Entrevista a Rata Negra: El discreto encanto de “lo siniestro”

Por Ana Rguez. Borrego 0

Rata Negra

Una Vida Vulgar (Humo Internacional / La Vida Es Un Mus, 2021) salió el pasado 23 de abril

Demasiado pop, demasiado punk… ¿Por qué necesitamos clasificar la creatividad humana con etiquetas que se quedan tan cortas? Eso es lo que ocurre con Rata Negra, un trío infalible que es capaz de reivindicar su autenticidad con el elemento más indiscutible: sus canciones. Tienen el don de hacer temas redondos, que te hacen vibrar, desgañitarte con sus estribillos, y pensar, porque no se quedan en lo simplemente lúdico. Y quizás esa es la clave: sus letras representan muchas de las inquietudes y sensaciones que pasan por nuestra cabeza.

Días antes de que saliera a la calle Una Vida Vulgar (2021), tuvimos la oportunidad de charlar con Rata Negra. Una interesante conversación con Violeta y Fa en la que repasamos su último trabajo, además de la situación que está viviendo la música actualmente, el consumo cultural… detalles sobre los que merece la pena pensar.

Todos los discos que están saliendo ahora han sufrido de alguna manera los estragos de 2020, así que es inevitable preguntar sobre ello. Lo teníais todo preparado, el estudio reservado (que pudisteis grabar según lo previsto), pero siempre surge la duda de si le ha afectado mucho a Rata Negra, si os desanimó, si hubo canciones que cambiaron…

Violeta: A mí me tiene muy desanimada. O sea, no cambió el disco porque ya lo teníamos cerrado antes de la pandemia. Pero esa etiqueta que se ha creado ahora de “discos de la pandemia” no me gusta nada que se aplique, y encima en este caso no fue así porque las canciones ya estaban hechas. En el confinamiento, simplemente, hicimos detalles que quizás faltaban, o sacamos alguna cosilla que estaba sin cerrar. Pero el disco ya estaba planteado y hecho, y la fecha de grabación ya la teníamos desde antes de que estallase todo.

Entonces, la mantuvimos, seguimos grabando, y a mí lo que sí me desilusiona muchísimo es ahora que salga el disco y no poder tocar. Eso no me ha pasado nunca y me resulta superfrustrante cuando vamos al local: no sé si seguir haciendo canciones, si ensayar las que tenemos para tocarlas, hacer canciones canciones nuevas… Es como un desconocimiento de lo que va a pasar que no es para nada motivador. Es la sensación de que estás haciendo algo para nada, con ninguna finalidad. Que yo no hago tampoco música con una finalidad concreta, pero el hecho de que se quede ahí y que no puedas soltarlo, que no puedas hacer nada con ello, sacarlo ni tocar, es muy frustrante.

Es lógica esa sensación, porque lo habitual es publicar un disco y presentarlo en directo. No es que seáis un grupo que da muchísimos conciertos, porque como bien habéis comentado en otras ocasiones, el estilo no le cuadra a algunas salas (algo que no entiendo), pero si a esto le sumamos como está todo ahora, cómo se podría plantear una gira.

Violeta: Yo creo que más que un estilo es más… Es una mierda decirlo así, pero al final existen como ligas dentro de los mismos estilos, lamentablemente. Los que están en la radio, los que están ahí en los medios y luego mogollón de personas más que hacen cosas desconocidas para la gran mayoría. Antes había un circuito bastante guay para esos desconocidos, para esos grupos independientes o como los quieras llamar, que funcionaba bastante guay y que ahora, con todo esto, ha desaparecido. Porque no existe la posibilidad, porque normalmente esos grupos tocan en sitios más pequeños, y ahora con las reducciones de aforo no rentan esos sitios ni esos conciertos.

Entonces ese circuito ha desaparecido y eso está haciendo que sólo toquen los mismos, ¿no?

Fa: Pero también ha desaparecido porque la gente ya no quiere hacer un circuito. La gente ahora quiere ganar dinero, o sea, salir en los 40 Principales con C.Tangana y compañía. Quiero decir, yo no veo a gente que quiera hacer escena, ni música independiente.

Violeta: Claro, yo creo que sí la hay pero no hay la posibilidad. Los que sobreviven ahora mismo son los que viven de la música. Por lo tanto, están ahí como dices tú para hacer dinero, para generar pasta, buscándose la vida porque es su finalidad. Entonces, los grupos que no tienen esa finalidad o que no están tan orientados a un mercado, consumista, capitalista, llámalo X, o no orientados a que esa sea su profesión, no tienen cabida ahora mismo. Eso ha desaparecido.

La verdad es que ahora ves los ciclos, sobre todo los que son en teatros, y siempre parece que son los mismos, porque así garantizas un volumen grande de venta de entradas. Pero los que son en salas pequeñas, son un auténtico esfuerzo para todos: la propia sala, los promotores, los grupos…

Violeta: Es que además el sistema está cambiando un montón y tampoco facilita las cosas. Ahora, por ejemplo, uno de los grandes requisitos que te ponen las salas para tocar es darte de alta. Si tú eres músico, eres autónomo y estás dado de alta como tal, en el IAE, bajo el epígrafe de músico, está guay, puedes tocar. Pero si tú eres otra cosa y haces música como entretenimiento, como hobby o porque es lo que te gusta hacer, no eres profesional y por lo tanto no puedes tocar en esos circuitos. Y eso es una movida: yo creo que la gente no es consciente de esto.

Yo, por ejemplo, este año que estoy en paro, hay muchas ofertas que me están haciendo que tengo que rechazar porque no me puedo dar de alta. Porque no puedo perder, por un concierto de 800 €, mi sustento de un mes. Es un poco absurdo. Y las salas de los circuitos ahora vigentes no facilitan en absoluto que puedas acceder a esas salas si no eres un profesional de la música. Y yo nunca me he considerado profesional de la música.

Yo eso no lo sabía y tiene toda la lógica del mundo. ¿Qué haces? ¿Trabajas casi para pagar impuestos y esperas a que, al año que viene, en la declaración te devuelvan dinero?

Violeta: Pero nunca te devuelven mucho.

Pasa también un poco con el ‘merchan’. Los grupos pequeños están sobreviviendo: no se puede tocar y la única manera de hacer dinero es vender lo que tú haces por internet, ¿no?, y las plataformas de venta online se han dado cuenta de esto y cada vez están poniendo más restricciones. A mí me pasa, que muchas veces que me escribe gente preguntándome “¿por qué no vendéis ya las cosas por internet?” Me lo han preguntado mogollón, y siempre les contesto “porque no puedo seguir defraudando a hacienda”. Y es algo que la gente no se plantea. Eso es dinero negro: yo no soy músico, yo no estoy dada de alta, y tú no estás pagando impuestos cuando a mí me compras ‘merchan’, porque si no no te costaría 12 pavos una camiseta, sino 20 o más.

Entonces la gente se queja porque no está acostumbrada, pero luego no hay otras maneras de hacerlo. Es decir, yo no puedo seguir metiendo dinero en el Bandcamp y luego cómo lo saco. Eso no se lo plantea nadie. Cuando se lo cuento a la gente, se quedan supersorprendidos, en plan de “ah, ¿pero esto es así?” “Sí.” “¿Y no hay otra manera de hacerlo?” Pues yo que siempre he abogado por hacer yo mis cosas y por el autoconsumo, por generar mi propio ‘merchan’, diseñar mis propias cosas para poder venderlas, que nos vaya bien, y poder seguir grabando discos, ahora de pronto es algo que tampoco se puede hacer.

Fa: Oye, esto podría ser un curso de Domestika de administración de grupos underground.

Violeta: Oye, Domestika, si te interesa…

Es una idea, pero luego tendríamos el problema de date de alta y vuelta a empezar.

Violeta: Sí, es verdad. Podríamos dar el curso, pero mal.

Pasemos al disco. Tras escucharlo varias veces, y sobre todo al compararlo con los trabajos anteriores, me llama la atención la evolución sonora de Rata Negra, que no sabría cómo definirla muy bien. Decir que es más pop no es lo más acertado: se quedaría corto. Los otros eran más duros, pero este… podríamos decir que es más «juguetón», por no quedarme en la etiqueta de pop que tiende a estar un poco vacía. ¿Cómo os planteasteis hacerlo?

Fa: Sí, queríamos un sonido más juguetón. A ver, a nosotros el anterior disco nos pareció que sonaba demasiado a rock.

Violeta: Demasiado poco juguetón, diría yo, por decirlo así.

Fa: A nosotros el punk nos gusta pero el rock, no. Entonces queríamos salir de ahí un poco. Y aprovechar también un poco la voz, lo que hace Violeta con las melodías, y acompañar así un poquito con las guitarras. No sé, era un poco la idea. No usamos la palabra juguetón pero es una buena definición.

Violeta: Más que evolución lo llamaría involución. Porque esto es debido a que Fa y yo venimos de proyectos anteriores, de Juanita y Los Feos, y en Rata Negra, que durante sus primeros años coexistió con Juanita y Los Feos, era como un estigma intentar hacer algo con un sonido diferente. Y al final los que componíamos en Juanita y Los Feos éramos Fa y yo. Siendo los mismos que componían, conseguir sonar de otra manera para diferenciarnos nos coartaba un montón la manera natural que tenemos nosotros de componer. Y era un poco forzado al final el proceso.

Yo creo que una vez muerto el perro se acabó la rabia. O sea, se acaba Juanita, ya lo asumimos, pues coño, vamos a hacer lo que sabemos, lo que se nos da bien, vamos a dejar de hacer otras cosas que no nos salen de forma natural. Y ya que nos quitamos toda esa carga hemos vuelto a hacer lo que nos sale hacer. Se nota. Yo creo que al final es como una vuelta a lo que hacíamos antes. Por eso, más que una evolución es como un retroceso.

El haberlo definido como ‘juguetón’ tiene su justificación. Yo veía el título del disco, Una vida vulgar, que es de lo que habláis: es lo que realmente tenemos todos, y en todas las canciones se va hablando de una realidad, de sensaciones, situaciones… que nos resultan familiares y que en algunos casos pueden ser duras, pesimistas. Pero claro, ese mensaje contrasta con la música, que es más alegre, y como que jugáis con ello.

Violeta: Creo que es un poco marca de la casa. Siempre he hablado de cosas horribles, y es un poco mi manera de expresarme. Yo soy muy irónica y me gusta bromear con cosas que no hay que bromear: creo que eso es una constante también en lo que hago. Hablar de algo horrible, supertrágico, que en el fondo es una mierda, pero desde una perspectiva alegre, para banalizarlo de alguna manera y reírte por no llorar.

Bueno, más que banalizarlo, quizás lo hace más duro y ahí está la paradoja.

Violeta: Sí, bueno, mi intención no es banalizarlo. Sí puede que, al reírte de ello, como que le quitas importancia de alguna manera. Pero sigue siendo terrible todo.

Profundizando un poco en las canciones, quizás se podría decir que uno de las temas de los que trata el disco es de la vida como ilusión, que es algo falso. ¿Os lo propusisteis?

Violeta: Fue surgiendo, pero sí, la vida es una ilusión, es algo natural. No sé, es que no me sale contar las cosas desde otra perspectiva. Es algo que también me suelen preguntar mucho. Yo creo que a la gente no le interesa escuchar lo contento que estás, lo bien que te va, lo guapo que eres. La gente tiene como un interés siniestro por la tragedia, o por empatizar con ciertos problemas. Puestos a hablar de lo cotidiano, creo que está postura es mucho más interesante que la costumbrista, que simplemente describe lo que has hecho hoy.

Desde luego, el primer tema deja claro ese afán de falsear la realidad: “Venid a ver lo que no queréis ver”.

Violeta: Esa fue una ocurrencia de Fa. Cuéntasela.

Fa: No era tanto en ese sentido, de una ilusión. Era más en el sentido de que te das cuenta de lo que es la realidad.

Violeta: Pero la idea surgió de una canción de un cantautor que escuchaste, ¿no?

Fa: Sí, escuché una canción de un cantautor y me inspiró esto, pero la idea no era tanto de la vida es una ilusión. Era más…

Violeta: … la vida es una mierda.

Fa: Te voy enseñar, te voy a decir algo, realidades que no te van a gustar.

Quizás es que me pongo muy intensa y quiero pensar las canciones en un sentido demasiado filosófico. Porque aparte de la vida como ilusión, cuando escucho “El Escarmiento” y “Cuando me muera” pienso en la alienación, en que pasamos por la vida sin vivirla ni disfrutarla.

Violeta: Sí, sí, sí que va por ahí. Esos son los temas con los que yo creo que al final la gente empatiza, ¿no? Porque yo no creo que nuestro público sea un marqués que se dedica a sentarse y tocarse aquí los…

Fa: … los cataplines

Violeta: Todos sabemos lo que hacen los marqueses. Yo creo que al final la gente que nos sigue empatiza con ese tipo de cosas. Porque todos tenemos una vida poco disfrutable, y ahora mismo más.

Siguiendo en esa línea, en “Llorando” noto esa falta de empatía, porque nadie escucha, nadie se interesa por el otro. Una cosa que me choca, porque ahora mismo, que estamos hiperconectados con las redes sociales, creo que es el momento en el que menos atención nos prestamos.

Violeta: Sí, bueno, “Llorando” sí que va por ahí.

Pero yo vivo en Madrid, soy de Madrid, mi familia es de Madrid, siempre he estado aquí. Y muchas veces pienso en el mérito que tiene la gente que viene de otros sitios, de llegar aquí a una ciudad, con toda la ilusión del mundo, y encontrarse con un ambiente totalmente hostil. Porque no conoces a nadie, nadie te hace ni puñetero caso. Porque la gente cuando llega se encuentra círculos cerrados de personas, en los que es muy difícil entrar. Era un poco pensando en eso, en la gente que viene de fuera y lo hostil que resulta la ciudad. Y yo creo que Madrid no es de los sitios más hostiles donde te puedes ir, pero aún así es bastante chungo.

Entre las canciones que parecen más centrados en esos temas, hay tres que parecen “cuentos”, que ejemplifican lo que se está tratando más o menos: “Romance de lobos”, “Lo sublime” y “Desconfía de ese chico”.

Violeta: Sí, es verdad. Esas canciones son más como una historia.

Muchas veces estamos tratando temas superprofundos y la cosa es como “venga…” Porque, por ejemplo, las letras del disco anterior son mucho más poéticas y quizás difíciles de entrar. Así que fue como “voy a intentar mirar las cosas desde una perspectiva que todo el mundo pueda escucharlas y decir, ah, sí, esto es esto”, como lo que estás haciendo tú.

«Desconfía de ese chico» es la más inmediata: es un relato del típico cretino y de la típica chica a la que le gusta ese cretino. Y ya está, no tiene más. Y “Romance de lobos”, sí, es como un cuento. Ya he hablado en otras ocasiones del hombre lobo y de las personas que se transforman en otra cosa. Y me hacía gracia cómo los personajes de la canción se enamoran pero al final uno se come al otro. Es un cuento pero también podría ser una alegoría de cómo acaban siendo las relaciones.

Y «Lo sublime»… Yo he estudiado Bellas Artes y es una categoría estética de la que se habla mucho en ese campo. Y a mí me resulta superinteresante porque la gente piensa que lo sublime es algo guay, superbueno, superior, y se han esforzado mucho a lo largo de la historia por definir esa categoría y no es tan simple como parece. Una de las definiciones que hacía es que lo sublime es ver un naufragio desde un puerto seguro.

Yo el año pasado trabajaba en Alcalá de Henares, y siempre que iba al colegio, veía pasar los aviones superbajo. Y yo cuando veo pasar un avión, (ahora voy a parecer una persona muy tarada), siempre pienso “jo, ojalá que explote“. Sé que esto no se debe pensar, que está fatal, pero yo abro mi corazón y lo confieso: yo pienso esto porque pienso “vale, sería horrible pero molaría tanto verlo. Sería como un espectáculo tan…

Fa: … de luz y sonido.

Violeta: Sí, sublime. Sería como “hostias, estoy aquí, dentro de mi coche, sé que no me va a pasar nada y estoy viendo esta cosa terrible y horrorosa que a la vez no puedo dejar de mirar“. Me resulta muy interesante esa categoría y por eso fue la canción. Aparte, yo tengo mucho miedo a volar, y cuando voy en avión pienso también que se va a estallar; además, pienso que por haber pensado que ojalá se cayese el avión, es que se va a caer el mío. Porque esto es karma.

Pues para tener miedo al volar, habéis hecho varias giras por Estados Unidos, que no son precisamente vueltos cortos.

Violeta: Ah, bueno, sí, pero eso no me impide volar. Yo sigo volando. No tengo pánico de que no me pueda montar en un avión, pero siempre tengo como cierto momento de “hostias, esto, va a petar…

“Radar de Novedades” me ha hecho pensar en el consumo actual de la música, en esa obsesión por sacar tantos adelantos, EPs… Pero que es una lista un tanto fallida, porque parece que los grupos están mal etiquetados: en más de una ocasión me han colado canciones de ‘Sierra‘ que eran realmente temas de reguetón.

Violeta: Esto es algo de lo que también hablamos mucho. Es un poco lo que tú decías de las categorías de la música, y encima Spotify basa el algoritmo en esas categorías, que como tú dices a veces están mal clasificadas, pero a mí que estés escuchando a Sierra y te salga una canción de reguetón me parece maravilloso. Ojalá fuera más así, porque al final lo que acaba pasando es que esos grandes grupos, que son los que tocan en salas casualmente, que son los que salen por la radio, al final son también los que salen en el algoritmo de Spotify y al final son todos iguales. Porque se parecen y al final cuando te pones Spotify, en plan de “uh, Radar de Novedades, qué bien suena, sorpréndeme“, y no son novedades. Son mogollón de grupos, que suenan todos igual, que hacen todos lo mismo, y que es un auténtico coñazo. Entonces era un poco una reflexión sobre eso.

Escucho mucha música en el coche entonces, muchas veces, los viernes me lo ponía, por no hacer el esfuerzo de pensar, y llegaba a casa con unos cabreos… “Pero la mierda que acabo de escuchar ¿qué es?” Y luego en realidad hay gente que me dice que le salemos nosotros mucho: no sé esto es qué lugar nos deja.

La canción era una reflexión sobre todo eso, y sobre lo difícil que es hoy en día escuchar algo que te sorprenda realmente, de escuchar una canción y que digas “ah, ¿esto qué es?” y ponerte a investigar, porque ya nadie lo hace tampoco. Es como que dejas que un algoritmo dirija lo que vas a escuchar. Y eso es una mierda, yo creo.

Lo preguntaba por una sensación que tengo, de que las plataformas de música o de contenido audiovisual como Spotify o Netflix nos malacostumbran en el consumo de cultura, porque no tenemos un criterio, ni indagamos más allá de ellas.

Violeta: Estoy totalmente de acuerdo, porque con Netflix me pasa mogollón. Y hay veces que igual, me cabreo, que digo “¿pero por qué coño estoy viendo esta mierda?“. Porque te dejas llevar, ves sugerencias ‘Top 10 en España’ y te las tragas como si fueras imbécil. Y al final acabas viendo cosas que son un puta basura, que está todo el mundo consumiendo en masa, a la vez, y luego encima, como no pasa nada con la pandemia, porque no hay posibilidad de otra cultura ni de ocio, cuando quedas con gente acabas hablando de esa mierda que has visto en Netflix y de la canción que te ha puesto Spotify. Es tristísimo todo.

Si te paras a pensar en lo que ocurre con los discos ahora mismo, ves que salen 5 adelantos, miras el álbum cuando sale y son 8 temas. ¿Qué chiste es éste? Parece una vuelta a lo que pasaba en los años 60, con los discos de 45rpm, pero no es así: es sorprendente por esa falta de atención hacia la cultura en general.

Fa: Es optimización pura y dura del producto. El single te beneficia más en menos tiempo que un disco. Y es mucho más barato de producir.

Violeta: Eso es porque el ritmo de consumo va tan rápido y hay tanta oferta ahora mismo, que igual es un poco lo que pasaba cuando empezó la fórmula de los singles: aunque sean dos momentos diferentes quizás la manera de consumo cultural es igual. Cultura de masas a tope, un ritmo superrápido, y es lo que decíamos en la entrevista de La Salvaje: es una lástima, que con el esfuerzo que te ha costado hacer un disco, sale, se va, y nadie se acuerda ya de él. Entonces yo creo que la gente se ha dado cuenta de eso y es como “pues ya no saco el disco“. Que sois muy listos, ahora lo que voy a hacer es ir sacando una canción cada tres meses para que por lo menos ese disco perdure en el tiempo un poco más. Y como dice Fa, que me reporte más beneficios.

Fa: Yo creo que, en los años 60, estrenar una canción era casi como estrenar una película: entonces era otra cosa. Ahora mismo, grabas una canción en un día, no necesita ningún formato, ni un soporte físico, y en cuanto termina esa canción, oyes otra que ha tenido exactamente el mismo proceso. Es realmente como una factoría de hacer tapones de plástico o algo así.

Así pasa con las votaciones de lo mejor del año, que probablemente sea sobre el último trimestre porque a duras penas te acuerdas de lo que se lanzó en enero.

Violeta: Las discográficas siempre te dicen “saca el disco en noviembre porque si no no entras en la lista de lo mejor del año” y es como “no me jodas, es absurdo“. Es tan triste el ritmo que llevamos que para poder entrar en las listas de lo mejor del año, que tiene 12 meses, has tenido que sacar tu disco en el mes número 11. Todo lo que se ha hecho antes ha pasado sin pena ni gloria.

Fa: A una amiga le salió en los datos de final de año de Spotify “este año has descubierto 347 bandas nuevas” y ella decía “me acuerdo de 3 ó 4. Es no sé de qué me está hablando“.

Violeta: No es sostenible. Yo creo que, en realidad, todo esto se traduce en que el ritmo de consumo que lleva la sociedad actual (y más con la cultura, que es a lo que se debería dedicar cierto cuidado) no es sostenible, ni para la industria ni para los músicos ni para la gente que consume cultura, porque al final es eso, no te acuerdas de lo que has visto.

Es como cuando vas a ARCO, o a una feria de éstas gigante, que ves 58 millones de cuadros. A lo mejor si en vez de ver esos 58 millones vieses tres te acordarías de los tres. Porque al final cuando sales de allí tienes la cabeza como un bombo y no sabes qué coño es lo que acabas de ver. Pasa un poco lo mismo con la música, y con todo.

Absolutamente, es algo que ocurre en todos los ámbitos de la cultura. Tengo una amigo que tiene una tienda de cómics, y siempre dice lo mismo: se publica demasiado, se debería hacer una selección, porque hay cómics que se mueren de asco en una estantería porque no interesan, no se ha hecho una buena campaña…

Violeta: Y a la vez me imagino que las imprentas, igual que las fábricas de discos, están saturadas. Cuando quieres fabricar un disco, yo que me acuerdo que antes era superinmediato, ahora te están dando unos tiempos de fabricación de ocho meses. ¿¡Ocho meses?! Ahora nos pasa que estamos un poco en ese momento: vale, el disco todavía no ha salido, va a salir la semana que viene y ya casi hemos hecho un disco nuevo. Y es un proceso desmotivante. Es como “¿pero qué coño hago haciendo un disco nuevo si el disco que acabo de hacer ni siquiera ha salido, ni la gente lo ha escuchado?” Y es lo que decíamos al principio: es muy poco motivador el proceso, poco agradecido.

Y más en el caso de Rata Negra, que hacéis las canciones pero también tenéis el control absoluto sobre la parte creativa: os encargáis del diseño de la portada, los videos… Creo que hay pocos grupos así.

Violeta: Sí, sí, y lo hacemos porque nos encanta, pero incluso esto nos crea conflicto a veces. Porque la manera de funcionar así no es rentable. Muchas veces incluso el sello nos decía “bueno, pues como yo siempre pago por el diseño de una portada, pues os pago a vosotros“. Y a mí me resulta aberrante: yo trabajo para mí y hago el diseño para mí, porque me encanta, pero no para cobrarlo. Igual está mal hecho, pero es que lo estoy haciendo para mí. Es un poco difícil: para mí es una manera de hacer las cosas que me encanta, pero que no casa con los métodos actuales de consumo y de mercado.

Pero bueno, a mí me gusta un montón y voy a seguir apostando por esa forma de hacer las cosas.

No sé si la gente se fijará en esos detalles, pero a mí me resulta interesante observar como el primer disco era en blanco y negro, en el segundo primaba el rojo y ahora volvéis al blanco y negro. Pienso que queréis disfrutar de la creación de la obra al completo.

Violeta: De hecho, cuando ves todas las portadas juntas tienen un sentido. Tampoco lo pensamos de manera aislada. Yo creo además que, en el caso de la portada actual, tiene muchísimo que ver con el disco: lo que dice, cómo lo dice y cómo es la portada. Entonces sí, yo creo que es parte de un producto global, no es sólo un disco y ya está. Es más cosas. Si lo escuchas por Spotify, pues te lo pierdes. Ves la portada ahí, en un cuadradito, pero no tiene gracia.

Para ir cerrando, me gustaría saber cómo Rata Negra ha llegado a Humo. Porque el disco lo coeditan ellos con La Vida Es Un Mus.

Fa: A Pablo le conocemos hace un montón, de la época de Juanita y Los Feos. Hemos ido muchas veces a tocar a Oviedo, y es amigo. Y también queríamos tener un sello en España. La Vida Es Un Mus es un sello que nos encanta, con el que nos sentimos superidentificados con la forma de hacer las cosas que tiene, y además nos encanta todo lo que saca. Somos fans del sello, pero al final nos llamaban más de fuera de España que de dentro. Y queríamos, en la medida de lo posible, tener en España un poquito más de presencia, que nos llamaran más para tocar más.

Violeta: Es que estar en La Vida Es Un Mus es muy guay, porque te abre muchas puertas a la hora de salir fuera. Nosotros nos hemos podido ir de gira por Estados Unidos gracias a Paco y a La Vida Es Un Mus, pero luego en España es al revés. Yo creo que te cierra un poco puertas porque es un circuito muy reducido y muy concreto, en el que nosotros no somos el grupo tipo de La Vida Es Un Mus y no encajamos muy bien en el prototipo de gente que escucha a La Vida Es Un Mus en España.

Eso lo hemos observado. Es curioso cuando salimos fuera, a tocar por ejemplo en Europa, que hemos tocado en varios festivales donde los grupos que tocan normalmente no tienen nada que ver con nosotros. Nosotros somos conscientes de que estamos ahí por nuestro sello y es curioso porque, aunque tú no tengas nada que ver con esos grupos, recibes un apoyo incondicional por pertenecer a ese sello. Y están todos los crusties ahí, gritando y en el pogo a lo bestia, y te acojona, piensas “ahora salgo yo a tocar y esta gente lo va a flipar“. Y luego sales y están todos encantados, se las bailan, se las intentan cantar, y mola un montón.

Sin embargo, en España el circuito como más punki, más do it yourself, llámalo X (a mí me pasa igual: odio poner etiquetas), hay sitios muy guays para tocar pero luego hay otros en los que también es muy difícil entrar si no perteneces a su grupo. No sé cómo decir esto: siempre me cuesta un montón, sin que parezca algo horrible lo que estoy diciendo. A mí me encanta la filosofía del ‘hazlo tú mismo’: es una filosofía que yo sigo en mi manera de trabajar en el grupo, pero la gente que apoya esa filosofía sigue un camino muy concreto en el cual nosotros a veces no cuadramos. Hay sitios muy guays como el Liceo Mutante, o La Residencia en Valencia, que son la leche y están autogestionados. Y mola mucho tocar ahí: yo preferiría mil veces tocar ahí que tocar en salas, pero ese circuito es muy reducido.

A Humo nosotros le conocemos de siempre y además también saca a La URSS, que es el grupo de Pablo. Nosotros estábamos buscando la manera abrir el abanico, salir de ese circuito tan encasillado y poder tocar a lo mejor en sitios más grandes, o de otro circuito. Abrir las puertas a lo que venga: es lo que buscábamos un poco con Humo. Claro, que ahora con la pandemia es todo muy complicado: no hemos podido ver si la estrategia ha funcionado o no porque de momentos no hay casi conciertos.

Totalmente cierto. Tanto que cuesta preguntar sobre si estáis planeando gira de presentación.

Violeta: Yo espero que sí, y además espero un retorno a esa manera que nos gusta de hacer las cosas. De hecho, nos han ofrecido ahora en algún ciclo más, pero ya tocamos en MAZO Madrid. Mola mucho, fue superguay, está genial que haya iniciativas para promover la cultura ahora mismo, pero es una cosa rara que a mí, si presento el disco, me fliparía que fuera de otra manera.

Entonces estamos pensando si podemos coger la sala El Sol antes de que acabe el año, ver cómo, en qué condiciones… pero claro, planificar ahora algo con antelación es imposible. Pero bueno, nos gustaría que fuese algo más normalizado, no ese producto, esa fórmula de sentarse en una silla, callados, con una mascarilla puesta, sin beber ni hablar con nadie y ver el concierto.

Como alternativa y solución temporal está muy guay, pero creo que no deberíamos acostumbrarnos a consumir así la música porque es una tristeza.

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