz—atemporal, rota, intensa—transformó la carpa en una catedral emocional, centrándose casi por completo en las canciones de su último disco, ‘Lives Outgrown’. El momento cumbre llegaría con la única canción de Portishead, “Glory Box”, pero nos quedamos con ganas de que tocase al menos otra más, y es que un concierto de Beth Gibbons/Portishead sin “Roads” debería ser un sacrilegio.
Acto seguido turno para los americanos Bright Eyes en el Avalon. El público, aún con el eco emocional de Beth flotando en el aire, se arremolinó junto al escenario a la espera del grupo liderado por Conor Oberst, que ofreció una narrativa emocional tan fuerte como melódica. Su repertorio incluyó canciones como “Four Winds”, “First Day of My Life”, “I Won’t Ever Be Happy Again”y “Rainbow Overpass”, generando una conexión íntima con todos los presentes. Tras ellos, de nuevo decidimos pasar de largo del cabeza de cartel del día, el rapero inglés Stormzy, y en su lugar nos dirigimos al EOS para ver a Knocked Loose y su caos controlado. Reivindicaron su energía brutal con temas como “Blinding Faith”, “Counting Worms”, “Mistakes Like Fractures” y “God Knows”, desplegando breakdowns masivos que convirtieron el lugar en un torbellino de sudor, gritos y pogos (en los que algunos de nuestros integrantes sufrieron más de lo esperado, pero es que los años no pasan en balde). Y, para terminar el día, los belgas Amenra en el escenario Gaia sumergieron al público en una experiencia densa y casi ritualista con su post-metal catártico, en lo que fue la guinda de un día muy correcto, a pesar de que no nos gustasen demasiado la mayoría de los grupos que tocaban en el Orange.
Viernes 4
El viernes arrancó con la energía justa y la sensación de que el festival iba a explotar: por la tarde Artigeardit calentó motores en la franja diurna con ese pop electrónico ingenioso que te hace mover la cabeza sin querer, y poco después (hora tardía de tarde) Doechii dejó claro que la nueva generación de rap-pop viene a tomarse el Orange con descaro y flow. Ya entrados en la noche, la cosa se puso más heterogénea: Electric Callboy aterrizaron con su locura metal-core-electrónica, un mosh-pit juguetón y coros que parecían diseñados para acabar con la voz del público al día siguiente —una pasada de adrenalina y litros de sudor para los que buscaban caos con sonrisa.
Antes de la medianoche, MØ tomó el testigo: la danesa transformó el escenario en un club poliglota donde los hits se mezclaron con momentos de pausa íntima; su carisma sigue intacto y la comunión con el público nórdico era tangible. Snow Strippers, curiosa aparición en el cartel, aportó esa textura indie-punk que funciona a modo de parche entre el pop y la electrónica y que encaja de maravilla en el ecosistema Roskilde: guitarras sin complejos, coros contagiosos y un punch joven.
Y llegó ella: Olivia Rodrigo cerró la programación grande de la noche desde el Orange Stage. Fue un espectáculo de pop adolescente convertido en músculo festivalero: hit tras hit, guitarras que rasgaban lo melódico y un torrente de emociones que oscilaba entre la mordacidad y la ternura. Había momentos muy coreados —de esos que hacen temblar la tarima— y otros en los que la cantante bajaba las revoluciones para entregarte una frase en voz casi rota. No fue magia absoluta en todos los compases, pero sí un rodillo emocional que dejó contentas a las hordas generacionales. Para rematar la noche, Jamie XX pinchó a altas horas como solo él sabe: beats espaciales, paletas tímbricas y un final que hizo que los que quedábamos bailando nos sintiéramos parte de una sola pista de baile infinita.
Sábado 5
El sábado amaneció con la resaca artística propia de Roskilde: tarde de descubrimientos y sets que calan. La jornada arrancó con propuestas como Rachel Chinouriri, que abrió con sensibilidad y repertorio íntimo; después, Anohni and the Johnsons subieron la apuesta: su set fue más que música —una performance con mensaje ecológico y visuales que remataban la emoción. Hubo momentos en que la canción parecía una plegaria hermosa y punzante a la vez, y el público respondió con un silencio respetuoso que solo se rompía con aplausos que sabían a agradecimiento.
A media tarde Lola Young ofreció una sesión para el público que busca sofisticación pop: su voz, arreglos exquisitos y esa sensación de estar escuchando algo que podría sonar en las radios, pero con un poso artístico que la eleva. Esto Is Lorei (This Is Lorelei en algunos carteles) tomó la tarde con una propuesta shoegaze/dream-pop que hizo flotar a la gente entre paredes de delay y capas de guitarra; ideal para aquel rato de reposo con cerveza en mano y mirada perdida.
La noche fue creciendo y, cuando los focos bajaron al Orange para el cabeza de cartel más esperado, Nine Inch Nails explotó en la oscuridad industrial que les define. Fueron 90 minutos de tensión y catarsis: la maquinaria sonora, los cambios dinámicos y la teatralidad de la banda convirtieron el escenario en un paisaje sonoro post-apocalíptico que reventó el recinto. El público, que venía de jornadas pop y electrónicas, se volcó con la intensidad cortante de cada tema —un cierre de sábado tan violento como necesario.
Para los noctámbulos, la programación se alargó con sets de DJs y colaboradores que mantuvieron la pista viva hasta la madrugada; Roskilde demostró otra vez esa virtud: mezclar sin rubor la delicadeza arreglada de Anohni con la brutalidad industrial de NIN en solo 24 horas. ¿Resultado? Un sábado que supo a todo: emocional, ambicioso, impredecible y tremendamente humano.
Domingo 6
Y así, entre polvo, confeti y la última cerveza tibia, Roskilde 2025 bajó el telón. El domingo ya no era un día: era una resaca colectiva envuelta en sol, abrazos y la sensación de haber vivido algo irrepetible. No importaba si venías por Olivia Rodrigo, por Nine Inch Nails o simplemente por perderte en la locura naranja del festival; todos sabíamos que habíamos sido parte de esa burbuja mágica que solo se da una vez al año en este rincón de Dinamarca.
Roskilde no es solo un festival: es una ciudad efímera con sus propias reglas. Es ese momento en el que bebes una cerveza en un cuerno tallado con sus propias manos por un vikingo. Es bailar bajo la lluvia sin importar el barro, porque ya estás tan dentro que nada puede estropearlo. Es ver cómo un grupo que no conocías te sacude el pecho y te deja mirando al escenario con una mezcla de sorpresa y gratitud. Cada canción, cada pogo, cada palabra mal pronunciada en danés era parte del mismo ritual: sentirnos vivos.
Los highlights de los días previos seguían flotando en el aire: el estallido pop de Olivia Rodrigo, la delicadeza de Anohni o Beth Gibbons, el caos feliz de Electric Callboy, el trance elegante de Jamie XX, la electricidad emocional de NIN, la potencia de Deftones o la ligereza de Wet Leg… Todo eso se entrelazaba en un único recuerdo colectivo, una especie de banda sonora que nos acompañará semanas, incluso meses después. Porque Roskilde no se termina cuando el cartel baja; se queda pegado a la piel, en los oídos, en las voces roncas y los cuerpos cansados.
Cuando por fin el silencio se impuso y solo se escuchaba el sonido de las tiendas desmontándose, uno entendía lo que hace diferente a este festival: aquí no vienes solo a ver música, vienes a pertenecer. Roskilde es una prueba de que, durante unos días, el mundo puede ser un lugar mejor: más libre, más sonoro, más humano. Hasta el próximo verano, Roskilde. Tak for alt.
Foto de portada por Malthe Ivarsson.
Presentará su nuevo trabajo en solitario Twilight Override.
Tras sus recientes conciertos en nuestro país con Wilco, Jeff Tweedy vuelve a ser noticia en esta ocasión por el lanzamiento de un nuevo álbum en solitario que lo hará salir de gira y recalar en España a mediados de febrero del año que viene.
Twilight Override es el título de un trabajo que albergará nada más y nada menos que 30 canciones, contando con colaboraciones como las de James Elkington, Sima Cunningham Macie Stewart de Finom y Liam Kazar, además de los hijos de Tweedy, Spencer y Sammy. Y como 30 son muchos temas, el bueno de Tweedy no nos deja escuchar un solo adelanto, sino cuatro canciones de golpe: “Enough”, “One Tiny Flower”, “Out in the Dark” y “Stray Cats in Spain”. Un buen aperitivo para un disco que llegará a las tiendas y plataformas digitales el 26 de septiembre vía dBpm.
Fechas de Jeff Tweedy en España en 2026
El Primavera Sound es el encargado de organizar los dos conciertos que el artista ofrecerá en nuestro país.
Miércoles 11 de febrero: MADRID (Teatro Eslava) – entradas
Jueves 12 de febrero: BARCELONA (Paral·lel 62) – entradas
Las entradas anticipadas para estos dos conciertos de Jeff Tweedy en España estarán a la venta en Fever a partir del 18 de julio a las 11:00 desde 45 euros más gastos de distribución.
Foto de portada por Shervin Lainez.
El artista ya ha comenzado su residencia de conciertos en Puerto Rico.
Aprovechando el arranque de su larga residencia de conciertos en Puerto Rico, Bad Bunny ha presentado un nuevo tema titulado “ALAMBRE PúA”. Se trata precisamente de la canción que abre su espectáculo y que sigue con la temática sonora de su celebrado Debí tirar más fotos publicado a comienzos de año, contando aquí de nuevo con la producción de su inseparable Tainy.
Un nuevo aliciente para una gira que no llegará a nuestro país hasta mayo de 2026, con diez fechas confirmadas en Madrid y dos en Barcelona.
Bad Bunny – “ALAMBRE PúA”
Otro mes de julio en Madrid, otra edición del Mad Cool. Por tercer año consecutivo nos dirigimos al Recinto Iberdrola Music en Villaverde, lugar al que el Mad Cool parece haber venido para quedarse. No sabemos si eso es bueno o malo, pero es mejor que hace dos años cuando se estrenó. Desconozco si logísticamente o a nivel vecinal esta ubicación es más conveniente que las anteriores de la Caja Mágica y Valdebebas, pero a mí me gusta. Puede que tenga que ver con que yo vivo cerca de Legazpi y para mí ir a Valdebebas significa poco menos que hacer turismo.
El caso es que cada año el recinto y los transportes parecen mejorar. También esto se puede achacar a que, salvo en contadas ocasiones (como en el concierto de Muse) en el recinto se estaba cómodo, sin grandes colas en las barras para pedir y viendo los conciertos a buena distancia sin demasiados esfuerzos. Eso sí, nadie te quita la caminata de 20 minutos desde el metro a pleno sol de julio. Si quieres ir en transporte público, algo absolutamente recomendable, el esfuerzo a realizar es algo a tener en cuenta.
Pero los que conocemos el festival estamos mentalizados ante esta aventura, y yo personalmente estoy empezando a disfrutar ese camino, en el que poco a poco se va oyendo la música y se visualiza esa noria que ya es poco menos que un emblema del festival. Aun así, ojalá la parada de metro estuviera justito en la puerta del acceso al festival.
El Mad Cool se presenta apetecible un año más con artistas de diferentes estilos y buenos reclamos para la nostalgia…pero no solo eso. Una cosa muy a tener en cuenta este año, y que se podía apreciar desde el momento en que se reveló el cartel, es el palpable cambio de guardia en los artistas de la letra grande. Olivia Rodrigo, Benson Boone, Gracie Abrams y Noah Kahan pueden gustarnos más o menos, pero desde luego aportan frescura y parecen estar llamados a ser los cabezas de cartel del futuro.

Leon Bridges nos recibió con su elegante soul marca de la casa. Un habitual del festival y acostumbrado a enfrentarse a altas temperaturas (si no me equivoco, en el Mad Cool siempre toca de día), su concierto nos transporta a Lousiana, Mississippi y, como no, esa Texas a la que homenajea en la aplaudida “Texas Sun”. La banda es estupenda, aunque quizás un poco estática. El concierto fluye y nos deleitamos con esa voz que da la sensación que podríamos escuchar toda la vida.
Nos dirigimos al escenario Ouigo, el tercero en tamaño, para ver a Bright Eyes. Conor Oberst y sus secuaces comienzan fuerte con “El Capitán” , de su último disco. La banda repasa diferentes épocas de su carrera, aparentemente inmune al sol de justicia que pega directamente en este escenario (esto será una constante en los tres días que dura el festival). Conor está exultante, incluso un poco acelerado. Pero si nos fijamos en las canciones, en su calidad y en la interpretación, el concierto es casi perfecto. Quizás no consiguen meterse al público en el bolsillo, y esto lo achaco principalmente a la hora y al hecho de que mucha gente no conoce demasiado a la banda, pero es que el concierto es magnífico. Tocan solo una hora, pero te da la impresión de que podían haber estado sobre el escenario dos horas más y la calidad no habría bajado.
Terminan con “One for you, one for me” con esa melodía que recuerda tanto al “Alive and Kicking” de Simple Minds. El final con Conor entregando el micrófono a un asistente en la primera fila para que cante y éste declarándole su amor públicamente no tenía precio.
Aquí llega el momento más delicado de la jornada y posiblemente del festival. Me cuentan que ha habido un problema técnico en el concierto de Gracie Abrams, y que tuvo que interrumpir su setlist. La joven artista, poniéndole buena cara al contratiempo, terminó la canción que tenía a medias ayudada por su público y después bajó al foso, guitarra en mano para cantar algunas canciones a pleno pulmón. Un pequeño regalo que solo pudieron disfrutar los de las primeras filas. La electricidad volvió y pudo agradecer a su público por quedarse y cantar una última canción.
Pero el incidente no terminó ahí. Un rato después en el escenario 2, la leyenda del rock, el icono aparentemente inmortal Iggy Pop salía con un chaleco que le duró en los hombros aproximadamente tres segundos. Y cuando empezaban a tocar… la electricidad cayó. Iggy lo tomaba con humor y cierto sorna, como ha hecho toda la vida. Bromeaba con el público y simulaba cantar. Pero es que la salida nula se repitió una segunda vez. La cosa no mejoraba y el sentir general es que la broma ya duraba demasiado ¿Hemos mencionado que el festival se hace en el Recinto Iberdrola Music?
Por fin, veinte minutos después, el show pudo comenzar e Iggy nos deleitó con el setlist que podíamos esperar: sus temas más populares con The Stooges y las imprescindibles “Passenger” y “Lust for Life” (¿por qué las toca seguidas?).
Iggy Pop siempre tuvo un aspecto particular y eso ha ido a más con los años. Sin embargo, el paso del tiempo no ha conseguido borrar la intensidad de su mirada y su apetito por la vida. Aunque probablemente haya sido ejemplo de muy pocas cosas, ojalá yo pueda conservar una cuarta parte de ese apetito cuando tenga su edad. Si llego.
Y después llegaron los cabezas de cartel de la noche. Muse salieron con el escenario principal (llamado Region of Madrid) y allí no cabía un alfiler. De hecho, fue el único concierto en el que estuve en todo el festival en el que no llegaban los birraman / cervezawoman (¡toma inclusividad!) a las parte con más densidad de público. Algo totalmente normal y comprensible por otro lado.
Y el concierto fue exactamente lo que esperas de un concierto de Muse. Buenas canciones, épica, virtuosismo y cero sorpresas. La zona de confort del rock de estadios. Es extraño que te guste una banda desde hace décadas, que de un concierto objetivamente bueno pero que aún así pienses que no hubiese pasado nada si no hubieras ido.
Pero vamos, que el concierto estuvo bien. Muse tienen discos muy buenos cuyo material encaja perfectamente en el contexto de headliner de un festival. Temas como “Hysteria” o “Time is Running Out” levantan un festival. El problema es que siguen sacando material, ejem, con menos brillo, y se nota cuando se empeñan en tocar esas canciones anodinas de la segunda mitad de su carrera. Pero ellos saben lo que la gente quiere y se lo dan. Confetti, pirotecnia y “Knights of Cydonia”. Y todo el mundo contento.
Weezer cerraban la primera jornada, y para un servidor era de los conciertos más esperados. En este punto quiero contar una pequeña historia: en los años 90 yo tenía una buena colección de casetes grabados, como muchos adolescentes de entonces. Dos de esos casetes, que escuché durante años, fueron Jagged Little Pill de Alanis Morrisette (después hablamos de ello) y el primer álbum de Weezer. Con estas pistas el estimado lector se puede hacer una idea de la edad del que escribe.
Pues qué suerte la mía, que el concierto de Weezer estaba fuertemente basado en ese primer disco, el llamado disco azul. Vamos, que lo tocaron entero salvo “Only in Dreams”. Todo ello mezclado con otros éxitos de su primera época, como “Islands in the Sun” , “Hash Pipe” o “Beverly Hills”. En lo negativo, los miembros de la banda son un poquito sosos y no hay mucha interacción. Las imágenes proyectadas son un bastante desconcertantes y carentes de gracia. Pero el repertorio es fantástico y la interpretación es la de quien ha hecho esto toda la vida. Sonó “Buddy Holly” como fin de fiesta y todos nos fuimos en busca de un transporte seguro para volver a casa.
En el comienzo de la segunda jornada me dio tiempo a ver algo de los Hermanos Gutiérrez, desplegando su música envolvente y lisérgica muy apropiada para el crudo sol de verano. Quizás una propuesta que exigía más concentración de la que se podía dar en ese momento y ese lugar.
Un rato después en ese mismo escenario salieron Future Islands para deleitarnos con su show. Samuel T. Herring, todo sonrisas, nos dijo que esta tarde estaba dispuesto a derrotar al sol. Y consiguió al menos salir vivo, que no es poco. Era la primera vez que los veía y ya estaba avisado de la presencia escénica del vocalista, y lo que encontré era aún más y puede que mejor. Presentaba las canciones , bailaba sin cesar y actuaba en una performance sin fin, de alguna manera compensando el nulo carisma de sus compañeros de banda. Probablemente “Seasons” fue la canción más aplaudida, pero no hay que desmerecer otros éxitos como “Ran” o “For Sure”.
Sin embargo, tengo que reconocer que el concierto después de un rato se hizo algo monótono y uno piensa que sin la presencia de Herring esta banda pasaría bastante desapercibida. En cualquier caso, hay que agradacerle algunos de los mejores vídeos que hemos grabado en este festival.

Después llegó uno de los platos fuertes del festival. No sabíamos muy bien qué esperar de un concierto de Alanis Morissette a estas alturas, pero ella sabe lo que quiere la gente. Basó su concierto en los tres primeros discos (los buenos, que dirían algunos) y nos sumergió en un auténtico viaje en el tiempo. Ya desde el vídeo de introducción, repasando la vida artística de Alanis desde que era una estrella infantil, se veía venir que el componente de nostalgia iba a ser clave. Sin embargo no estaba preparado para la emoción del comienzo, con la cantante interpretando “Hand in my Pocket” entre bastidores, para después salir con una amplia sonrisa y una voz por la que el tiempo no ha pasado. Se suceden los éxitos como “Hands Clean”, “Head over Feet”, “You Learn”. Suenan, como no, “Ironic” que nos remite a su inolvidable vídeo, y la potente “You oughta Know”. El fin de fiesta con “Thank You” es para enmarcarlo.
Han pasado 30 años de “Jagged Little Pill”, cierto, pero Alanis Morisette tiene solo 51 y nos deja la sensación de que muchas cosas han cambiado, pero a la vez nada es diferente. Ella sigue siendo una cantante espectacular y empiezo a pensar que su legado es mayor de lo que todos creíamos.
Vi algo del concierto de Jet, de los que me sorprendió su sonido hard rock, y me dirigí al escenario 3 para disfrutar de Kaiser Chiefs. Los de Leeds están celebrando el 20 aniversario de su debut, Employment, y basaron el concierto en ese estupendo álbum. Ver a Ricky Wilson rejuvenecido e hiperactivo bailando por el escenario es siempre un chute de energia, pero lo fundamental, como siempre, son las canciones: la cantidad de hits encadenados al principio del concierto, desde “Na na na” hasta “I Predict a Riot” le deja a uno en un estado de frenesí festivalero difícil de igualar. Entre medias, “Blitzkrieg Bop” de Ramones nunca está de más.
Sin embargo, lo ajustado del horario nos hizo dejar el concierto un poco antes de la cuenta, para coger un sitio decente para Nine Inch Nails. Cosas de la sobreprogramación.

El escenario principal estaba preparado para la salida de unas auténticas leyendas como Nine Inch Nails. A Trent Reznor le acompañan varias caras conocidas: su colaborador Atticus Ross, con el que además escribe bandas sonoras, y los habituales Ilan Rubin, Alessaandro Cortini y Robin Finck. Vamos, lo que ha sido la alineación titular los últimos 20 años.
El concierto es un verdadero misil. La única pega que se me puede ocurrir es que después del inolvidable concierto del Mad Cool 2018 el factor sorpresa no es el mismo, pero no se puede negar lo evidente: esta banda es una apisonadora. Especialmente disfrutable es ver las evoluciones en la batería de Ilan Rubin, aportando matices a las canciones en directo.
Empiezan de una manera algo tibia con “The Begining of the End”, pero pronto suena la inconfundible percusión de “Wish” seguida de “March of the Pigs”. En ese punto ya estamos totalmente metidos en el universo Nine Inch Nails. Reznor canta los temas más que correctamente, pero deja espacio para todos los demás elementos. Confía en su banda y cede protagonismo. Apenas interactúa con el público, y da la sensación de que quiere tocar todos los temas que pueda.
Mención especial para el cámara que estuvo moviéndose entre la banda, como un miembro más, que nos brindó una de las mejores experiencias de vídeo en directo que he vivido en un concierto. Van sonando temas emblemáticos de la banda, como “Closer” o “Copy of A”. Transcurre el concierto entre momentos de furia industrial y delicados paisajes sonoros. Hacia el final suenan algunas de las canciones más populares de la banda: “Head like a Hole”, “The Perfect Drug”, “The Hand that Feeds”… ¿la última? “Hurt”, por supuesto. Un final poderoso, bello y triste, para otro concierto inolvidable de NIN.
La última jornada empieza con un concierto de The Teskey Brothers en el escenario grande. Ellos me recuerdan a otros Brothers, los Allman, y mi sorpresa es mayúscula cuando al presentarse oigo decir a su cantante que vienen de Australia, y no del sur de Estados Unidos. Un ejemplo más de que las fronteras, en la música y en el mundo en general, están perdiendo su sentido. The Teskey Brothers nos ofrecieron un concierto de blues, rock y soul de ejecución prácticamente perfecta, más que disfrutable para abrir la jornada.
Me dirijo al escenario 3 para ver a St. Vincent, una de las artistas más esperadas del día. De los tres conciertos que vi durante el festival a esta hora en este escenario, este fue en el que hubo más quejas por el sol. Por parte del artista, ojo. Annie Clark salió diciendo que odia el sol y que todos deberíamos ser vampiros. Le pega en toda la cara y parece estar enfadada, incluso desesperada…pero con ella nunca se sabe, porque puede ser perfectamente parte del papel. Lo intenta con una gorra, luego con unas gafas de sol, hace pantalla con sus manos… Y mientras tanto va lanzando sus temas. Empieza con “Broken Man” y el sonido es un poco bajo, y al final de la canción se van todos los instrumentos menos la voz. Pero Annie sigue adelante. Suena un “Los Ageless” un poco deslucido, y después “Birth in Reverse” con el habitual duelo de guitarras (con beso a su guitarrista incluido). Sigue actuando extraño y murmurando cosas sobe el sol. Una amiga me dice que normalmente le encanta su personalidad, pero que hoy le está cayendo mal. Y yo también noto que algo no va todo lo bien que esperaba.
Al final del concierto Annie se baja entre el público a cantar “New York” y parece el momento de conexión real. Ojalá hubiera empezado de esta manera, creo que habría sido otro concierto.

Vamos al escenario principal a ver a Thirty Seconds to Mars con verdadera curiosidad. Llegan tarde, por cancelaciones de vuelos, después explicarían. Cuando por fin salen, lo primero que veo es que no hay ningún bajista. Vamos, que ni disimulan. Empieza el concierto, bien de música y voces grabadas, y tengo que decir que Jared Leto, si bien no es un gran cantante, se defiende más o menos y como frontman se siente muy cómodo. Su hermano Shannon Leto es un batería muy contundente y variado, y me sorprendió para bien. Del guitarrista poco tengo que decir porque apenas le oía tocar.
Se suceden las canciones, en partes cantadas por Jared, en parte por el público y las voces enlatadas. Pop épico y sonidos emos, todo muy coreable. También hay confetti y balones negros gigantes. En un concierto de solo una hora usan dos veces, dos, el recurso de subir a un grupo de fans para bailar en el escenario, con Jared deteniéndose para hablar con algunos de ellos y todo el protocolo. En un momento dado el frontman pide que levanten la mano quién ha visto a la banda antes, y después quién los está viendo por primera vez. Menos mal que no pregunta quién los está viendo por última vez. Aún así, voy a ser sincero. No creo que Thirty Seconds to Mars sea una “banda de verdad”, pero creo que sí es “una experiencia disfrutable”. Dale duro, Jared.
En el escenario 3 Glass Animals hicieron un show muy correcto, en el que su cantante Dave Bayley parecía estar pasando el mejor rato de su vida, y eso repercute en el show para bien. Tocaron un puñado de canciones interesantes con una cierta influencia de Alt–J (esto es mera impresión mía). El fin del concierto con una coreada “Heat Waves” nos dejó un gran sabor de boca.

Después de varias idas y venidas fui al escenario principal para ver una parte de la actuación de Olivia Rodrigo y… no sé describir la experiencia muy bien. Los fans, miles de ellos, parecían en verdadero éxtasis. Ella es todo energía y ganas de agradar. Parece nacida para estar en un escenario. La banda suena sorprendentemente rockera a veces, otras más melódicas. La cuestión es que no puedo decir que ninguna de sus canciones me haya calado especialmente. Incluso diría más: ella tiene mucha voz, pero chilla, chilla todo el tiempo. Incluso chilla cuando habla entre canciones. Seguro que va a mejorar con el tiempo, pero uno piensa en Alanis Morisette, solo 24 horas antes, y no se aguanta la comparación. Pero los fans estaban encantados y ella también lo parecía, así que todo bien.
Para terminar el festival en lo alto elegí ver a Justice en el escenario 2. Como es habitual con ellos, el show en lo visual es muy potente, con los juegos de luces y focos, y esa cruz emblemática que se deja ver de cuando en cuando. Su show es un continuo en el que a veces asoman hits como “We are your friends”, pero se entiende mejor como un todo. Expertos en la banda me cuentan que está sonando mucha música del último disco, lo cual es lógico.
Después de un rato pienso que me gustaría ver gente “tocando algo”. Ellos están concentrados en sus diversos sintetizadores, pero la música no da ninguna sensación de directo. Aunque ya sabemos, esto es música electrónica y las reglas son diferentes. Sacudo los pensamientos intrusivos de mi cabeza y me dejo llevar. El show termina y los dos miembros bajan a saludar. Uno de ellos está incluso hablando con los fans, cigarro en mano. Qué cercanía, qué campechanos.
Esos minutos que uno se queda hablando con amigos, comentando los conciertos y contemplando el recinto medio vacío por última vez nos cuestan caros. Antes de llegar al metro nos dicen que está colapsado y tenemos que ir a coger un autobús lanzadera. La vuelta del último día se convierte en una pequeña odisea, pero uno sabe que en el fondo todo ha merecido la pena. Los conciertos que me han gustado, los que no me han gustado tanto, los artistas que conozco de toda la vida y los que acabo de conocer. Todo suma, todo alimenta esta fantasía festivalera. ¿Hay ya fechas para el año que viene?
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