Entrevista a Vulk: La catarsis en forma de canciones

Por Ana Rguez. Borrego 0

Vulk

Un regreso más que esperado, desde que el AMFest anunció que estarían  en su (Parèntesi). Vulk era la confirmación perfecta y no lo dudábamos pues recordábamos aquel 2018 en el que los vimos cuatro veces. Su presencia magnética, aplastante, te gana en directo y te quedas con su nombre: quieres más, escuchas sus discos y deseas que vuelvan a aparecer en tu agenda de conciertos.

Quizás por eso su vuelta era más que necesaria: había ganas de Vulk. Sobre todo después de escuchar los adelantos de Vulk Ez Da (Montgrí, 2022) y darte cuenta que no han perdido nada de esa esencia que te ganó. Es más, constantemente se reinventan y merece la pena disfrutarlos e incluso redescubrirlos a través de una entrevista, para saber mucho más de ellos.

Tanto Beat Karmerlanden (2017) como Ground for Dogs (2018) recibieron muy buenas críticas. ¿Cómo os enfrentáis a la hora de crear con semejantes expectativas? ¿Fue ir más allá o apostasteis por algo más rupturista?

Nosotros estábamos muy emocionados con esos discos, pero a la hora de hacer cosas nuevas lo estábamos aún más. Para nosotros cada disco solo es el camino, no una declaración impoluta y perfecta de lo que queremos hacer. Por tanto, cada paso que damos es un “ir más allá” de nuestro camino de autoexploración.

En los primeros trabajos ya había algunas canciones en euskera, pero en esta ocasión habéis decidido apostar por esta lengua. ¿Qué aporta al sonido de Vulk? ¿Y qué os aporta a la hora de crear?

Cada idioma tiene sus peculiaridades: el euskera por ejemplo es más percusivo que el inglés, que es más fluido. Esto te permite jugar de distinta manera, depende de tu creatividad y de las ganas que tengas de viajar por ese camino. Para nosotros ha sido clave, sobre todo para despojarnos de ciertas cosas que nos apetecía quitarnos.

Grabáis en directo. ¿En alguna ocasión os habéis planteado hacerlo por capas? ¿Qué os aporta esa forma de grabar?

Realmente tanto el primer disco como parte del segundo están grabados por pistas. Sobre todo nos aporta tiempo, si tienes ensayadas las canciones y el sonido medianamente depurado cada toma que tiras puede ser buena y te evita repetir y repetir. Además que hay muchas diferencias entre una banda que saben jugar juntos y otra que se nota que están encadenadas al metrónomo.

En el (Parèntesi) del AMFest pudimos disfrutar de Andoni de la Cruz a la guitarra, al igual que en los videos que habéis ido compartiendo. ¿Se va a hacer algo habitual en la dinámica del grupo? ¿Cómo surgió este cambio?

Andoni lleva cogiendo la guitarra desde el primer disco, y esto ha ido cogiendo protagonismo a la hora de componer. Ahora mismo más de la mitad del repertorio funciona con dos guitarras.

¿Cómo surgió la oportunidad de editar el disco con Montgrí?

Joan y Aleix son nuestros amigos desde hace tiempo, hemos coincidido tocando, hemos girado juntos… Cuando ellos se lanzaron con el sello, nosotros estábamos en pleno proceso de trabajo del disco, y fue fluyendo hasta que nuestros caminos se juntaron.

Repasando las letras de las canciones se aprecia vuestra insatisfacción con todo lo que os rodea. ¿Uno de los grandes problemas es una cierta resistencia al cambio, una postura cómoda, como la que se refleja en «Hamar Lagun Baten Kontra»?

Desde luego parece que el mundo actual te llena los bolsillos de existencialismo, y por eso esta letra trata de animarte y que no desfallezcas: da igual tu cometido, lo que importa es la felicidad como contraposición al hartazgo, a la exasperación.

¿Quizás esa posición pasiva hace que ciertos sectores se aprovechen de nosotros, como en «Lanaren Kanta»?

“Lanaren Kanta” no es el Manifiesto Comunista 2.0, es un resoplido sudado después de un día de trabajo, el que empezaste con grandes planes y acabaste queriendo desaparecer debajo de las sábanas.

En «Militantzia Sutsua» es interesante el enfoque de ese miedo a lo nuevo, de esa confusión constante en la que vivimos, pero sobre todo por la frase “Eta gaixotasuna etorriko da, irakastera”. ¿Surgió al hilo del COVID, de esa ilusión que teníamos de que veríamos la vida de otra manera?

La letra es anterior a esta pandemia. La enfermedad es algo que siempre ha estado ahí, la decadencia, el desgaste. Forma parte de la naturaleza y pocas cosas hay más naturales que la muerte. Desde luego es una frase que puede cobrar nuevos significados y agrandarse ante una situación pandémica.

Entre medias se intercalan historias en las que la violencia es un ingrediente esencial, como «Mailua» o «Gaua eta Odola», pero hay una carga emocional. ¿La violencia es una forma de sentirse vivo, o una reacción ante lo que no nos satisface?

Usamos la violencia en la música de manera bastante poética o romantizada. Somos gente pacífica que rehuye de la violencia todo lo que puede. La violencia tiene muchas capas y tú puedes sentirte violentado con una mirada o con un desahucio, y otros jamás se sentirán violentados ante nada.

Después de todas estas preguntas podría parecer que estamos ante un disco en cierto modo desesperado, negativo, pero hay un elemento que da cierta esperanza: los amigos, que aparecen en «Laguna» y «Etsai, Orpoan». ¿Buscabais ese equilibrio entre elementos opuestos?

Lo que buscamos, como todas las personas, es el equilibrio en general. En esa búsqueda te zarandeas, miras para otro lado, luego para el otro… En ningún momento hemos buscado que el disco sea oscuro, o que transmita oscuridad, en directo creo que somos una fiesta y es así como queremos ver la música. (P.D.: No somos Carlinhos Brown tetetetetete)

Parece que en la letra de la última canción, «Vulk ez da» la que da título al disco, responde a muchas preguntas. ¿No hemos sabido escucharos?

En absoluto, lo que quiero decir es que SÍ habéis sabido escucharnos. Nadie entrega un manual de instrucciones de escucha o unos parámetros concretos. Entonces nosotros nos hemos visto muy definidos por nuestros entornos, sin nosotros saber muy bien qué estábamos haciendo.