Crónica del Dcode 2018

Por María Gómez-Comino 0

El festival madrileño vuelve a coronarse como una cita para el público más joven.

Otro año y otro lleno más. El Dcode 2018 volvió a colgar el cartel de no hay billetes, pero a diferencia del año anterior donde apostó por un cartel de sesgo “indie internacional” (Franz Ferdinand, Interpol, Band of Horses o Liam Gallagher entre otros), este año tiraba de un gran abanico de grupos patrios de los que hemos podido disfrutar en festivales de estos meses pasados. A pesar de no ser su cartel más lúcido, y no sabemos si por tradición o por moda, se congregaba mucho público al que poco acostumbramos a ver en otros festivales fuera de la capital, pero que estaban dispuestos, copa en mano, a disfrutar de un bonito día festivalero. Lástima que el día no se luciese tanto como se espera en este tipo de eventos, ya que la lluvia hizo de las suyas. Aún así todo siguió su curso y los tres escenarios del Dcode se iban dando paso para acoger sin rubor ninguno al mainstream absoluto. El tirón de los mastodónticos Imagine Dragons junto a la infalible baza nacional de Izal hicieron su parte del trabajo. El cartel de este año ha pecado de homogéneo: mucho pop nacional consolidado (Sidonie, Viva Suecia, La M.O.D.A., Shinova…) que ha dejado pocos huecos para propuestas novedosas. Tener que pelearse por elegir entre Jorja Smith o los jóvenes sevillanos Terry vs Tori, o ver la carpa medio vacía con el conciertazo que ofrecieron Berri Txarrak deja muy claro el camino tomado por el festival.

Nuestro Dcode arrancó algo tarde. Los pronósticos de lluvia no alentaban a abrir el recinto al mediodía, así que nos perdimos a La M.O.D.A., Clairo y Sidonie, pero sí que llegamos para ver una de las nuevas promesas de la escena sevillana: Terry vs. Tori. Un concierto maravilloso con un sonido perfecto, lejos de la bola de su cita hace unos meses en la sala Wurlitzer, Dream pop de quilates no apto, eso sí, para todos los públicos, y menos para la muchachada que se refugió en la carpa por la lluvia. La fuerte competencia con Jorja Smith hizo además que el número de fieles fuera mermando, pero los que nos quedamos pudimos disfrutar de un baño de sol melódico. Ojo a estos chavales.

El siguiente en salir a escena fue Sam Fender, una de las jóvenes promesas del Reino Unido que, sin embargo, dejó poca huella. No vimos nada en su propuesta que nos incite a darle una oportunidad, ni siquiera con su versión del “Born in the U.S.A.” de Bruce Springsteen. Tras él llegó el turno de unos Viva Suecia que vienen pidiendo entrar en el top de las bandas nacionales como Vetusta Morla, Love of Lesbian o Izal, y es que el tono vocal de Rafa presenta un curioso parecido con el de Mikel Izal. Lo suyo fue un baño de masas ante una legión de fans que no pararon de corear hits como “A dónde ir” o “Bien por ti”.

De nuevo salto al escenario 2 donde hizo acto de presencia Albert Hammond Jr. El guitarrista de The Strokes pasó literalmente de los menos conocedores de su solvente obra que pedían algún temita de los neoyorquinos, y presumió de un repertorio que no defraudó para decirle adiós a la tarde y hola a la noche. Sin acercarse mucho a la guitarra, apenas la usó, tiró de galones para erigirse como un frontman de primera y hacernos bailar con su rock vitaminado. Queremos verlo en sala. Ahí tiene que ser un ciclón.

Era el turno de Grises que se subía al escenario DCODE 3, más conocido como la carpa, para hacernos bailar con su pop electrónico. Los de Guipúzcoa, que combinan el sintetizador y la guitarra a la perfección, nos ofrecieron temas de sus cinco trabajos. Un concierto que incluyó reivindicación feminista, dedicando “Wendy” a todas las mujeres que trabajan en la industria musical y demandando que deberían ser más. “El Hombre Bolígrafo”, “Impares”, o “Animal” fueron los temas más coreados por unos fans entregados a la causa. Seguíamos con otro grupo de nuestra tierra patria y uno de los platos fuertes de la noche: Izal. Mikel y los suyos arrancaban en el escenario DCODE 2 para dar un repaso a sus cuatro álbumes de estudio ante los miles de asistentes que esperaban ansiosos el momento. Un directo muy correcto, misma fórmula que repiten festival tras festival y que parece que funciona a la mar de bien. Sus canciones con múltiples cambios de ritmo como “Copacabana”, “Agujeros de gusano”, y unas letras muy dadas a la interpretación de cada uno conquistan allá por donde van. Izal también tuvo su reivindicación “pro mujer” con su tema “Miedo”, pidiendo que ninguna chica debiera de tener miedo al volver a casa. “Hambre” o “Asuntos Delicados” de su primer trabajo Agujeros de Gusano (2013), ya clásicos del repertorio, funcionaron a la perfección para que los asistentes se dejaran la voz cantando palaba por palabra. Convertido ya en tradición, cerraban con “La mujer de verde”, el himno por excelencia del grupo. Tras Izal llegaba Imagine Dragons, lo más potente del cartel y grupo por el que estaba casi el 80% de los asistentes. Ellos sí que saben lo que es un buen espectáculo. Mucho color, confeti, y sobre todo un muy buen sonido en cada uno de sus pegadizos temas con los que conquistaron al público madrileño.

Mientras el 95% del público se conformaba con los fuegos de artificio de los norteamericanos, un puñado de irreductibles fans nos quedamos en la carpa para disfrutar una vez más del rodillo de Berri Txarrak. Gorka y los suyos llevaron su lema de “la pasión es el mínimo exigible” al máximo ofreciendo un concierto mayúsculo sin importarles lo que ocurría en el escenario principal. No llevamos la cuenta, pero desde el pistoletazo de salida con “Katedral Bat”, más de veinte canciones cayeron en poco menos de una hora. Sin dejarnos respirar enlazando canciones, los navarros salieron victoriosos y consiguieron caldear el ambiente ante unos fans que de primeras se mostraron algo fríos. Desde sus nuevos clásicos como “Infrasoinuak” o “Spoiler!”, “Poligrafo Bakarra”, “Lemak, Aingurak”, “Bigarren Eskuko Amets”, la preciosa “Iraila” de Haria, o las bombas atómicas de “Denak Ez Du Balio”, “Oreka” o “Jaio.Musika.Hil”, Berri Txarrak se consagraron con el “premio al concierto del festival”. Nadie ni nada se lo podrá quitar.

Repetían Triángulo de Amor Bizarro dos años después en el festival. De nuevo en la carpa y de nuevo de madrugada. En esta ocasión, y sabedores de todo lo bueno que pueden dar, los gallegos se quedaron a medias. Fallos de sincro en algunos temas y un sonido no del todo potente como es marca en ellos nos dejó un bolo que fue de menos a más para terminar con sus ya míticos pogos en “Barca quemada” y “De la monarquía a la criptocracia”. Más de uno sudó ahí el alcohol de todo el día. Nos quedaremos con ese sabor de boca.

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